La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: ideas filosóficas

FELICIDAD

Una teoría

Primero, distinguirla claramente de cualquier estado de bienestar o satisfacción, resultado de un espíritu que se ocupa en lo exterior, de voluntades que operan en forma centrífuga. El individuo, ya sea empresario, activista, o caudillo, concentra toda su actividad mental en un constante anhelo hacia lo exterior. Por el contrario, el hallazgo intimo es el resultado de una voluntad centrípeta, una volcadura espiritual hacia lo interior. La primera riqueza interior es el instrospecto que la albergará: el alma, aparato nervioso del espíritu. Una vez aclarada esta distinción, se debe procurar una vida feliz a partir de una búsqueda inteligente del placer (Epicuro), eludiendo relativamente al dolor sin caer en el vicio de no vivir (M. Fernández), y es en este camino donde el espíritu debe hacer del Arte y la Ciencia su mas noble alimento.

Huelga decir el fracaso de encarar tal desafío en búsquedas exteriores. Fama, éxito, reconocimiento, prosperidad suelen anticipar célebres suicidios.

Ciertamente este estado espiritual no es plebeyo. Sólo los perros mueven la cola.

 

PROFESIÓN Y VOCACIÓN

  

IDEAS ESTÉTICAS: PROFESA LA IGNORANCIA Y NO EL CONOCIMIENTO

Si hay un mapa que se pueda imaginar, todo cae entre un norte y un sur. Explicar algo, situarlo entre el bien y el mal, o crear un pensamiento, o idea, y analizarlo, son formas sensibles del espíritu que escribe en hojas del papel de la consciencia. Todo vive entre la ignorancia y el conocimiento.
La vida de un pobre escritor se debate entre dos fechas fatales, sus pequeñas resurrecciones diarias, y el universo de su pasado irreal. Todo llama a gritos a otro todo eterno, y cuya forma de ignorarlo nos es desconocida. Una certeza es tan sólo una gradación que inevitablemente volverá a toparse, mas arriba, con su propia ignorancia. La luminiscencia de la vida tiene sombras interiores, y el texto que se vale de estas comparaciones, para ilustrar el papel en blanco con el que pretendemos vivir, es como el medio día, en el que las sombras y las certezas, desaparecen, y la luz revela la oscuridad de todo. Punto ciego e instantáneo donde la verdad quiebra la mentira, y el estruendo mudo, ensordece al espíritu con el desconocimiento de la vida.

Cualquier tipo de decisión, que se engañe entre la libertad y el deseo es, a cualquier otro nivel, en la escalera de las causas primeras y fines últimos, obra de fuerzas superiores que dirigen el destino de todo. La libertad es la corriente de un mar que navegamos cuando creemos que estamos en tierra firme.

Ignorar lo que se sabe, saber lo que se ignora, son bebidas de la nada luminosa que se apodera del espíritu, círculos de todas las ignorancias posibles y erudición hacia las preguntas ultimas.

La perplejidad es la luz de la ignorancia.

IDEAS ESTÉTICAS: PARE DE SUFRIR

La capacidad estética del ser es proporcional, e inversamente proporcional a su sufrimiento. Proporcional por ser transformadora, y proporcional en un sentido inverso, por la capacidad de análisis, cuando se sufre menos. En ambos casos, para originar arte debe desplazarse el origen del mismo, es decir, el sufrimiento.
Los hombres buenos siempre nacen en malos tiempos.

Mitigar el sufrimiento, pues dicho sentimiento, no constituye ninguna vía directa para el arte o conocimiento de la vida; tampoco permite, observar, ni analizar, ni apreciar la belleza de los sentimientos desfavorables que elevan el genero humano.

Para el espíritu, que puede comprender que la mentira interior es la verdad, es importante observar su propio sufrimiento. Para esto, el camino es crear un yo alterno, y depositar en él, no sólo la inteligencia, sino la cultura, es decir, la capacidad de comprender, para que esta nueva personalidad, dotada de todos los recursos originales de la razón y la comprensión, sea la encargada de sufrir. Importa de manera soberana, que la inteligencia, única en ambas personalidades, obre fatigando todas las formas de humor, ironías, sátiras, caricaturas y ridiculizaciones, al encarar los problemas que originan el sufrimiento. No se piense, erróneamente, que éste constructo alterno deba resolver o ejercer el análisis del sufrimiento, no, esta personalidad alterna será la encargada de amortiguar el sufrimiento a través de la ironía.

Seamos crueles en la profunda ironía hacia nosotros mismos.

De esta forma, la consciencia del individuo, por un desplazamiento intermitente de la atención, y por un ejercicio de ironía inteligente y lúcida, que lo orienta placenteramente, sublima la culpa, el dolor y el sufrimiento que azora toda sentimentalización. Es imperante que la manifestación ridícula de la personalidad alterna sea a través del dialogo, pues no existe otra forma, de índole directa, que haga mas vívida la existencia. El conocimiento irónico y ridículo es la razón de ser del antihéroe interior.

Mentirse de esta forma superior, no es mas que un ejercicio de observación que transforma la consciencia generando consciencia. El placer de obrar, en irrealidad, la tristeza del ser. Si el individuo, posee la capacidad expresiva y estética, puede y debe entregar este tesoro a la humanidad.

CAMPONES

El hombre rústico, desde que nace, conoce las energías que operan en la naturaleza. Su crianza le inculca movimientos exteriores que el hombre urbano desconoce. Puede sentir en su cuerpo el desmán de cualquier decepción. Sabe, sin saber, cómo su humanidad recibe los años y la dicha. Contempla, porque esa es su comunión con lo real, todo lo que la civilización adultera. Sabe del efecto espiritual que es sentirse pequeño ante la inmensidad.

Por la naturaleza de su crianza, y naturaleza es la palabra, el hombre del campo, sabe, sin saber, las fuerzas que conforman el mundo. El utiliza en su figuración lo elementos que le trascienden para explicarse a sí mismo. No cree en la tristeza de una tarde, ni en la furia de un vendaval porque no humaniza a la naturaleza; sabe, sin saber, que su humanidad ya es natural. Profesa, sin profesar, la religión del espíritu de las cosas, en donde todo supera su definición, como multiplicados por sí mismos. Su metafísica es la traducción asociativa de su intervención. Sabe, sin saber, que jamás comprenderá lo otro, que sólo podrá señalarlo.

CLAMOR DE UN HOMBRE ADULTERADO

 

No cierres las ventanas que me dejan contemplar lo que no veo. Las ventanas que me cerraron al nacer, me las dibujaron con el destello de una infame y dulce figuración perdida.

Nací, sin querer, y ahora veo sin saber, como la triste figuración de mi conocimiento de la vida es leña hedionda que mal arde en la realidad. Regreso, después de haber estado ya en este principio, a ver qué triste es la inmensidad que no logra sobrecoger al ser adulterado en que me he visto. Los otros, que ignoran todo por no haber nacido en el acierto de su pasado, son el paisaje en el que estampo la maravilla de un mundo solitario e insospechado.

 

EL ALCOHOLISMO DE LA ABSTENCION

Detestad la música vulgar, pero no la despreciéis

MARCEL PROUST, La muerte de las catedrales.

 

Cuando la inteligencia penetra el mundo interior que desconocemos, se somete a las perturbaciones del alma; el alma, que para vivir no hay que conocerla, teje los hilos de la emoción; y la inteligencia, que para vivir no hay que tenerla, guía el camino ajeno. Aplicar la inteligencia sobre las operaciones emocionales se vuelve un deleite arduo y bello cuando engendran una gran verdad.

La inteligencia determina que el deseo se separa de su realización en la fisura de la oportunidad, a este lado de la fisura, en estado estático de permanente búsqueda, y por tanto angustia, está el anhelo de belleza y conocimiento; al otro lado de la fisura, en estado dinámico, y por tanto circunstancial, su realización, que por someterse al flujo natural de las cosas, las gentes, los excesos y las ausencias, se ve sometida a todo lo que lo rodea. Esta condición dinámica del deseo, a diferencia de su condición estática, que determina una voluntad más íntima, se manifiesta en general, en un irregular deseo sobre todo lo que lo rodea. Revísese aquí, la volatilidad con el que el deseo transita para una mente sin ideas ni perturbaciones. Íntima relación entre objetos de placer y espíritu que forman tristemente el temperamento de aquellos vegetales que desconocen la vida interior.

La necesidad de los otros es un agravante para este tipo de psicologías.

La necesidad de placer, tan necesaria sobre la angustia, hija de la búsqueda, y la miseria alrededor, conciben al vicio como alimento espiritual. En condiciones así, la inteligencia bendice la maldita condición de ser un individuo de excepción.

El alcoholismo, como cualquier otra necesidad espiritual, disfruta el placer que su divina sustancia entrega, sacia el deseo que la voluntad incuba forma íntima, pasiva y centrifuga (hacia el interior). La circunstancia de beber, en cambio, alejada un poco del círculo íntimo de la voluntad, y más próxima a los fenómenos triviales de las cosas y las personas, se manifiesta en las capas más exteriores de la personalidad, como la educación y la cultura. La cultura inhibe, por medio de la decencia, la necesidad de cualquier sustancia. Combatir la corrosión de los vicios y hacer de la angustia una inevitable tragedia interior que no pueda huir de la concepción de bellas ideas es, por tanto, la obligación estética, de los superiores, claro está.

Por esto, toda decadencia referida al ejercicio de un vicio, es siempre el resultado de una pobre educación sentimental, y nunca del vicio. Que tendrá que ver la necesidad íntima con la decencia?.

Comprendiendo estas manifestaciones y sus elementos, paso a inferir que la necesidad de un vicio alberga sus causas en los espacios más profundos del ser, y que al placer de su realización, su emanación, y toda la humanidad que lo rodea, son los efectos de las capas más exteriores de la personalidad, como el lenguaje social o la cultura. Convierto así, en elegante y humana, la condición de un alcoholismo, por el clamor en la inanidad de las cosas, y la espiritualidad intensa e inmediata que la ebriedad otorga, y la condición de una abstención, por la elegancia y el escrúpulo de la formación cultural y sentimental. Como el comercio del deseo que bien conocen como temple los avatares espirituales, sacrificando lo que más desean, y abrazando lo que más repudian. La manifestación superior está en la dignidad con que el espíritu encara la necesidad de llenar los vacíos del alma, que cuanto más sensible, más vacía.

La decadencia y la degeneración del hombre, de cualquier índole, es el resultado de una ausencia espiritual en su personalidad (una ausencia muy presente), y es sólo esta condición, la responsable de toda precariedad del género humano. Una educación sentimental y estética mitiga elegantemente cualquier manifestación hedonista y devocionaria de un vicio; la ausencia de la misma trae la degeneración del individuo sensible y sin voluntad.

No cultivemos la abstención en exceso, ni ningún tipo de exceso, en su lugar, seamos mínimos en los deseos y las sensaciones. Seamos en lo posible, dificultosamente simples en los escrúpulos de la atención hacia el placer.

Es bello y triste, y por tanto, más bello aún, reconocer que a mayor poder mayor placer, y que a mayor angustia, mayor poder, y que la victoria sobre la obstinación placentera es el divino fracaso …

Licito y superior es pues, manifestarse en un alcoholismo que se abstiene de la bebida, pues deja para lo trivial, todo lo mundano que rodea a las botellas y los hombres. La necesidad, la privación, y la renuncia a la obstinación por lo perfecto, se me revelan como una estética de la voluntad, voluntad que late flanqueada por la imposibilidad de un deseo que se manifiesta, sin revelarse.

Queda así realizada, esta hermosa contradicción que se intitula a sí misma.

 

COLOQUIO OBSCURO AL DESTINO DE UNA MUJER o ESTETICA DE LA FECUNDIDAD

 

-Pero, al final ¿Quién es usted? ¿Por qué va disfrazado así?

-Contestaré con una sola respuesta a sus dos preguntas: no voy disfrazado.

 

LA HORA DEL DIABLO, FERNANDO PESSOA

  

-Dime hija mía, me dicen que amas, ¿de quién te has enamorado? ¿Del hombre o del artista?

-Del artista, un artista siempre ilumina, en cierta forma. Pero no amaría al artista que no fuera hombre.

-Tampoco amarías al hombre que no fuera el artista. ¡Aquel corrupto y sensible que usurpó tu atención! Y dime, por el bien de todos ¿Por qué no sigues tu camino hacia ningún lugar?

-Tiendo a sentirme atraída hacia las criaturas elegantes, hacia cierta belleza elemental en el pensar, que aunque la estimo desahuciada, merece, si es que alguien puede merecer algo.

-Me sorprende tu inteligencia, que aunque eres femenina y bella, se supone que no deberías… ¡Mujer solitaria condenada al vacio de la angustia! Tienes eso que constituye el intento máximo de la evolución, la sed de vida más allá de la vida ¿Quieres asomarte por los intersticios de lo cotidiano para encontrar maravillas? Encontrarás sólo vacios y obscuridades, ¡Y esa es la vida! Eres hermosa y fecunda ante la perplejidad, las de tu estirpe siempre han quedado solas, han envejecido en la noche de la vida buscando sensibilidad y espíritu en los hombres. A estos hombres yo los inspiro, son queridas sensibilidades mías, no pueden vivir porque yo los vivo. Descree de ellos a menos que …

– Amo al hombre Padre.

-El hombre es estúpido y cree que el artista lo es todo, y he ahí su estupidez. Ignora a su antojo que su acción, y no su pensamiento lo hace, como si supiera que a diferencia del pensamiento, toda acción está condenada a su circunstancia, y al fracaso. Es bella la constitución del artista, su alma, esa piel del espíritu, y su espíritu, esa imaginaria razón de su dios. Te dejará porque su naturaleza es bastarda y tú eres hábitat.

-¿Qué he de hacer padre?

-El camino de tu fecundidad es la estética superior de los sentimientos, has de formar inteligencias y corazones para el oprobio de tu decadente sociedad, ustedes, y son muy pocas y estratégicas, están pariendo una inteligencia que se regenera ¡Oh mujer necesaria! Tu talento es la manifestación más sublime de la mayor inteligencia que he conocido, el intento supremo, yo mismo soy ajeno a este supremo misterio. Yo que desfiguro toda moral te exhorto: tu dicha es la perspicacia hacia la hermosura íntima de los hombres, y esta hermosura, como toda estética superior, es triste. Tu vientre ha de fecundar la simiente de lo superior.

-¿Es éste acaso el camino de la historia? Aparecían mis antepasados, en sueños vencidos, mujeres de mirada oculta y sensual, en cuyos impulsos obraba una trágica adherencia. Valles femeninos que alimentaban el principio espiritual varonil ¿Acaso mi destino es fecundar el progreso espiritual?

-Has acertado hija mía, esa excelsa verdad es el camino. En tu ventura gozarás de un sentimiento que ha estado reservado para muy pocos, la más elevada significancia de eso que allá abajo denotan con la palabra amor. Vivirás en instantes intensidad y  placer de años. Tendrás dicha y riqueza en tu espíritu, brillarás para el atento espíritu varonil. Desdeña siempre al que no quiera más gloria que el fracaso de su gloria, ama la sed de grandeza y la belleza del pensar.

-Es maravilloso padre.

-No lo es hija mía. Pero tu belleza, y déjame clamar que eres bella, es el aliciente del encanto oculto alrededor del cual giramos todos los espíritus de la criaturas vivientes. La luz de todas las criaturas obscuras. Toda esa eterna contradicción es espiral hija mía. Un discípulo mío llamado Voltaire declaró que el verdadero cauce espiritual es circular, pero es una eterna espiral el cauce de todo conocimiento. Y tú, que sacrificas belleza para engendrar vida mas allá de la vida,  sabrás que todo es para lo venidero, que tus hijos calibrarán la decadencia de tu pueblo, y serán el alimento espiritual para la humanidad que pueda valorarlo. Todo talento superior es para la posteridad, y tu hija mía, serás el seno que ha de cuidar a estas egregias criaturas.

-Amo el arte padre, qué es lo único incorrupto de todo lo que conozco.

-El arte es la copulación del alma y espíritu hija mía. El espíritu te fecundará como al Cristo, y lo protegerás de ese vicio humano de desdichar a sus genios.

-Me siento triste ¿Seré triste?

-No serás triste como los demás, de una tristeza vacía. Te consolará saber que no hay mucho amor a tu alrededor, sólo un culto al placer al que los seres se entregan y se engañan con esa palabra. El pobre ser amado, inocente por lo demás, será abandonado cuando deje de ser placentero para su amante. No se ama por lo que se es, sino por lo que se siente, ¡y esto hija mía, es lo incognoscible!  Ni siquiera acarician la intensidad del placer estético, aquel asombro de una terrible y hermosa verdad. Pocas consciencias han sentido el verdadero asombro y entrega al que cantan los poetas. Y tú lo vivirás, sentirás la pasión, el asombro, la entrega y el abandono antes de que se corrompa. Serás de una tristeza superior como es la naturaleza de la sabiduría, serás el vino y la piel de mi discípulo Khayyam.

– Siento que este sueño no lo he de tener nunca más Padre.

-Yo no soy tu padre hija mía, soy un ángel caído, antiguos griegos me llamaban Demónico. Yo no te volveré a hablar hija mía porque no necesito de ninguna devoción, yo tengo el latido de todos los poetas.

 

IDEAS ESTETICAS

En el ejercicio de la ciencia poética, como en toda disciplina humana, existen observancias que connotan su intensidad. La videncia se inicia en el ojo musical cuya incumbencia es la prosodia y la metáfora. Hay  música y luz en lo ordinario. Exultación del alma en paisaje. Más allá de esta figuración, que no es más que el embrión del artefacto poético, hay un ojo transformador, él que comprende que no hay azar y que este es el supremo azar, él que eleva a la razón a latitudes imaginarias, el ojo intelectual que penetra al alma, la poesía pensada, la inteligencia de la emociones, el misterio de la contradicción que eleva la expresión por encima de sus términos. Hasta aquí el arte en generalidad pero no en virtud. Más allá, en la nada donde se oculta todo, está el magisterio del ojo creador, él que sopla una verdad suprema a la que solo se pueden llegarse por analogías, el ojo que ilumina y ciega y que sólo en instantes alcanza a su dios. La pleamar de la consciencia que ahoga al poeta. Esta lección universal, escindida ya del artefacto poético, me embarga en una soledad obscura cuando me despoja de todo lo humano.

¡Oh pasado doloroso que me sigues como sombras en mi oscuridad!

¡Oh infancia de mi alma en que mi única sombra caía sobre mi cuerpo!

¡Oh sombras y espejos que lo transfiguran todo!

SOBRE EL AMOR, ENTRE FALACIA Y REALIDAD

Para Silvia, La Cordobesa

Siguiendo a la equivocación de Stendhal, que sobre el amor argumentó una cristalización, argumento la posibilidad real –y falaz- de caer en esta maravillosa estrechez en un instante cualquiera.

Me dejo llevar por la falacia y reúno sin querer las piedras que cristalizarán la fenomenología de mi pasión: soledad, cierta decepción, entusiasmo de vida, y finas y minuciosas predilecciones que serán calibradas por lo sucedáneo de cualquier intercambio de pareceres. Una alegre empatización de las coincidencias fijará el cruce de las primeras miradas del alma. La inteligencia y sus pliegues sentimentales son el camino más intenso y corto. Embebido y estrecho, cristalizo a la mujer en proporción a mi insuficiencia. Este es el resultado falaz de una construcción psicológica que pretende ser luz, pero que no es más que color que sin ensombrecer, usurpa mi atención.

Me robaron y con mis propios argumentos.

Esta maravillosa proyección psicológica, que se asienta en la insuficiencia del instinto, y que en el caso de las mujeres, sobre un primitivo aculturamiento que lo inhibe, da nombre propio al pretérito ser ansiado. Pasamos del ser a un ser, -y de éste a todos los seres-  ponderando la vulgaridad de la poligamia masculina, porque lo falaz de la poligamia, es que ésta y la monogamia, son los efectos de distintas emanaciones sensuales del ser. En tanto que la poligamia se ejerce desde el instinto, hay una tendencia a la monogamia en la erotización, y una monogamia propiamente dicha en la espiritualidad.

He aquí el nudo que indesata la falacia y la realidad del fenómeno. De un lado está el fluente cristalino por el que nos dejamos llevar, y del otro lado los escollos, cuando no obtusos meandros que desafiaran todo comercio sentimental que empieza a exigir más y más de uno mismo.

¡Ah la vida útil del apasionamiento! Depender de los mismos elementos psíquicos que la parieron: asombro y entrega; ¿Y habráse visto acaso poeta que no le cante a los amantes? ¿Qué poeta le canta acaso a la adherencia, el respeto, la obligación?.

ENTRE ASCETISMO Y PLACER

En la libertad de la renuncia, si es que en algo se puede ser libre, el común del imaginario cae en una falacia hasta cierto punto verdadera. Hay valía en la renuncia del placer corpóreo para la disciplina del espíritu, pues la voluntad de la inteligencia aunada al espíritu de ansia, siempre ha de cuestionar cualquier necesidad social.

Pero no hay renuncia sin un comercio del placer, así, para la lujuria, implica su frugalidad, para el que todo parece tener, todo merece dejar, para el devoto de la estética vanguardista, la virtud de la modestia, para el análisis complejo, su disección filosófica. La educación espiritual ha de limitarse al fino trazo entre usufructo y la renuncia, pues sólo ahí el espíritu ha de ejercer la fuerza de su voluntad.

La naturaleza superior de las cosas ha dispuesto que el mayor placer haya de venir después del mayor poder.

Postular en la ociosidad del dogma, que una castración de la voluntad hacia todo objeto de placer disciplina al espíritu, no sólo es falaz, sino peligroso para el seguidor limitado, pues no solo atenta contra la pureza, sino que trastorna la educación espiritual. No sólo habría que concebir una renuncia a la medida de cada psicología del deseo, sino asimilar también, la incómoda verdad, de que no es posible renunciar a lo que no se desea.

La indiferencia filosófica es tal, que pensando que renunciar al placer evasivo de los otros, serán mas ellos mismos y menos su otredad a la que desdeñan autoerigiéndose por sobre sus defectos.

No conozco mayor renuncia que la abdicación a hacer el bien.