La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: manifiesto

LA RUINA INCONCLUSA

Hay ciertas configuraciones  que sólo el tiempo y aquél del espejo delatan. En la vida, el sentido o la carencia de él es estrictamente un asunto de perspectiva interna; pareciera, que con el traducir de los años funciona un poco como el cuerpo: la juventud, tan emotiva y sinrazón, magisterio de estupidez  invencible y perfecta. Toda sensibilidad inconexa o mareo existencial, es pues a la postre, un defecto.

El tiempo calla a gritos en soledad.

Y cuando se supone que estaría todo erigido.

No es ornamento, tan sólo un breve proemio o simple filosofía al viento de lo que antecede al bochorno vivo del intento de justificarse

Sucede que quise volver a vivir, por obra del azar, sabiendo lógicamente, que tal concepto, es sólo un concepto, y que, si quisiera definirlo, el verdadero azar en la vida se parece más al verdadero sentido de ella.

Hay cosas que repercuten, y no son conceptos y he ahí lo que verdaderamente importa.

Volver cuando no se ha terminado nada, cuando ni siquiera, se ha sudado sentimentalmente, es pues obra de un azar inequívoco ¿Puede alguien dejar de respirar ideas?

Pero volvamos.

La vida es maravillosa para desperdiciarla en ambigüedades y en sótanos sociales. Es así que remedan las amuralladas autoayudas y es así que en sus rumiantes parlamentos justifican todo nacimiento. Me declaro consciente de que el ser tiene que creer en algo intangible para asolapar su propia contemplación. Lo sé. Y si la entidad no le es dada, procede a crearla. Esos constructos ilustran la perspectiva metafísica, o su carencia de ella. ¿Quiénes somos para responder al ungimiento? Arguyen. Me gustaría indicarles que entre ellos y yo hay un abismo conductivista enmarañado por el único tejido sensible que el hombre –o la mujer- confecciona en su indagación; marcado por el estado perene de incongruencia practica, este tejido es sabiamente atesorado e inarrebatable. Una presencia que no puede esconderse de ella misma.

Pero soñemos también que la vida asfixia.

Mi intuición espeta que las mentiras culturales no llegan a los sueños. Supongamos que es una protección.

Mi ceguera espiritual me deja inerte y sin orientación en este laberinto de desemejanzas. Te necesito religión, andamios interiores, porque mi cimientos se derrumban al filo de este azar.

Hay una edad meridiana en la que pocos privilegiados gozan de la edad de siempre. Me gustan los privilegios que no acarreen valoraciones porque no he de estar cómodo siendo escrutado. Y ya es suficiente intranquilidad mi oscuridad espiritual.

Hay consejos fáciles como la espiritualidad, la contemplación y el solfeo, el buen día del jardín ZEN. Me anima, pero me separa la coma del  misterio que esconde mi mano ¿Y si no es una mano? Y en los siguientes segundos peco de inerte. Es mi vacio sin preludio de dolor él que sólo podría llenarse –conjeturo- con un excelso misterio con vida propia, o con algún embrujo que me rebele la muerte.

Volvamos a los espejos y a las configuraciones.

Hay amenazas que ningún niño debe escuchar. Castigos infinitos que no deberían tener dedicatoria humana, pues nada infinito es inteligible y no hay nada más ausente que admoniciones,  subsuelos  y etéreos resultados. Hacer del cultivo humano una invectiva es el camino del poder.

Pero hay un decoro sombrío que exhorto: el jardín interno como estética en la dialogicidad. Un escrutinio de las grandes verdades humanas podría significar una nueva biblia, un mecanismo profano y misterioso, revelador de intromisiones propias producto de la más grande geometría del pensar humano.

En fin, una promesa nula. Una grande verdad.

Tenemos un par de situaciones dogmáticas que me son recurrentes: Dios y las leyes. Entre ambas acomodo a todo lo humano.  Y entre ambas extrapolo toda estupidez: la ambivalía del pensamiento.  El pequeño paréntesis de lo humano cambiaria la famosa ecuación, pero ese paréntesis no es una errata, es el fundamento de toda nación.

Como pecador que no pierde la fe juego al azar y bebo el vino.

La edad de siempre es la edad triste del peón que nunca será dueño y pese a todo perderá. Un metabolismo obscuro lo obliga a erigirse en una estética sensual y cerrar todas las puertas meno una. Alguna raridad lo obliga es desdoblarse exponencialmente en ese culto a la realidad que llama ficción. Se abrevia en la inconclusa metáfora del poeta suicida que entrega toda su vida al error de no haberse suicidado.

Volvamos al azar y al fenómeno de mi atención repentina: el perímetro libertario depende que cada caleidoscopio y de aquel tejido sensible e inarrebatable. Somos ser y jaula. Defino a la atención como frontera del alma en donde permean estelas mágicas de un mismo azar, y la uso para agotar cada recodo de inteligencia sensorial en el único propósito humanamente superior: una vida como estética dedicada.

¿Y que de hacer el cuerpo que desperfecciona y el alma que pide compañía imaginaria?

Universos personales. Iconoclastia. No si presuponen de condiciones pretéritas. Para crear tiene que haber vacio, para quebrar tiene que haber. No son más que inferencias circulares comparadas con romper el azar definido y evanescerse.

 

Fortaleza Infinita, CE, Vente do setembro do dois mil doce.

De la salvación eterna

Tengo un sensato repudio por el acto individual y egoísta de buscar la salvación eterna. Esta especie de autoayuda que adormece a espíritus distraídos y necesitados es el bálsamo que venden las modernas iglesias. Muy por el contrario de lo que se piense, un corazón es más valioso por la pureza con la que ejerce la benevolencia, libre de cielos e infiernos eternos, que por el contenido dogmatico que se dictamine en él.

No es moral por tanto ser bueno para ser recompensado eternamente. Todos asesinaríamos  si  secuestrasen lo que más amamos.

El espíritu, que todo lo rige en un hombre, se erige en el trabajo de una vida, en el cuestionamiento de cualquier estructura moral que denote abismos éticos, en el cultivo interior y en la virtud. Un espíritu elevado es consciente de que antes del cielo está la tierra, y que antes de ocupar esa vacancia espiritual está el compromiso de un mundo digno para las generaciones venideras.

Me siento digno de no creer en arquetipos celestiales porque creer en ellos es corromper al corazón, siendo que  no existe entera libertad si se está  atormentado de amenazas.

Antes que la moral está la ética, la manifestación más elevada del raciocinio, razón que libera sobre una moral que reprime. Bien sentenciaron ya que las escrituras no estaban para instruir sino para dominar sin que por esto se desacredite de toda ética a la exégesis. Mas que la interpretación, apunto al adoctrinamiento y al peligro que toda retorica ejerce en los espíritus distraídos, a la intransigencia y el juicio de cualquier otredad que ejercen estos grupos religiosos, sin que claro, ostenten la mayor religiosidad en sus opiniones.

Una ética, que no pudiendo ser dogmatica sino razonada, que desnude a los corazones liberándolos de la mentira y de la hipocresía no puede más que relacionarnos de forma  consciente y auténtica.

La virtud compasiva es algo que debemos admirar de las religiones orientales. La compasión, superior a la bondad sentenciosa, debiera regir toda relación humana, porque muy a diferencia del concepto occidental, que debilita el espíritu ante la miseria,  la virtud compasiva ejerce la benevolencia y la no invasión por sobre cualquier criatura, inclusive ante el poderoso y el rico, cuyo espíritu suele ser débil y perezoso. La compasión aquí no es una debilidad del alma, sino una fuerza espiritual, el anacoreta no se conmueve por nada y todos se vuelve maravilloso ante él.

Una sociedad en donde todos nos dijéramos la verdad podría ser una confusión revolucionaria  pero acabaríamos entendiéndonos y siendo conscientes.

 

Sobre algunas preocupaciones morales y el fenómeno de la traición

Una disección_amoral, por Luis Daniel

Vean ustedes en lo que nos hemos convertido: una sociedad que en su confusión se censura. No es alegato, desconocemos la lógica de nuestras pulsiones más íntimas y ya nos editamos. Nos amordazamos en una prudente represión.

En el amor se soslaya un dilema esencial, su sola suscripción garantiza la posibilidad de  un sufrimiento por mínimo que sea. La propia y humana incapacidad de posesión termina poseyendo al amante. El ser ama y por lo tanto sufre, y no hay moral que pueda evitarlo porque el dolor es suscrito y una represión no lo evitará, lo aguantará, o lo trasladará de amante.

Apunto a una ética que, bien encarada en la autenticidad humana, evite el dolor innecesario.

En la inteligencia ocurre un fenómeno parecido, una formación intelectual, después de ciertos estadios prescindirá de toda moral, tanto como una formación moral exhaustiva prescindirá del mínimo intelecto.

En el arte, como ejercicio de una honestidad subjetiva, la moral también va para las sobras. La moral pregona la honestidad como valor supremo del hombre siempre cuando seamos la materialización de lo aceptado. De lo contrario, ella misma tiene serios conflictos con la honestidad. La honestidad y la moral solo conviven cuando ésta última lo permite. Es tan vergonzoso fijar precisiones morales a un determinado arte como la misma censura.

El otro peligro de circunscribir moralmente al arte es convertirlo en propaganda, de dios o de la patria, pero propaganda, sermón divisorio e imperativo que sesga toda percepción de lo otro.

Ahí ya tenemos tres esferas trascendentalmente humanas en conflicto con las conveniencias de algunos teólogos.

Además, políticamente tampoco hemos tenido la dicha de encomiarla. Las preocupaciones morales,  más atentas a lo pecaminoso, humillar las disidencias filosóficas y a disciplinar la recaudación de bienes, convivieron convenientemente con el poder. De ahí que la venta de votos es tan antigua como el senado. Pero además, y muy por el contrario, cualquier habilidad moral podía ser usada para persuadir cualquier expansión de acaudalados intereses religiosos.

Toda ética rebaza a cualquier moral por cuanto aquella aboga por los valores humanos fuera de toda pertenencia y exclusión moral, y porque es  independiente de la cultura, es decir, de la subjetivización histórica de un pueblo.

He de acotar que cualquier conflicto moral, en lo posible, ha de siempre elevarse a un nivel ético, y en esos terrenos, ponderar el peso de los valores humanos sobre cada subjetivización doctrinaria.

Acaece también un asunto más contemporáneo, y más íntimo: ya es tiempo también de revisar ese concepto tan clásico que en el amor denominamos traición. Porque también los teólogos comenzaban diciendo: “Dios ha sido ultrajado”, cuando introducían al disidente. Esa relativización tan imprecisa y ocasional con la que nos sentenciamos de traidores es cuando menos cultural, es decir sin lógica y formativa; y a falta de otra palabra, vivimos traicionándonos de cuerpo, cuando no de alma.  La pertenencia imaginaria, la evolución de la pasión, la insoledad y demás ajustes que nos ministramos en nuestras historias de amor caen ante el juramento de la traición, siendo en distintos casos,  y visiblemente, situaciones que no pasarían de debilidades ocasionales, distracciones, y cuando no, carencias originadas. Apartando que la traición nunca es ocasional ni distraída, sino que obedece a la alevosía y al estado consciente de perpetración, dejemos el traidor vocablo para asuntos menos peregrinos como dios o la patria, y no le demos magna importancia a los hechos que no la tienen porque el amor no es eso.

No nos traicionemos, el ser humano ha de estar siempre encima de sus debilidades y la pasión con la que ama, que ya es su propia debilidad, por encima de las otras.

La Verdad Alada

En el menudo registro de nuestra óptica, y no sin agradables sorpresas, descubrimos con fulguración algunas verdades internas. Algo que se escondía en distraída observación, y que con chispa espiritual, nos lleva a alguna comunión circunstancial.

Más que arrebatar a la imaginación y jugar con coloridas y útiles fórmulas sintácticas, clamo por una poesía que asuma más responsabilidad que la imaginativa, una necesidad pertinente de que la realidad, además de ser imaginada, sea pensada. Y no pensada con esa linealidad haragán y vertical de la inmediatez intelectual, sino con el rigor espacial de un universo de sinrazones que se intercalan en cada contorno vívido.

La conjetura poética, la excelsa ironía callada, el asalto y el rebalse sensible, la obligatoriedad de esa enciclopedia simbólica que derrama en lo verbal, representa en mi la verdad alada, la magna alma del verso, que aparece como figura no contorneada sobre etcéteras peregrinos.

Indago a la seriedad poética a calar los nodos más profundos de la repetida comprensión, y a buscar en esas intermediaciones vírgenes delaciones que nos dejen con el alma hacia arriba, como devolviéndole la mirada alada.

Esta verdad alada acrescenta mi paisaje interior.

La Riqueza Interior

La puerta es la que elige, y no el hombre.

                                               BORGES

Una nota, por Luis Daniel

La posibilidad de que la obra visual y escrita, con sus diferentes estéticas y lenguajes, enriquezca la vida de un ser humano es infinita. El cortometraje y la poesía, el largometraje y la novela parecieran alinearse frente a un mismo espejo, a ese pliegue del alma, convenciéndonos de que toda vida, a la mirada interna, puede brillar aun más.

La historia, tan extraordinaria cuanto ajena, y eje de estos paralelos, nos introduce a la posibilidad de encontrar, o de ser encontrados por  puertas que nos llevarán hacia vidas y universos imposibles de cavilar. Torrentes de humanidad como la ficción, que no es sino un  culto a la realidad en donde lectores y cinéfilos, que de inoperantes ante dramas y realidades acechantes, pasan a interiorizar lógicas y emociones limítrofes, vibrando al alma, con un sabor a maestría, a inteligencia, y cierta comunión con una realidad.

La obra visual y escrita se interceptan en lo extraordinario, y ésta, junto con algún sinsentido interno, un pasado solipsista y un presente perpetuo,  forman la pulsión principal que obliga a ciertos señores  a contar  historias, que mas que entretenerse, y entretenernos,  en un par de tajos al alma, nos dicen las grandes verdades humanas.

La aventura, el ideal, la obsesión, el deseo inconcluso, el temor, los sueños, el vacio del arrebato, el alma sensual, voces humanas que junto con la compleja configuración del autor subliman el mundo, su mundo en una magna intelección. Si aceptamos a las experiencias propias como únicas fuentes de conocimiento, las experiencias ajenas, no menos notables, colorean un número mayor de posibilidades a ese conjunto de relaciones y asociaciones que llamamos ideas. La vida que vivimos, la que quisiéramos vivir y las que asimilamos ya triunviran en el alma.

Yo prescribiría, si pudiera, que la riqueza interior es la biblioteca íntima de cada nota al pie de cada obra maestra, y que esa nota íntima, como alterando cada lectura interior, terminan por orientar nuestra atención, nuestra libertad y finalmente nuestro destino.

Felicidad en ti confío

Un auto entrevista acerca de las tres o cuatro cosas que importan (literariamente)

No quiero hacerte daño

No es que no quiera hacerte daño, es sólo que no quiere tener la culpa de ello. Es como cuando nos piden limosna por ejemplo,  no queremos ayudar porque no nos interesa a quien ayudamos, queremos ayudarnos nosotros mismos, a sentirnos mejor ante la miserable realidad. Esa es la verdad: compramos algo de tranquilidad existencial pagando el mínimo indispensable: las sobras; el mezquino atrevimiento del consumo mínimo contra la miseria. No encaramos nuestra mezquindad porque en la mayoría de los casos perderíamos. Sólo atinamos a deshacernos de nuestras sobras porque la miseria nos culpa de tener algo. Y para algunos espíritus excelsos esa culpa no es más que una mancha más. De ahí las generosidades casi siempre falsas, prolongando una injusticia o una desgracia.

Ayuda sólo cuando puedas cambiar algo.

Encarar la miseria humana en toda su complejidad y extensión no sólo es inflexivo, sino intenso e indeleble en el alma,  y en ciertos espíritus superiores se manifiesta en la inacción. Por otro lado, la miseria está, lejos o cerca, está. Y es más un asunto de visión, pues al verla, nos conmueve. No es que haya humanidad o amor, es sólo incomodidad, es decir, no queremos tener la culpa. Pero todos la tenemos, y aún más, sabemos lo que debemos hacer.

Algunos espíritus comienzan férreas empresas para ayudar a la humanidad, otros, se deshacen de lo que les sobra.

Imagina la psiquis que haya visto todas las atrocidades humanas.

Somos lo que vemos.

Regresando, es bastante extraño, que en este efímero nivel de las relaciones humanas, alguien sea tan sincero como para decirte lo que te estoy diciendo: No quiero hacerte daño. Y aún más extraño, que alguien se preocupe sinceramente de lo que te sucede. Y aunque le gustes, su interés no pasará de una incipiente complicidad necesaria  para acercarse a ti. Está más ocupado en lo que le proyectas que en lo que estás sintiendo. Y si te dijo que no quiere hacerte daño, es sólo una advertencia que intenta eximirle de la culpa cuando te haga daño.

Por cierto, tampoco digas -no gracias. No debe agradecerse lo que no se recibe.

Algunos buenos modales que por protocolo, suelen repetirse  en los primeros desencuentros.

Queremos ser felices

Podemos partir por considerarnos seres que únicamente quieren ser felices. Lo que sea que hagamos, para bien o mal, para suerte o desgracia, consciente o inconscientemente, es para ser felices. Este propósito es un tesoro, herencia quizás de espíritus superiores que dejaron, como semillas de sus propias esencias, ésta codiciada conquista. Aunque, más que un tesoro, lo veo como  una facultad en formación, ya que no sólo no lo conseguimos, sino que creamos estructuras que combaten directamente este propósito. Pero ahí no acaba la porfía, hay otro detalle: queremos ser felices y no tener culpa. Este es el mejor plato de fondo. La culpa pondera cualquier pulsión a la felicidad, y de ahí el equilibrio con el que algunos privilegiados enriquecen sus vidas descartando sus culpas infantiles o familiares como capas de piel que deben eliminarse en cada estagio ¹ de la vida.

He ahí el balance : felicidad y culpa. Construimos nuestra propia trampa, caemos, y nos envolvemos más  y más hasta quedarnos atrapados; y todo esto intencionado, con nuestra mejor energía.  Nos empeñamos en ser infelices aunque, como te decía, lo único que nos mueve es el intento de ser feliz. Al menos en propósito. Curiosa sensibilidad humana bastante ilustrada en las relaciones amorosas.

Hay gente que busca ser infeliz pero no de forma consciente. Conscientemente buscan ser felices, mas inconscientemente se auto-flagelan. Son culpas andantes que deambulan en sus propias redenciones. Si vieran sus interiores comenzarían a curarse, pero tampoco quieren hacerlo, temen.

Todos, comenzando por los políticos, los banqueros expoliadores, pasando por los viciados de moda, las diversas tribunas culturales, todos, incluyéndome, queremos ser felices, y para eso hacemos lo que creemos que tenemos que hacer.  No lo logramos en la mayoría de los casos. Ni siquiera por instantes, porque para eso tenemos que escucharnos, escuchar a nuestro inconsciente mudo, y para eso necesitamos aislarnos, lo cual es imposible en este estrépito.

Ya escuche hablar de ese gran tesoro, de esa chispa divina del querer siempre ser feliz hasta en las condiciones más adversas, buscar ese recodo de tranquilidad, de procurar algo de paz. Tal vez sea esto algún instinto que conservamos de un desconocido estado natural que alguna vez fuimos, de una remota santidad.  He ahí porque las religiones más excelsas y antiguas buscan la paz interior.

No somos otra cosa que eso: culpa y felicidad. Desde el mendigo, el santo hasta el presidente de la república.

Ser feliz y culpable ya es una contradicción, puesto que la culpa se adhiere siempre a un efecto dañino.

Pero ahí donde hay una contradicción hay una huella de humanidad.

¿Y los que son felices haciendo infelices a los demás?

No quieren hacer infelices a los demás, sólo quieren demostrarse. Sus estructuras psicológica necesita de la aprobación, del asentamiento, de la complacencia, necesitan verse altos ontológicamente y no dudan en patear todo lo que se interponga; son de una psicológica inmediata y violenta.  Es raro encontrar maldad real. Entrégale a un político la posibilidad de corromperse sin culpa y sin maldad y  lo tomaría de inmediato, lo cual, finalmente dice que su felicidad monetaria siempre fue su pulsión primaria. Su perjuicio es colateral. La mayoría es víctima cultural, no son diferentes a lo que les fue enseñado directa o indirectamente. Ahí vienen las agresivas disculpas de que nuestra naturaleza es violenta y egoísta sin saber que nunca ha sido fácil entender hasta que punto los instintos humanos han sido penetrados por el escenario vital. Quizás los instintos más violentos sean los más vitales, cómo los de protección y sobrevivencia, los que siendo instintos, invalidan cualquier calificativo moral hacia ellos. Ahora, si admitimos que existen ciertos instintos de sobrevivencia, también es cierto que venimos al mundo con chispa divina de la paz, amor y felicidad. Chispa que la mayoría de veces no logra encender nuestra verdadera llama vital.

También en la novela todo comienza por el impulso de ser feliz, tanto de su creador, como sus personajes. Aunque más que impulso creo que nos obsesionamos con eso.

Encuentro que, la mayor volición del mal viene de asesinatos, segregaciones, guerras e injusticias, pero que estos pobres tipos, los políticos, no pueden hacer mucho ni a favor ni en contra. La verdadera maldad no está en la calle ni en la inconsciencia, sino en la fuente de la misma, que está toda pensada para manifestarse en esas crueldades que llamamos sociedad moderna. La peor tiranía, la de los sistemas justos, está en su inhumanidad y poco o nada se puede hacer por cuanto parece ser un sistema maduro. Dudo que sus creadores hayan querido ser felices. Deben haber sido tipos bastante especiales.

Los Estúpidos

Esos también quieren ser felices. Y vaya pasión con la que persiguen tal designio. Estos, a diferencia de los tontos, que por lo general son inofensivos, son peligrosos y poseen facultades y habilidades para ejercer la estupidez en diversos círculos. Quizás, lo que los hace más desgraciadamente inflamables sea la pasión de ayudar a los demás, de sentirse elegidos. Aquí tenemos a la fauna del circo político con sus tribunas culturales, mediáticas y religiosas. Les encanta darse premios entre ellos. Por supuesto que quieren ser felices, de hecho, quieren ser tan felices como su delirio de grandeza y su pasión por ayudar a los demás. Me atrevo a decir que ni siquiera el político –o religioso- más corrupto tendría la alevosía de perpetrar conscientemente todo el daño inconsciente que hace. Están atrapados en sus telas de arañas psicológicas, en sus luchas internas y sus venganzas infantiles; se creen emperadores en el  circo romano que les hemos construido. Dependen definitivamente de todos sus subordinados.

En términos estrictos de autenticidad y de impacto humano prefiero a los criminales.

Criminales

Salvando la inmensa vulgaridad son los únicos seres libres que existen. Y es más, son los únicos que creen en la vida y en un futuro benefactor a sus ideales. Estos tipos no conocen el pesimismo.

Sabrás entenderlo.

Dios

Somos la contradicción de ser sujeto y objeto de estudio. Nuestra incapacidad de Dios es la prolongación de la de nosotros mismos. Somos una consciencia doble que, como dos espejos  frente a frente, se alejan de su propia verdad.

No tenemos sentido. Cuando más lo piensas menos sentido le encuentras. Como dijo Fernando Pessoa: cambiar de religión es perder toda capacidad de religiosidad. Repito, quizás el camino sea volver a esa santidad natural que nos fue arrebatada.

Repito, quizás.

La mala educación

No creas en ningún tipo de educación vendida, ni mucho menos masiva. Estas instituciones bancarias forman monocultivos en todas las mentes de sus clientes. Nos transgenizan culturalmente. Dediquemos nuestras pocas energías vírgenes a cultivar nuestro jardín interior, el cual, al final, será lo único que importe.

Libertad

Esta es cercada por la íntima organización de nuestra voluntad, la cual, es el resultado de nuestra atención periférica que organiza nuestra conducta y es el resultado de un interno labrado emocional que recibimos al crecer. La libertad es mesurable: depende de que tan alto mires.

Podemos ser únicos pero no tan diferentes. Somos tendencias que, aunque habiendo verdaderas psicologías complejas capaces crear universos perfectamente imaginables, no hacemos más que seguir ciertas luces en el camino. Diferentes caminos si quieres, o como diría Bolaño: redundantes, hasta llegar a la redundancia final, a la propia trampa, aquel constructo esculpido de múltiples errores de lectura de esa brújula del alma que es la felicidad.

Y la culpa final: la de querer ser feliz.

EL HOMBRE QUE PERDIO LA LOTERIA

 

                                                                                           “No sé si existe cierta justicia para cada aventura, sólo sé que hay un sentido,una voz que es escuchada y atendida. Una democracia en todos los actos.”

 

A veces, en alcohol y siempre en solitario, mi corazón se hace grande; me imagino situaciones, veo todo y a todos en su perfecto orden, soy amigo de todos; me defino en estado de gracia y pienso: qué de malo ha de tener el mundo para beber así. Y ahí es donde mis mejores recuerdos -mis mejores páginas- aparecen en cada reflejo transeúnte dándole vida a todo aquello que no vivía para mí, y en ese estado expansivo, cuando aquellas proyecciones aparecen, quiero hacer muchas de cosas, muchas, pero regreso, celebro la imposibilidad y termino viviéndolo todo en mi; en donde vivo todo.

Para mi vivir es no saber, porque sabiendo hasta la realidad misma me margina, y por eso, en cada intento de participar en la realidad mi conciencia y el propósito me arrebatan toda voluntad, me demostraron con teoremas inéditos que todo es absurdo y sin sentido. Mi inconsciencia ahora no tiene ninguna responsabilidad, esta vacía.

Soy consciente de mi nulidad. Un iluminado por mi propia sombra. Soy en tercera persona la expresión de un ser en ausencia. Me convertí en la permanencia de los lugares de paso, lugares no-lugares donde todos siguen su camino y donde el mío no me lleva a ningún lugar. Porque mi camino no es longitudinal como es la naturaleza de los caminos, es circular, mi camino es un punto rodeado por su propia frontera. Soy el último en una inmensa sala de espera de la cual nadie me va a llamar. Un perdedor del sueño de las loterías.

LOTERIA

En esta lotería solo pierden privilegiadas angustias, espíritus a contramano, soñadores despiertos del sueño colectivo, testigos insobornables de su tiempo. Pierden auténticos desconocedores de la seguridad y el conforto, completos terroristas de las ideas, hombres y mujeres que no soportan bromas porque vislumbram el problema humano, hombres que le gritan al Dios y a la nada, que se plantean escribir con indignación arremetiendo contra una sociedad bombardeada de arte colorido y falso, que se plantean recorrer el mundo porque saben que la esclavitud tienen nuevas versiones crediticias, que denuncian la palabra “empleado” por usar al hombre. Hombres que como todos, perdimos la lotería.

 

Asociación Benéfica de Protección al Ser Humano Inteligente


“Cómo encarar tus problemas sociales, emocionales y laborales en una sociedad ciega y mediocre”

Una toma_de consciencia, por Luis Daniel

Sé que la sociedad siempre ha protegido a seres deficientes, mas nunca he sabido que ayude a seres cuya inteligencia está por encima del promedio. Y cuando hablo de inteligencia, que no se confunda con erudición -ese pensamiento tan disciplinado y lineal-, con inteligencia me refiero a esa mentes que son capaces de encontrar la unidad en lo disperso, identidades entre hechos contradictorios, realidades debajo de las apariencias.

Generalmente estos individuos no tienen mucho éxito en la vida, y reitero, generalmente. En política por ejemplo, si llegan inmaculados, o se corrompen, o salen rápido, pues por lo general piensan en el bien común y consideran que la democracia nace equivocada, ambiciosa y monetarista, y que por último ni si quiera es democrática: vivimos en un sistema piramidal. En el aspecto laboral la cosa es similar: entienden muy bien la fatalidad del tedio y quieren mejorar su vida y la de los demás, consideran que la humanidad tal vez ya haya acumulado demasiado crecimiento, y que es el momento de tomarse un descanso para vivir, en especial para los fabricantes de armas. Perturban a cualquier empresario. Cuestionan cualquier tipo de eficiencia.

En el aspecto emocional, no logran concebir esa dependencia romántico – umbilical que se supone que es el amor, y no necesariamente creen en el matrimonio ni en la necesidad de tener una mujer para sentirse realizados. En los social simplemente no encajan, repudian el fútbol y el entretenimiento barato, los mayores catalizadores sociales.

Y si esto es poco, su capacidad cognitiva lo hace vulnerable al uso de drogas, de las cuales tiene que cuidarse especialmente, pues como bien se sabe: en un tonto, ni la pólvora enciende, pero en mentes así, las drogas pueden ser peligrosas, pueden salir genialidades que bordean la locura.

Y por último, para el día a día, le toca encarar la ansiedad que provoca la estupidez cotidiana.

Empecemos por entender y acoger a los individuos de este tipo, pues la inteligencia es la mejor forma de solucionar todos los problemas en que estamos metidos.

Matemáticas

“Para mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política? La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas, que por lo general son los políticos nacionales. Estos señores que van desparramando su retrato, haciendo promesas, a veces amenazas, sobornando, en suma. Para mí ser político es uno de los oficios más tristes del ser humano. Esto no lo digo contra ningún político en particular. Digo en general, que una persona que trate de hacerse popular a todos parece singularmente no tener vergüenza. El político en sí no me inspira ningún respeto. Como político.”

Jorge Luis Borges

Un manifiesto, por Luis Daniel

Primero odié a Fidel. Pensaba lo mismo que todo el mundo. Después, no recuerdo como empecé a leerlo, pero era difícil no inspirarme, no simpatizar, no vibrar con sus líneas.

Ahora lo que hay es indiferencia y lógicamente, madurez política. Pero aún no me atrevo a criticarlo. No alcanzo. Por un asunto de perspectivas él se convirtió en un absoluto, en una era, para bien o para mal. Existen gobiernos eras. Nunca se convenció, o mejor dicho nunca lo convencieron. Primero la inocencia, luego la utopía y después la crítica y la abdicación. Fidel se quedó en la segunda. Los tres estagios¹ de cualquier formación política : la inercia, luego los sueños de trova, de ideales, de luchas por un mundo mejor para finalmente madurar, y envolverse entre los designios de la razón, aceptarse, hacer concesiones, y dejar las emociones y los absolutos para envejecer ideológicamente.

¿Y después qué?. ¿Criticar todo lo que no pudieron hacer mejor ?. ¿Acaudillarse y proclamar las mejores soluciones sólo porque son tus soluciones?.

Cada vez mas independientes, individuales y enchidos² de ego.

Quizás a las mujeres les vaya mejor. Ellas y sus absolutos: intenta convencerla de que no has mirado a aquella mujer.

O tal vez sea todo lo contrario. Tal vez sea sólo matemática : sumas, restas y resultados. Pareciera que atrás del telón sólo hay cabezas con números. Por eso, últimamente da igual el bando que seas, da igual las ideologías y las filosofías porque allá arriba hay un bando de matemáticos que sólo quieren que los números funcionen, que sus números funcionen. Los gobiernos, por más democráticos o autoritarios que sean, seguirán ocultas recetas numéricas y pobre del país que se crea lo de soberano. Peor si tiene petróleo. La gran receta se impone a todos y cuidado, ésta tiene ocultas sucursales para fabricar a sus enemigos. Las aporías de todo lo justificable : el terrorismo, los nacionalismos, las dictaduras y el narcotráfico. Toda soberanía puede hacérsela encajar.

Parece que así ha sido siempre.

Ya entendí las matemáticas. Gracias Fidel.

(1) Estagio .- (portugués). Período de aprendizaje.
(2) Enchido .- (portugués y español antiguo). Lleno.

Mis queridos vegetales

un testimonio_vegetativo, de Bernardo Soares, por Fernando Pessosa

Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices. Sus vidas humanas están llenas de todo lo que no sería sino angustia para una sensibilidad verdadera. Pero, como la vida real que llevan es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar solamente a la de un hombre con dolor de dientes que hubiese recibido una fortuna -la fortuna auténtica de vivir sin darse cuenta, el don mas alto que los dioses conceden, porque es el don de permitir a un hombre ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) tanto a la alegría como al dolor.

Por eso, pese a todo, a todos lo amo. ¡ Mis queridos vegetales!.