La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: viajes

Itinerancia en Observación

Ica, 24 de Noviembre de 2012

No todas las ciudades son eternamente bellas a sus artistas. Un filtro sagrado y cuidadoso opera  conjuros íntimos en ese  juego de sombras del alma que es la sensibilidad; y el milagro se acepta, y la belleza se escapa. Pero la cuna es madre, y hay contornos que menoscaban nacimientos antes de concebirlos. Y el artista nace bastardo -como ha de ser siempre si éste es verdadero-, y no por obra de la realidad, sino precisamente por el vacío de ésta.

Nada que una fina observación sensorial y algunas luces verbales no puedan engrandecer.

Entreveo una desolación espacial. Afanes modernos maculados de esa profunda polución que es la ausencia del tiempo.

Todo pueblo merece y desprecia a sus artistas.

Escrúpulos estéticos ambientan la ciudad. Su alma es vaga, -y no por la rara vez pensada coloración espiritual que se ausenta- sino por lo absurdo que es para el tiempo este defecto que es la aglomeración.

Su tristeza es causa y efecto.

Pero la condición estética es unilateral y bastan sólo simulacros de luces y sombras espirituales para ejercitar al alma perdida y atenta.

Me desgracio en esta bajeza de juicio.

San Clemente, 24 de Noviembre del 2012

Reviso beldades con disciplina en estos intersticios de paso asépticos. Entreveo vestigios no de pobreza, sino de un improviso plástico y enajenado en estos desiertos que siempre serán desiertos.

Me compruebo inclemente ante esta miseria que, ante cierta elevación espiritual, no devela más que una justicia críptica. Patético y vulgar es culparse de un destino sin inflexiones, consolarse en tus sobras espirituales; lo superior es la abstención porque toda inacción es superior a lo inútil.

La expatriación ha de ser  mi asunción.

Huancavelica, 26 de Noviembre del 2012

Sospecho que el contacto con la naturaleza prescribe al hombre andino como afable, atento, facundo y directo, hombre cuya naturaleza íntima y mínima será opacada por una importuna modernidad que improvisa una vulgar elegía al consumo.

Y entreveo al alma del hombre costeño, parco y desértico.

Admito algunas miradas vacías, pero al menos sus necesidades no están destrozadas por el progreso. Hay miradas solemnes detrás de esa pulcritud de sus atávicas fiestas. Humildad y asepsia elegante.

La solemnidad, como cierta gracia de la dignidad, tamiza a estos pueblos maltratados por la historia, nuestra historia de vejaciones culturales que han olvidado virgen a cierta humanidad. Sobras de un espíritu que no alcanza a imponerse pero que se preserva solemne y vejado.

Y esas evocaciones orientales en un lúgubre comedero. Verdaderos imperios a las antípodas de estas montañas.

Temo lo que haga la modernidad por aquí.

Siento que aquí todo es despacio y que el tiempo fue meditado a partir de su movimiento.

Testimonio las brillantes y peregrinas discusiones con la señora Crisálida. Solitaria mujer de incansable vida y de historia acremente y arrebatada. Religiosa incólume que no por eso ensordecía ante las herejías disidentes de mi misticismo verbal.

Recogíamos atención como dos ministros teocratizando las mundaniedades de ese azar que es el existir en el Perú.

Placer dialectico que acababa las horas.

Supe que la incursión poética siempre trae algunos dividendos: Lluvia y banda en un tercer día connubial. Me indicaron pobreza y vislumbro algarabía y atención en lugares que no se explican en economía, y a los que no llegan las crisis ni los fines del mundo.

No puedo más que encresparme ante este folklor de mi infancia. Infancia que este pobre y trajinado aventurero desventurado lleva aún. Folklor – o estética viva- que sacia mi alma perdida.

La modernidad condenará a estas razas, abolirá la parsimonia y la afabilidad de estas tierras, y la bucólica alma se perderá en su mirada interna.

Jauja, 28 de Noviembre del 2012

No sin una atenta observación percibo al hombre rústico y camponés como facundo, afable y feliz –con esa felicidad digna del no comprender-. Al otro lado está el emprendedor pueblerino, el devoto de lo urbano, el imitador cuya desconfianza revela ese cerco interior de una identidad nublada, de una devoción a lo moderno que fundamenta el egoísmo del que nunca tuvo.

Hay mas pisos temperamentales en esta pequeña fauna cultural, pero todo parece haberse invadido de un prospecto moral que los uniforma en un folklor al menos abriga sus corazones de la enajenación. Concentro mi preocupación en el despojo que esta raza sufre en toda su literatura visual. Infame exclusión de su propio biotipo en todas sus dimensiones. Esta carencia arquetípica injusta la formación de la identidad y el entendimiento en los estadios tempranos de consciencia.

Pero toda esta propaganda del biotipo blanco no es perpetración de elevadas castas, sino de una alineación profunda a lo capitalino, en donde la minoría blanca referencia prosperidad. Hay una inconsciencia en la transmisión de este visual. Lo ominoso es que esta disparidad acaba identificando y cumpliendo su ansiedad aspiracional: el consumo inmediato. Esta disparidad neocolonialista sólo ha de ser combatida con una educación revolucionaria, que como tal, plantea la transformación en la formación de la consciencia local, regional, nacional y continental. Sin una educación que no plante simientes de virtud cultural y regional, y sin caer en la ceguera del nacionalismo, no habrá una nueva luz al amanecer de estos pueblos.

Papi … hoy no te enamores

Un personaje de Luis_Daniel que vive en Ignacio_Elizalde

Confieso que con un día de cárcel ya andaba en cueros, fumando y mirando como la lluvia se llevaba mi vida. Me sentía tranquilo, suelto. ¿Será esa monotonía que me da confianza?. Me sentía callejero y vagabundo sin serlo. Disfrutaba -por decirlo así- de la cárcel, aquellas canteras del blues. Un privilegio si lo veo ahora.

-Hola papi … que linda rubia eh … -me dijo un tipo entrando a la celda.
-Papi … hoy no te enamores -reaccióne casi de reflejo.

No sé cómo pude decir eso. Rió y hasta creo que nos hicimos amigos. Quizás fue la mirada, antes de verlo tenía la mirada perdida en la lluvia, la calle y en mi vida de músico errante. Fué mi mirada y el cigarrillo. Hambre, sed, modorra, precariedad, todo eso se disipaba con cigarrillos. Los cigarrillos siempre acompañaron a los hombres en los pequeños infiernos terrenales y no me podía quedar sin ellos. Me sentía de alguna forma bien y no sé si era por la seguridad de que saldría pronto o porque inconscientemente -como músico- buscaba esto : enredarme un poco con el musgo de la ciudad. Aún no lo sé.

Despues de casi un año de salir de Buenos Aires tampoco sé muchas cosas, tampoco creo que se necesite saber muchas cosas. De hecho mi condición de errante me dice que los que mejor viven son los solipsistas, los hombres de campo y algun que otro soñador.

-Vivir de la musica eh … ? -respondía a esa entrevista interna producto de mi alma somnolienta y los cigarrillos.
– y ahora en la cárcel … irónico. No podés robarle a la vida. -me dije en voz alta aspirando profundamente un cigarrillo, sonriendo de lado y mirando a algun que otro punto fijo en lo poco que se deja de ver de calle y lluvia.

Un road muscician mal alimentado y con cigarrillos. En eso me convertí. Y eso quise ser inconscientemente, pues bebi toda esa filosofia del blues. Y hasta me siento satisfecho de pasar unos días en la carcel.

-“hoy no es un buen dia para enamorarte baby … ” -tarareaba ya en algunos acordes.

Muchos años me falte el respeto haciendo estupideces y soñando. Cambié las estupideces que uno siempre hace por las que siempre quise hacer : Vivir de la musica : simple, el hombre nace para hacer algo y debe vivir de eso. Ya antes de salir de territorio argentino me habia quedado sin dinero, era el trecho mismo que me obligaba a tocar canciones.

¿Llegar a centroamérica con solo blues ?. Un músico es lo que oye y he oido demasiado, mas que cualquiera, pero aún así America cobra caro, muchos regresan o se asientan, la itinerancia cansa al espíritu. Quizás ahi tenga una pequeña ventaja : soy un músico sin experiencia, no tengo nada que perder y el blues se inmortalizó desde las cárceles. El blues es de los pobres diablos.

Maldita esta cárcel infinita de la que no puedo salir -agradeciendo a Pessoa por la frase. Toco blues y eso hace que mi alma somnolienta se asome por mis ojos entreabiertos sin ningun tipo de filtro ni negociación. Quise vivir mi propio road movie sin un puto dolar.

-“Jamás te enamores de un músico baby … jamás …”

Salí dos dias después, peor alimentado y con algunos tajos mas en mi alma. Sin un puto dolar caminé al hostel. Cansado de nada, sucio, con hambre, ilegal y sin dinero. Asi me sentia, era todo tan blues. Pero algo me faltaba : un cigarrillo para guiñarle a la desgracia. Llegué al hostel y no se porque no me soprendí de que nadie supiera nada de mi mochila. Nadie sabe nada, nadie vio nada y encima debo dos días. Argumenté que fuí aprehendido por la policía por beber en ley seca y luego por comprobar que estoy de ilegal. Aparte de no tener dinero y de encima ser robado tenía todas las intenciones de largarme.

Pude conseguirme un cigarrillo. La primera piteada, el primer suspiro que matiza mi desgracia me hace contemplar el mundo de forma diferente, por mis ojos entreabiertos mi alma se muestra indómita, veo con instinto salvaje no mi vida sino lo que queda de ella. Mis ojos salvajes atraviesan toda sensibilidad como una daga. Son instantes en que no hay conveniencias ni concesiones. Miro la realidad envolviéndome en ella.

-tu mejor golpe?. -le dije a la vida fumando profundamente.

No sé si es por pobreza de espíritu o de entendimiento que se es incapaz de empatizarse hacia la desgracia ajena, maldad no es. Expliqué que no tenia dinero, que no lo tendría y que mi único inventario era mi guitarra, la ropa que llevo y mis documentos. Creo que mi indigencia habló y me dejaron ir, no tanto por consideración sino por comodidad.

No sería la primera ni la última. Tocar blues, pedir dinero y con suerte pasarla bien. Podré no tener ni una moneda pero el blues me sale del alma. Estoy viviendo estas maldtias canciones, y esto es lo que siempre quise.

Mi pedal izquierdo


Una_crónica al lado del camino, por Luis Daniel
Otra vez el maldito ruido en el pedal izquierdo. Maldito porque empieza justo en las malditas subidas.
Pruebas varias posiciones, ni tan adentro que la punta del zapato toque el fondo de la puntera del pedal, ni para el lado izquierdo como torciendo un poco y sacando el talón, y también como viendo que es lo que provoca ese leve roce de cuero tan molesto. Pero tu atención no es buena, especialmente cuando la ruta debora tu psicología.
Y ese olor tan especial.
Ciertos espacios de la carretera se convertían en un cementerio silvestre. Y eso le hacía pensar en las fronteras de la civilización, y como esos espacios se convierten en una naturaleza muerta de monocultivos. Lo mismo que la vegetación que rodea una fábrica. “Que diferente era pedalear por la selva peruana” pensaba. “Que vida. Toda la vida cantaba a mi paso. Y aquí solo monocultivos de soja y alimento de ganado. Muerte y monotonía” pensaba lamentándose.
“La bicicleta es el vehículo ideal. Ideal y real. Símbolo de la independencia itinerante. No dependo mas que mis generosos carbohidratos.” Pensaba auto-afirmándose. Podía trasladarse libremente a cualquier hora y hacia donde quisiera. Pero el tiempo, el único sabio y cruel era el que decidía las coordenadas. Escogió la bicicleta quizás por una combinación de aventura, romanticismo, autoafirmación, anhelo de reconocimiento, y por supuesto, porque era ecológico. Pero no era el popular fanático verde, no creía mucho en la ecología de moda, la bicicleta es y ha sido el tranporte legítimo del hombre desde mucho antes que el hombre quiera re-conetarse con la naturaleza.
“¿Reconetarse ? ¿Cuando hemos estados conectados a la Naturaleza?”. Renegaba cuando algo le recordaba la ecología como marca registrada.
“Si la apreciamos precisamente porque venimos de la cuidad”. Concluía.
La bicicleta también era la verdadera relación hombre-distancia, y junto con ella venía una serie de obligaciones que se habían perdido, y que debían recueperarse a como de lugar.
“Estamos pariendo a una generación cosificada. El arte moderno. Si. Cada vez mas superficial. Las grandes ciudades están cosificando al alma humana. Almas des-habitadas. Nos estamos domesticando, volviéndonos cachorros de alfombra.” Seguía pedaleando.
Pues ahora estas en líos, estas en cosa de hombres, el cansancio general te agobia. El viento en contra esta frenando tus cansadas ganas de avanzar.
“Esto es peor que las subidas, por lo menos las subidas acaban”-renegaba mentalmente.
“Otra vez el maldito pedal izquierdo, puta madre , me pica todo el torso, calor de mierda; Viento de mierda, te apareces como blindaje de mis sueños. Mierda”. Vocifera agitadamente y acentuando la r porque para eso es la palabra mierda.
“Así no se puede. Dormiré”. Se echó en la banca de la primera parada que encontró. Ahora su pesadilla se convertía en un breve y dulce sueño, pues el viento era ahora suave brisa que acariciaba su improvisado lecho. Un trozo de magia para el día.
“Ese viento que me frenaba ahora me acaricia lado del camino”.