La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: fernando pessoa

EL PROVINCIANISMO

EL PROVINCIANISMO PORTUGUES

Por, FERNANDO PESSOA

Traducción de Luis Collazos

Si fuese preciso usar una sola palabra para definir el estado presente de la mentalidad portuguesa, la palabra seria provincianismo. Como todas las definiciones simples, esta, después de hecha, necesita una explicación muy compleja. Daré primero, la que se aplica, esto es, lo que se entiende por mentalidad de cualquier país, y por tanto de Portugal, y diré después, el modo que se aplica el provincianismo a esa mentalidad.

Por mentalidad de cualquier país se entiende, sin duda, a la mentalidad de las tres camadas, orgánicamente distintas, que constituyen su vida mental – la camada baja, que suelo llamar de pueblo; la camada media, a la que no suelo llamar de nada, excepto en este caso por engaño, de burguesía; y a la camada alta, que llamaré de élite.

Lo que caracteriza a la primera camada mental es, aquí y en toda parte, la incapacidad de reflexionar. El pueblo, sepa o no sepa leer, es incapaz de criticar lo que lee o le dicen. Sus ideas no son actos críticos, sino actos de fe o descreencia, lo que no implica, además, que estén erradas. Por naturaleza, el pueblo forma un bloque donde no hay mentalmente individuos, siendo el pensamiento sólo individual.

Lo que caracteriza a la segunda camada que no es burguesía es la capacidad de reflexionar sin ideas propias. De criticar con la ideas de otros. En la clase media mental, el individuo, que mentalmente ya existe, sabe escoger –por ideas y no por instinto- entre dos doctrinas que se le presenten; no sabe contraponer a ambas una tercera que le sea propia. Cuando aquí o allí, en este o aquel, hay opinión media entre dos doctrinas, eso no le representa un cuidado critico sino una hesitación mental.

Lo que caracteriza a la tercera camada, la élite, es, por contraste entre las otras dos, la capacidad de criticar con ideas propias. Importa que esas ideas propias puedan no ser fundamentales. El individuo de la élite, puede por ejemplo, aceptar enteramente una doctrina ajena; la acepta críticamente y cuando la defiende, la defiende con argumentos propios –los que lo llevaron a aceptarla- y no, como hará el mental de la clase media, con los argumentos originales de los creadores o expositores de esas doctrinas.

Esta división mental, que aunque coincida en parte con la división social –económica y otras-, no se ajusta exactamente. Aristocracia y dinero pueden pertenecer mentalmente al pueblo, operarios de las ciudades pertenecen a la clase media mental. Un hombre de genio y talento, aunque haya nacido en el campo, pertenece desde su nacimiento a la élite.

Por tanto, cuando digo la palabra provincianismo, defino sin otra condición, al estado mental presente del pueblo portugués, digo que esa palabra provincianismo, que más adelante definiré, define la mentalidad del pueblo portugués en todas las tres camadas que la componen. Basta probar el provincianismo de la élite para que el provincianismo mental de la nación quede probado.

Los hombres, desde que entre ellos se levantó la ilusión o realidad llamada civilización, pasaron a vivir, en relación a ella, de una de tres maneras, que definiré por símbolos, diciendo que viven como campesinos, como provincianos o como citadinos. No olvide que trato de estados mentales y no geográficos, y que, por tanto, el campesino y el provinciano puede haber vivido siempre en la cuidad, y que el citadino siempre en lo que es su natural destierro.

La civilización consiste simplemente en la sustitución de lo natural por lo artificial en el uso cotidiano de la vida. Todo cuanto constituye la civilización, por más natural que hoy parezca, son artificios. La artificialidad es de dos tipos. Aquella, acumulada a través de las eras y que teniéndola la nacer la encontramos natural y aquella que todos los días va transformando la primera. A esta segunda voy a llamarla progreso y decir que lo moderno viene de ella. El campesino, provinciano y citadino se diferencian entre sí por sus diferentes reacciones a esta segunda artificialidad.

El campesino, el hombre rustico siente violentamente la artificialidad del progreso; por eso se siente mal en él y con él, íntimamente lo detesta. Hasta de las conveniencias y las comodidades del progreso se siente constreñido, al punto de, a veces, y en desaprovecho propio, esquivarse de ellas. Es el hombre de los buenos tiempos, entendiéndose por eso los de su juventud, si ya es mayor, lo de la juventud de los abuelos si es adolecente.

En el lado opuesto, el citadino no siente la artificialidad del progreso. Para él es como si fuese natural. Se sirve de lo que es de él sin constreñimiento ni aprecio. Por eso no lo ama ni lo odia, le es indiferente. Vivió siempre física o mentalmente en las grandes ciudades; vio nacer, cambiar y pasar (real o idealmente) las modas y las novedades de las invenciones; son, pues, para él aspectos corrientes, y por eso incoloros, de una cosa continuamente ya sabida, como las personas con quien convivimos, aunque de día a día sean diversas, son todavía, para nosotros idealmente las mismas.

Situado mentalmente entre los dos, el provinciano siente, si, la artificialidad del progreso y por eso mismo la ama. Para su espíritu despierto, incompletamente despierto, lo artificial nuevo, que es el progreso, le atrae como novedad, más aun sentido como artificial. Y, porque es sentido como artificial es sentido como atractivo, y es por artificial que es amado. El amor a las grandes iudades, a las nuevas modas, a las últimas novedades es lo característico distintivo del provinciano.

Si de aquí se concluye que la gran mayoría de la humanidad civilizada está compuesta de provincianos, se ha concluido bien, porque así es. En las naciones civilizadas, la élite escapa, en gran parte, y por su misma naturaleza, al provincianismo. La tragedia mental de Portugal presente es que, como veremos, nuestra élite es estructuralmente provinciana.

No se establezca, pues sería un error por analogía o yuxtaposición, entre las dos clasificaciones hechas, de camadas y tipos mentales. La primera, de sociología estática, define los estados mentales en sí mismos; la segunda, de sociología dinámica, define los estados de adaptación mental al ambiente. Hay gente del pueblo mental que es citadina en sus relaciones con la civilización y hay gente de la mejor élite mental –hombres de genio y talento-, que es un campesino en sus relaciones.

Por las características indicadas del provinciano, inmediatamente se verifican que la mentalidad de él es perfectamente semejante a la de un niño. La reacción de un provinciano a sus artificialidades, que son las novedades sociales, es igual a las del niño a sus juguetes. Ambos las aman espontáneamente porque son artificiales.

Ahora, lo que distingue la mentalidad de un niño es, en la inteligencia, el espíritu de imitación; en la emoción, la vivacidad pobre; en la voluntad, la impulsividad descoordinada. Son estas, por tanto, las características que encontraremos en el provinciano; fruto en el niño de falta de desarrollo civilizacional, y así ambos efectos de la misma causa: falta de desarrollo. El niño es, como provinciano, un espíritu despierto, pero incompletamente despierto.

Son estas características las que distinguirán al provinciano del rural y del citadino. En el hombre rural, semejante al animal, la imitación existe, pero en la superficie y no como en el infante o en el provinciano, que viene del fondo del alma; la emoción es pobre, aunque es vivaz, es concentrada y no dispersa; la voluntad, si de hecho es impulsiva, tiene, con todo, la coordinación cerrada del instinto, que substituye en la práctica, salvo en materia compleja, a la coordinación abierta de la razón. En el individuo citadino, semejante al hombre adulto, no hay imitación, pero si aprovechamiento de los ejemplos ajenos, y es a eso que se llama, en la práctica, experiencia, en la teoría, cultura; la emoción, aun cuando no es vivaz, es con todo rica, porque es compleja, y es compleja porque ser complejo quien la experimenta; la voluntad, hija de la inteligencia y no del impulso, es coordinada, tanto que aun cuando parezca desfallecer, fallece coordinadamente, en propósitos frustrados pero idealmente sistematizados (propósitos estéticos).

Recorramos, mirando sin anteojos de cualquier grado o color, el paisaje que nos presentan las producciones e improducciones de nuestra élite. Verificaremos en ella, aquellas características distintivas del provinciano.

Comencemos por no dejar de ver que la élite se compone de dos camadas: los hombres de inteligencia, que la forman en su mayoría, y hombres de genio y talento, que forman en su minoría la élite de la élite, por así decir. A los primeros exigimos espíritu crítico, a los segundos originalidad, que es, en cierto modo, un espíritu crítico involuntario. Hagamos, pues, incidir el análisis que nos propusimos hacer, primero sobre la pequeña élite de la élite, que son los hombres de genio y talento.

Tenemos, es cierto, algunos escritores e artistas que son hombres de talento; si alguno de ellos es un hombre de genio, no lo sabemos, ni importa para el caso. En ellos, evidentemente, no se puede revelar en absoluto el espíritu de imitación, pues eso implicaría la ausencia de originalidad y la ausencia de talento. Ellos, nuestros escritores y artistas son, originales por vez primera, lo cual es inevitable. Después de esto no evolucionan, no crecen; fijados en el primer momento, viven parásitos de sí mismos, plagiándose indefinidamente. A tal punto es así, que no hay, por ejemplo, poeta de nuestro presente – de los célebres por lo menos- que no quede completamente leído cuando esté completamente leído, en que la parte no sea igual al todo. Y si en uno u otro se nota, cierta altura, lo que parece ser una modificación de su manera, el análisis revelará que la modificación fue regresiva: el poeta o perdió la originalidad y esa fue su diferencia, o decidió comenzar a imitar a otros por la impotencia de progresar interiormente, o resolvió, por cansancio, amarrarse a la carroza de una doctrina externa, como el catolicismo o el internacionalismo. Describo abstractamente los casos concretos y no necesito explicar porque no junto a cada ejemplo el individuo que me lo provee.

El mismo provincianismo se percibe en la esfera de la emoción. La pobreza, la monotonía de las emociones de nuestros hombres de talento literario y artístico, salta al corazón y aflige la inteligencia. Emoción viva, si, como era de esperarse, pero siempre la misma, simple, sin el auxilio crítico de la inteligencia o de la cultura. La ironía emocional, la sutileza pasional, o la contradicción del sentimiento, no las encontraras en ninguno de nuestros poetas emotivos, que son casi todos. Escriben, en materia de lo que sienten, como escribiría el padre Adán, si hubiese dado a la humanidad, además del mal ejemplo ya sabido, otro peor , el de escribir.

La demostración queda completa cuando conducimos el análisis a la región de la voluntad. Nuestros escritores e artistas son incapaces de meditar una obra antes de hacerla, desconocen lo que es la coordinación, por la voluntad intelectual, de los elementos proveídos por la emoción, no saben lo que es la disposición de materias, ignoran que un poema, por ejemplo, no es más que una carne de emoción cubriendo un esqueleto de raciocinio. Ninguna capacidad de atención e concentración, ninguna potencia de esfuerzo meditado, ninguna facultad de inhibición. Escriben al sabor de la inspiración, que no es más que un impulso complejo del subconsciente que cumple siempre sometiendo, por una aplicación centrípeta de la voluntad, la transmutación alquímica de la consciencia. Producen como Dios les sirve, y Dios queda mal servido. No sé de poeta portugués de hoy que sea, constructivamente de confianza para algo más que un soneto.

Hechos estos reparos analíticos en cuanto al estado mental de nuestros hombres de talento, es inútil extender este breve estudio para el resto. Si la élite de la élite es así, como no ser así el resto. Hay pues, un elemento común en la camada mental superior que hermana a las dos, y hermanados define: la ausencia de ideas generales, y por lo tanto, del espíritu crítico y filosófico que viene de tenerlas. Nuestra élite política no tiene ideas excepto sobre política, y las que tiene sobre política son plagiadas servilmente del extranjero –aceptadas, no porque sean buenas, sino porque son francesa o italianas, o rusas. Nuestra élite literaria es aún peor, ni sobre literatura tiene ideas. Seria trágico, a fuerza de ser cómico también, el resultado de una investigación sobre por ejemplo, las ideas de nuestros poetas celebres.

Portugal entre Passado e Futuro

 

PAISAJES INTERIORES

Al maestro Caeiro, por enseñar tanto sin existir.

Me gusta el campo, la sierra y el mar
Porque no soy del campo, ni de la sierra, ni del mar.
Me gustan porque soy de la ciudad. Si fuera del campo, la sierra o el mar,
No me gustarían,
Me harian falta.

Gustamos de lo que no somos
Porque amamos lo que somos,
Y porque somos, nos hace falta.

Hay un sentido oculto en la manera
De desear lo que no somos
Para ser lo que no amamos.

REQUIEM POR PESSOAS

Y en el filo del abismo de donde todo viene, el 30 de noviembre del 1935, a los 47 años, se oye un clamor interno:

No sé lo que traerá el mañana

El hombre que indagó al infinito en sueños se acerca a su principio. Todos acuden del mundo de los otros. Alvaro Campos, Alberto Caeiro (rubio y de ojos azules como los sentimientos que nunca tendrá), el inmortal Bernardo Soares (con el tedio de ser inmortal y no esperar nada) y el anónimo Barón de Teive. Cada dramática existencia celebra la resurrección del  nacimiento de su padre. En el nombre del más alto grado estético de existir, el del creador de vida, se congregaron sus hijos, las  sensibilidades de su abstracción dramática, que  inmortalizaron, por nacer muertos,  las ideas más bellas del mundo.

Los funerales del Santo Padre se entregaban a la inacción de la voluntad. Y a la santa liturgia del recibimiento en la luz de las tinieblas: el verdadero reconocimiento en muerte.

En su lecho de nacimiento comparecieron los dramas de una vida que siempre fue póstuma.  Y de un lúcido insomnio que es la vida, y de quién despierta, apenas para morir.

COLOQUIO OBSCURO AL DESTINO DE UNA MUJER o ESTETICA DE LA FECUNDIDAD

 

-Pero, al final ¿Quién es usted? ¿Por qué va disfrazado así?

-Contestaré con una sola respuesta a sus dos preguntas: no voy disfrazado.

 

LA HORA DEL DIABLO, FERNANDO PESSOA

  

-Dime hija mía, me dicen que amas, ¿de quién te has enamorado? ¿Del hombre o del artista?

-Del artista, un artista siempre ilumina, en cierta forma. Pero no amaría al artista que no fuera hombre.

-Tampoco amarías al hombre que no fuera el artista. ¡Aquel corrupto y sensible que usurpó tu atención! Y dime, por el bien de todos ¿Por qué no sigues tu camino hacia ningún lugar?

-Tiendo a sentirme atraída hacia las criaturas elegantes, hacia cierta belleza elemental en el pensar, que aunque la estimo desahuciada, merece, si es que alguien puede merecer algo.

-Me sorprende tu inteligencia, que aunque eres femenina y bella, se supone que no deberías… ¡Mujer solitaria condenada al vacio de la angustia! Tienes eso que constituye el intento máximo de la evolución, la sed de vida más allá de la vida ¿Quieres asomarte por los intersticios de lo cotidiano para encontrar maravillas? Encontrarás sólo vacios y obscuridades, ¡Y esa es la vida! Eres hermosa y fecunda ante la perplejidad, las de tu estirpe siempre han quedado solas, han envejecido en la noche de la vida buscando sensibilidad y espíritu en los hombres. A estos hombres yo los inspiro, son queridas sensibilidades mías, no pueden vivir porque yo los vivo. Descree de ellos a menos que …

– Amo al hombre Padre.

-El hombre es estúpido y cree que el artista lo es todo, y he ahí su estupidez. Ignora a su antojo que su acción, y no su pensamiento lo hace, como si supiera que a diferencia del pensamiento, toda acción está condenada a su circunstancia, y al fracaso. Es bella la constitución del artista, su alma, esa piel del espíritu, y su espíritu, esa imaginaria razón de su dios. Te dejará porque su naturaleza es bastarda y tú eres hábitat.

-¿Qué he de hacer padre?

-El camino de tu fecundidad es la estética superior de los sentimientos, has de formar inteligencias y corazones para el oprobio de tu decadente sociedad, ustedes, y son muy pocas y estratégicas, están pariendo una inteligencia que se regenera ¡Oh mujer necesaria! Tu talento es la manifestación más sublime de la mayor inteligencia que he conocido, el intento supremo, yo mismo soy ajeno a este supremo misterio. Yo que desfiguro toda moral te exhorto: tu dicha es la perspicacia hacia la hermosura íntima de los hombres, y esta hermosura, como toda estética superior, es triste. Tu vientre ha de fecundar la simiente de lo superior.

-¿Es éste acaso el camino de la historia? Aparecían mis antepasados, en sueños vencidos, mujeres de mirada oculta y sensual, en cuyos impulsos obraba una trágica adherencia. Valles femeninos que alimentaban el principio espiritual varonil ¿Acaso mi destino es fecundar el progreso espiritual?

-Has acertado hija mía, esa excelsa verdad es el camino. En tu ventura gozarás de un sentimiento que ha estado reservado para muy pocos, la más elevada significancia de eso que allá abajo denotan con la palabra amor. Vivirás en instantes intensidad y  placer de años. Tendrás dicha y riqueza en tu espíritu, brillarás para el atento espíritu varonil. Desdeña siempre al que no quiera más gloria que el fracaso de su gloria, ama la sed de grandeza y la belleza del pensar.

-Es maravilloso padre.

-No lo es hija mía. Pero tu belleza, y déjame clamar que eres bella, es el aliciente del encanto oculto alrededor del cual giramos todos los espíritus de la criaturas vivientes. La luz de todas las criaturas obscuras. Toda esa eterna contradicción es espiral hija mía. Un discípulo mío llamado Voltaire declaró que el verdadero cauce espiritual es circular, pero es una eterna espiral el cauce de todo conocimiento. Y tú, que sacrificas belleza para engendrar vida mas allá de la vida,  sabrás que todo es para lo venidero, que tus hijos calibrarán la decadencia de tu pueblo, y serán el alimento espiritual para la humanidad que pueda valorarlo. Todo talento superior es para la posteridad, y tu hija mía, serás el seno que ha de cuidar a estas egregias criaturas.

-Amo el arte padre, qué es lo único incorrupto de todo lo que conozco.

-El arte es la copulación del alma y espíritu hija mía. El espíritu te fecundará como al Cristo, y lo protegerás de ese vicio humano de desdichar a sus genios.

-Me siento triste ¿Seré triste?

-No serás triste como los demás, de una tristeza vacía. Te consolará saber que no hay mucho amor a tu alrededor, sólo un culto al placer al que los seres se entregan y se engañan con esa palabra. El pobre ser amado, inocente por lo demás, será abandonado cuando deje de ser placentero para su amante. No se ama por lo que se es, sino por lo que se siente, ¡y esto hija mía, es lo incognoscible!  Ni siquiera acarician la intensidad del placer estético, aquel asombro de una terrible y hermosa verdad. Pocas consciencias han sentido el verdadero asombro y entrega al que cantan los poetas. Y tú lo vivirás, sentirás la pasión, el asombro, la entrega y el abandono antes de que se corrompa. Serás de una tristeza superior como es la naturaleza de la sabiduría, serás el vino y la piel de mi discípulo Khayyam.

– Siento que este sueño no lo he de tener nunca más Padre.

-Yo no soy tu padre hija mía, soy un ángel caído, antiguos griegos me llamaban Demónico. Yo no te volveré a hablar hija mía porque no necesito de ninguna devoción, yo tengo el latido de todos los poetas.

 

Mis queridos vegetales

un testimonio_vegetativo, de Bernardo Soares, por Fernando Pessosa

Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices. Sus vidas humanas están llenas de todo lo que no sería sino angustia para una sensibilidad verdadera. Pero, como la vida real que llevan es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar solamente a la de un hombre con dolor de dientes que hubiese recibido una fortuna -la fortuna auténtica de vivir sin darse cuenta, el don mas alto que los dioses conceden, porque es el don de permitir a un hombre ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) tanto a la alegría como al dolor.

Por eso, pese a todo, a todos lo amo. ¡ Mis queridos vegetales!.

 

Consejos a las Mal Casadas

Una recopilación_desaconsejable de Fernando Pessoa, por Luis Daniel

“El pudor es una condición sine qua non del placer sexual”

Mis queridas discípulas, les deseo, junto con un fiel, cumplimiento de mis consejos, inumerables y multiplicadas  voluptuosidades con el, no en los actos del, animal macho al que la Iglesia o el Estado las haya atado por el vientre y el apellido.

Es afirmando los pies en el suelo que el ave emprende el vuelo. Que esta imagen, hijas mias, sea en ustedes perpetuo recuerdo del único mandamiento espiritual.

Ser una cocotte ¹, llena de todos los vicios posibles, sin traicionar al marido, ni siquiera con una mirada – la voluptuosidad de todo esto ha de ser tu logro si sabes obtenerlo.

Se cocotte hacia adentro, traicionar al marido hacia adentro, estar traicionándolo en los abrazos que se le dan, que no sea para él el sentido del beso que se le da – oh, mujeres superiores, oh mis enigmáticas cerebrales – la voluptuosidad es eso.

¿Por qué no aconsejo esto a los hombres también ? Porque el hombre es otra especie de ente. Si es inferior, le recomiendo que se valga de cuentas mujeres pueda:  que lo haga y reciba mis desprecios. En cuanto al hombre superior no tiene necesidad de ninguna mujer. No le es necesaria la posesión sexual para alcanzar la voluptuosidad. Pues bien, la mujer, incluso la que es superior, no acepta esto: la mujer es escencialmente sexual.

 

¹ Cocotte, mujer de vida mundana y ligera. En francés en el original.