La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: especulaciones

IDEAS ESTÉTICAS: PROFESA LA IGNORANCIA Y NO EL CONOCIMIENTO

Si hay un mapa que se pueda imaginar, todo cae entre un norte y un sur. Explicar algo, situarlo entre el bien y el mal, o crear un pensamiento, o idea, y analizarlo, son formas sensibles del espíritu que escribe en hojas del papel de la consciencia. Todo vive entre la ignorancia y el conocimiento.
La vida de un pobre escritor se debate entre dos fechas fatales, sus pequeñas resurrecciones diarias, y el universo de su pasado irreal. Todo llama a gritos a otro todo eterno, y cuya forma de ignorarlo nos es desconocida. Una certeza es tan sólo una gradación que inevitablemente volverá a toparse, mas arriba, con su propia ignorancia. La luminiscencia de la vida tiene sombras interiores, y el texto que se vale de estas comparaciones, para ilustrar el papel en blanco con el que pretendemos vivir, es como el medio día, en el que las sombras y las certezas, desaparecen, y la luz revela la oscuridad de todo. Punto ciego e instantáneo donde la verdad quiebra la mentira, y el estruendo mudo, ensordece al espíritu con el desconocimiento de la vida.

Cualquier tipo de decisión, que se engañe entre la libertad y el deseo es, a cualquier otro nivel, en la escalera de las causas primeras y fines últimos, obra de fuerzas superiores que dirigen el destino de todo. La libertad es la corriente de un mar que navegamos cuando creemos que estamos en tierra firme.

Ignorar lo que se sabe, saber lo que se ignora, son bebidas de la nada luminosa que se apodera del espíritu, círculos de todas las ignorancias posibles y erudición hacia las preguntas ultimas.

La perplejidad es la luz de la ignorancia.

LA SENSIBILIDAD DE LAS BESTIAS

Sin duda, torear es dominar al animal, pero es también, y a la vez, una danza ante la muerte, se entiende, ante la propia muerte.

La Caza y los Toros, José Ortega y Gasset

 

Entre la ignorancia y la estupidez, cuya delgada frontera es sólo la voluntad de ignorar, me quedo con la inocencia de la primera, la inocente convicción de que todo es complejo e intrincado, y que mi limitado conocimiento, me puede liberar de la perversión del obrar justamente.

Un hombre que se sabe ignorante es un hombre justo.

Dentro de la fauna de la estupidez relevante, la que prescribe e influye sobre los demás, la intención anti taurina ha llamado especialmente mi atención; y no por su causa, que es noble y desinteresada, no. Lo que ha llamado mi atención es la estrechez intelectual con la que defienden sus intenciones, y no digo el insulto y la animadversión que buena falta les hace para enfrentarse al argumento y a la razón. Lo que subrayo, no sin cierto desconcierto, es el convencimiento tajante, de que para debatir u opinar sobre una práctica, mixtura de teatro y realidad, de figuración y plasticidad, es absolutamente innecesario comprenderla.

La estupidez es precisamente eso, la creencia sentimental de que es moral y legitimo no comprender, ni tener el menor reparo en hacerlo, al momento de opinar. Por no decir el peligro de legislar a partir de convicciones personales.

Fiel al lenguaje, el hombre pensante, desde siempre, en lo policial militar, pasando por lo político, lo científico y lo artístico, se ha ocupado de comprender aquello que despierta las razones de su obrar. La amputación espiritual anti taurina es tal, que me sugiere, que cualquier operación mental se ve inhibida, y en adelante disminuida, cuando está sometida a un efectivo adoctrinamiento visual y emocional. Un sistema de propaganda medieval que arrastra las profundas frustraciones sentimentales de seres que no comprenden lo que ven, simplificaciones emotivas, afrentas sensibles y comparaciones pueriles, como toda panfletaria que acaudilla a los peatones del tiempo libre para sus más emotivas causas. Los aficionados taurinos saben muy bien esto, que es inútil argumentar frente a la propaganda, porque para discutir se necesitan al menos dos seres racionales. Cualquier discusión es inútil, no hay forma de razonar ante la sensibilidad de las bestias. No hay razón que pueda valer cuando está en juego la idea de un mundo mejor, de una civilización que no necesita comprenderse ni tolerarse.

EL ALCOHOLISMO DE LA ABSTENCION

Detestad la música vulgar, pero no la despreciéis

MARCEL PROUST, La muerte de las catedrales.

 

Cuando la inteligencia penetra el mundo interior que desconocemos, se somete a las perturbaciones del alma; el alma, que para vivir no hay que conocerla, teje los hilos de la emoción; y la inteligencia, que para vivir no hay que tenerla, guía el camino ajeno. Aplicar la inteligencia sobre las operaciones emocionales se vuelve un deleite arduo y bello cuando engendran una gran verdad.

La inteligencia determina que el deseo se separa de su realización en la fisura de la oportunidad, a este lado de la fisura, en estado estático de permanente búsqueda, y por tanto angustia, está el anhelo de belleza y conocimiento; al otro lado de la fisura, en estado dinámico, y por tanto circunstancial, su realización, que por someterse al flujo natural de las cosas, las gentes, los excesos y las ausencias, se ve sometida a todo lo que lo rodea. Esta condición dinámica del deseo, a diferencia de su condición estática, que determina una voluntad más íntima, se manifiesta en general, en un irregular deseo sobre todo lo que lo rodea. Revísese aquí, la volatilidad con el que el deseo transita para una mente sin ideas ni perturbaciones. Íntima relación entre objetos de placer y espíritu que forman tristemente el temperamento de aquellos vegetales que desconocen la vida interior.

La necesidad de los otros es un agravante para este tipo de psicologías.

La necesidad de placer, tan necesaria sobre la angustia, hija de la búsqueda, y la miseria alrededor, conciben al vicio como alimento espiritual. En condiciones así, la inteligencia bendice la maldita condición de ser un individuo de excepción.

El alcoholismo, como cualquier otra necesidad espiritual, disfruta el placer que su divina sustancia entrega, sacia el deseo que la voluntad incuba forma íntima, pasiva y centrifuga (hacia el interior). La circunstancia de beber, en cambio, alejada un poco del círculo íntimo de la voluntad, y más próxima a los fenómenos triviales de las cosas y las personas, se manifiesta en las capas más exteriores de la personalidad, como la educación y la cultura. La cultura inhibe, por medio de la decencia, la necesidad de cualquier sustancia. Combatir la corrosión de los vicios y hacer de la angustia una inevitable tragedia interior que no pueda huir de la concepción de bellas ideas es, por tanto, la obligación estética, de los superiores, claro está.

Por esto, toda decadencia referida al ejercicio de un vicio, es siempre el resultado de una pobre educación sentimental, y nunca del vicio. Que tendrá que ver la necesidad íntima con la decencia?.

Comprendiendo estas manifestaciones y sus elementos, paso a inferir que la necesidad de un vicio alberga sus causas en los espacios más profundos del ser, y que al placer de su realización, su emanación, y toda la humanidad que lo rodea, son los efectos de las capas más exteriores de la personalidad, como el lenguaje social o la cultura. Convierto así, en elegante y humana, la condición de un alcoholismo, por el clamor en la inanidad de las cosas, y la espiritualidad intensa e inmediata que la ebriedad otorga, y la condición de una abstención, por la elegancia y el escrúpulo de la formación cultural y sentimental. Como el comercio del deseo que bien conocen como temple los avatares espirituales, sacrificando lo que más desean, y abrazando lo que más repudian. La manifestación superior está en la dignidad con que el espíritu encara la necesidad de llenar los vacíos del alma, que cuanto más sensible, más vacía.

La decadencia y la degeneración del hombre, de cualquier índole, es el resultado de una ausencia espiritual en su personalidad (una ausencia muy presente), y es sólo esta condición, la responsable de toda precariedad del género humano. Una educación sentimental y estética mitiga elegantemente cualquier manifestación hedonista y devocionaria de un vicio; la ausencia de la misma trae la degeneración del individuo sensible y sin voluntad.

No cultivemos la abstención en exceso, ni ningún tipo de exceso, en su lugar, seamos mínimos en los deseos y las sensaciones. Seamos en lo posible, dificultosamente simples en los escrúpulos de la atención hacia el placer.

Es bello y triste, y por tanto, más bello aún, reconocer que a mayor poder mayor placer, y que a mayor angustia, mayor poder, y que la victoria sobre la obstinación placentera es el divino fracaso …

Licito y superior es pues, manifestarse en un alcoholismo que se abstiene de la bebida, pues deja para lo trivial, todo lo mundano que rodea a las botellas y los hombres. La necesidad, la privación, y la renuncia a la obstinación por lo perfecto, se me revelan como una estética de la voluntad, voluntad que late flanqueada por la imposibilidad de un deseo que se manifiesta, sin revelarse.

Queda así realizada, esta hermosa contradicción que se intitula a sí misma.

 

APUNTES SOBRE UNA ESTETICA DEL ESPIRITU

La estética es pues, el comienzo del final de una búsqueda espiritual, el sobrecogimiento al que nos eleva el placer del espíritu,  revelado por la combinación transfigurada de una humana y bella verdad. No concibo una estética fuera de toda significancia de vida, ni un arte que no linde con la sustancia más íntima de la vida.

Y hablo de la vida del hombre de la calle.

Cuanto más artificial se vuelve el aspecto humano, la posibilidad estética se macula, y tiende a desaparecer. Es el artificio predecible y monótono, incapaz de asombrar, ni revelar o ilustrar un sentimiento, el que derrota todo placer de la existencia. La estética desaparece en cada formulación repetitiva y simplista de la vida.

Cada contradicción de una conducta comporta una estética, desde que su fin es superior y noble, o desde que es cruel y bello, y desde que el artista lo supera en su desafío revelador. Un artista que habla en imágenes siempre las supera a través de ellas. Siempre hay algo más en todo lo que hay. Y tanto más crujan las verdades en sentido contrario, mayor será chispa estética. La estética es masculina por cuanto puede ser melancólica, intelectual y sublime,  y casi siempre lo es, por sobre la belleza que es femenina intensa, armoniosa directa  y alegre.

La estética, a diferencia de la belleza que busca armonía y paridades, procura una desventaja, un contraste, una debilidad y una vulnerabilidad. Es el placer que el espíritu encuentra en la diferencia armoniosa de fuerzas.

ESTETICA DE LA VICTORIA

La estética de la victoria aparece en la disparidad y en la persistencia, y en la inteligencia de la persistencia. Es el triunfo de la inteligencia por sobre la fuerza, de lo sabio por sobre lo vulgar y abestiado, y no es la imposición predecible y vulgar de la fuerza, ni del fuerte, sino la imposición del espíritu, que siempre en desventaja, conquista a las fuerzas grotescas y pasionales que pretenden gobernar la realidad.

ESTETICA DE LA DERROTA

La estética de la derrota, por el contrario,  no invierte el sentido de la inteligencia por sobre la fuerza, sino que resuelve, por operaciones morales tal vez, una derrota suprema por sobre una victoria falaz, invierte el fin de las causas primeras y revela  las causas de los fines últimos. La derrota se convierte en una victoria a los ojos de la sensibilidad. La gran derrota puede ser el triunfo de una terrible verdad.

La estética de la derrota de un fin noble y superior  por la misma inocencia de su designio, la imposibilidad donde se concentra lo infructuoso de la voluntad y su destino.        

La estética es la belleza diligente que, menos intensa que la real, se aprecia en el arte cuando es auténtico.

COLOQUIO OBSCURO AL DESTINO DE UNA MUJER o ESTETICA DE LA FECUNDIDAD

 

-Pero, al final ¿Quién es usted? ¿Por qué va disfrazado así?

-Contestaré con una sola respuesta a sus dos preguntas: no voy disfrazado.

 

LA HORA DEL DIABLO, FERNANDO PESSOA

  

-Dime hija mía, me dicen que amas, ¿de quién te has enamorado? ¿Del hombre o del artista?

-Del artista, un artista siempre ilumina, en cierta forma. Pero no amaría al artista que no fuera hombre.

-Tampoco amarías al hombre que no fuera el artista. ¡Aquel corrupto y sensible que usurpó tu atención! Y dime, por el bien de todos ¿Por qué no sigues tu camino hacia ningún lugar?

-Tiendo a sentirme atraída hacia las criaturas elegantes, hacia cierta belleza elemental en el pensar, que aunque la estimo desahuciada, merece, si es que alguien puede merecer algo.

-Me sorprende tu inteligencia, que aunque eres femenina y bella, se supone que no deberías… ¡Mujer solitaria condenada al vacio de la angustia! Tienes eso que constituye el intento máximo de la evolución, la sed de vida más allá de la vida ¿Quieres asomarte por los intersticios de lo cotidiano para encontrar maravillas? Encontrarás sólo vacios y obscuridades, ¡Y esa es la vida! Eres hermosa y fecunda ante la perplejidad, las de tu estirpe siempre han quedado solas, han envejecido en la noche de la vida buscando sensibilidad y espíritu en los hombres. A estos hombres yo los inspiro, son queridas sensibilidades mías, no pueden vivir porque yo los vivo. Descree de ellos a menos que …

– Amo al hombre Padre.

-El hombre es estúpido y cree que el artista lo es todo, y he ahí su estupidez. Ignora a su antojo que su acción, y no su pensamiento lo hace, como si supiera que a diferencia del pensamiento, toda acción está condenada a su circunstancia, y al fracaso. Es bella la constitución del artista, su alma, esa piel del espíritu, y su espíritu, esa imaginaria razón de su dios. Te dejará porque su naturaleza es bastarda y tú eres hábitat.

-¿Qué he de hacer padre?

-El camino de tu fecundidad es la estética superior de los sentimientos, has de formar inteligencias y corazones para el oprobio de tu decadente sociedad, ustedes, y son muy pocas y estratégicas, están pariendo una inteligencia que se regenera ¡Oh mujer necesaria! Tu talento es la manifestación más sublime de la mayor inteligencia que he conocido, el intento supremo, yo mismo soy ajeno a este supremo misterio. Yo que desfiguro toda moral te exhorto: tu dicha es la perspicacia hacia la hermosura íntima de los hombres, y esta hermosura, como toda estética superior, es triste. Tu vientre ha de fecundar la simiente de lo superior.

-¿Es éste acaso el camino de la historia? Aparecían mis antepasados, en sueños vencidos, mujeres de mirada oculta y sensual, en cuyos impulsos obraba una trágica adherencia. Valles femeninos que alimentaban el principio espiritual varonil ¿Acaso mi destino es fecundar el progreso espiritual?

-Has acertado hija mía, esa excelsa verdad es el camino. En tu ventura gozarás de un sentimiento que ha estado reservado para muy pocos, la más elevada significancia de eso que allá abajo denotan con la palabra amor. Vivirás en instantes intensidad y  placer de años. Tendrás dicha y riqueza en tu espíritu, brillarás para el atento espíritu varonil. Desdeña siempre al que no quiera más gloria que el fracaso de su gloria, ama la sed de grandeza y la belleza del pensar.

-Es maravilloso padre.

-No lo es hija mía. Pero tu belleza, y déjame clamar que eres bella, es el aliciente del encanto oculto alrededor del cual giramos todos los espíritus de la criaturas vivientes. La luz de todas las criaturas obscuras. Toda esa eterna contradicción es espiral hija mía. Un discípulo mío llamado Voltaire declaró que el verdadero cauce espiritual es circular, pero es una eterna espiral el cauce de todo conocimiento. Y tú, que sacrificas belleza para engendrar vida mas allá de la vida,  sabrás que todo es para lo venidero, que tus hijos calibrarán la decadencia de tu pueblo, y serán el alimento espiritual para la humanidad que pueda valorarlo. Todo talento superior es para la posteridad, y tu hija mía, serás el seno que ha de cuidar a estas egregias criaturas.

-Amo el arte padre, qué es lo único incorrupto de todo lo que conozco.

-El arte es la copulación del alma y espíritu hija mía. El espíritu te fecundará como al Cristo, y lo protegerás de ese vicio humano de desdichar a sus genios.

-Me siento triste ¿Seré triste?

-No serás triste como los demás, de una tristeza vacía. Te consolará saber que no hay mucho amor a tu alrededor, sólo un culto al placer al que los seres se entregan y se engañan con esa palabra. El pobre ser amado, inocente por lo demás, será abandonado cuando deje de ser placentero para su amante. No se ama por lo que se es, sino por lo que se siente, ¡y esto hija mía, es lo incognoscible!  Ni siquiera acarician la intensidad del placer estético, aquel asombro de una terrible y hermosa verdad. Pocas consciencias han sentido el verdadero asombro y entrega al que cantan los poetas. Y tú lo vivirás, sentirás la pasión, el asombro, la entrega y el abandono antes de que se corrompa. Serás de una tristeza superior como es la naturaleza de la sabiduría, serás el vino y la piel de mi discípulo Khayyam.

– Siento que este sueño no lo he de tener nunca más Padre.

-Yo no soy tu padre hija mía, soy un ángel caído, antiguos griegos me llamaban Demónico. Yo no te volveré a hablar hija mía porque no necesito de ninguna devoción, yo tengo el latido de todos los poetas.

 

ESTETICA DEL AMOR

Nunca amamos a nadie, amamos solamente la idea que nos hacemos de alguien, nos amamos a nosotros mismos por medio del otro. En el amor sexual, o cualquier tipo de amor, buscamos el placer propio que nos da el estar con otro.

FERNANDO PESSOA

Imagino con inteligencia los tres niveles de ese hecho estético que constituye  la unión de dos seres humanos: sexo, amor e intelecto. Imagino también  en ese inflexivo ordenamiento de la vida, un reflejo de los tres planos que constituyen al ser: cuerpo, alma y espíritu.  Todo caos, cuando no sufrimiento, es la infructífera intención de esperarlo  todo de un mismo ser  y al mismo tiempo. Tal es la naturaleza de los relacionamientos, cuando no un reflejo de nuestra naturaleza, que aquel inquieto y agobiado espíritu, con suerte, se limitará a equilibrarse entre lo sexual y afectivo, sacrificando su espíritu intelectual, para una solitaria vida interior.

Para el ser culto y sensible la plenitud que trastoca  a la felicidad vive en el equilibrio racional de estos tres planos.

Dejando al plano sexual como un simple funcionamiento sensorial merecedor de otro tipo de análisis, el afectivo consiste en el común imaginario que toda la literatura se ha propuesto glorificar. El complejo fenómeno del apasionamiento se parece a la cristalización de un inculcado imaginario interior y de aquella memoria afectiva que es el alma. Ortega y Gasset postulaba que la pasión es un defecto del alma, por la cadena de sucesos infaustos que se auto flagela cuando no es correspondida.

El alma, al estar entre el cuerpo y espíritu, es femenina y platónica, es sensibilidad pura y pasiva, atormentada por el embrujo sensorial del cuerpo se fortalece o es débil, es intuición, emoción y subjetividad. El espíritu es varonil, masculino, actúa y es fuerza, mas conectado al intelecto y a las razones puras, es místico y  la relación más elevada con el todo, es la excelsis del ser que puede ser débil o indómito, es metafísico y aristotélico. 

El arte lo es todo, razón y emoción.

El amor intelectual como instancia superior del relacionamiento es el más alto y sublime sentimiento que se puede vivir, y no es de extrañar que sólo una élite espiritual llegue a vivir esta maravillosa manifestación humana. El amor por la virtud, por lo bello, lo místico, por la belleza en el razonamiento y la estética son las atribuciones de este varonil sentimiento que los griegos evocaron en  el amor al conocimiento. Cuando este sentimiento nace hacia un ser, se produce independientemente del sexo, una atemporalidad en la unión; uniones estas que se declaran libres y jamás circunstanciales. Este razonamiento parece coincidir con la idealización causante de lo afectivo, un amor idealizado no necesita una manifestación intelectual, no hay conversaciones, ni alegres controversias, se asemeja más a un estado de estupidez y de anodadamiento en que la contemplación y el silencio lo llenan todo.

La disfuncionalidad del común de las relaciones, puede ilustrarse como una búsqueda  en una pirámide imaginaria que comienza,  por la fijación física de cánones socio-culturales en la inmensa masa de posibles compañeros sexuales. Escoger o ser escogido, y subir al siguiente nivel es sólo inercia, aquí conspiran pareceres, intimidades, carencias  y contemplaciones.

Nace la pasión  y acaece el hecho estético.

En este estadio el alma es el centro de todo. El propósito de esta especulación es comparar este suceso a la estética que embalsa al artista, hecho que para él es sólo el comienzo, pues ante esta pulsión íntima y suprema el artista, si es verdadero, agotará el desarrollo de todo su talento y todos sus filtros intelectuales para elevarla  hacia una estética superior; para él, la sensibilidad obcecada no puede quedarse ahí,  es imperante que la realización se produzca a nivel intelectual, sea cual fuere la disciplina artística, el intelecto no descansará hasta producir ese milagro estético que eleva su propia condición. Cuando obra la estética superior, se reproduce un indefinido dialogo que eleva al alma que la contempla. Esta reproducción es el misterio indefinido de la creación estética.

En el amor, la realización afectiva ha de ser sólo el inicio de la plenitud espiritual.

Regresando a la pirámide, y después del ya reducido grupo de compañeros afectivos, está el sublime y más ínfimo aún grupo de compañeros intelectuales, a estos les está designado el amor más puro, gozarán del triunvirato sexual-afectivo-intelectual, pero además descansaran sus años en el amor libre, el amor inmaculado que no reconoce compromisos, posesiones ni intereses afectivos. Más allá del deseo afectivo, los amantes se realizaran en la creatividad  de sus intelectos, en la mutua admiración y en la evolución consciente y artística. Asimismo y sutilmente, desaparece el derecho toda exclusividad, ya que la elevación del hecho estético puede ajena a cualquier interés afectivo. Esta es la punta de la pirámide, y el paralogismo cultural que envuelve al amor romántico consiste en la infinitésima probabilidad de encontrar al bien amado apuntando desde una abundante masa sexual.

Además de tal sincera equivocación, lo infructuoso del hecho cultural, como casi todo en el amor, es el reducido campo de acción que la sociedad les atribuye a los amantes, la monogamia y la comprobación  no menos sabia de que la poesía siempre le ha cantado a los amantes y jamás  a los casados, conspira contra de la realización intelectual de aquellos. Pareciera que el embrujo y la tormenta claudican en la posesión dejando al los amantes inconclusos.

De cualquier forma, todo despropósito sentimental podrá llevarse en relativa paz en la medida de que el alma consiga razonar y cristalizar su estado.

El día que tú te cases he de ir a verte a la iglesia

para que en tu sacramento haya alguien que te quiera

Así Fernando Pessoa sentencia el desplacer de su autentico amor, sublimando a su alma en fina ironía circunstancial.

Lo que se le atribuye a la novedosa inteligencia emocional no es sino el espíritu que mediante el intelecto varonil obra  sobre el afecto femenil.

IDEAS ESTETICAS

En el ejercicio de la ciencia poética, como en toda disciplina humana, existen observancias que connotan su intensidad. La videncia se inicia en el ojo musical cuya incumbencia es la prosodia y la metáfora. Hay  música y luz en lo ordinario. Exultación del alma en paisaje. Más allá de esta figuración, que no es más que el embrión del artefacto poético, hay un ojo transformador, él que comprende que no hay azar y que este es el supremo azar, él que eleva a la razón a latitudes imaginarias, el ojo intelectual que penetra al alma, la poesía pensada, la inteligencia de la emociones, el misterio de la contradicción que eleva la expresión por encima de sus términos. Hasta aquí el arte en generalidad pero no en virtud. Más allá, en la nada donde se oculta todo, está el magisterio del ojo creador, él que sopla una verdad suprema a la que solo se pueden llegarse por analogías, el ojo que ilumina y ciega y que sólo en instantes alcanza a su dios. La pleamar de la consciencia que ahoga al poeta. Esta lección universal, escindida ya del artefacto poético, me embarga en una soledad obscura cuando me despoja de todo lo humano.

¡Oh pasado doloroso que me sigues como sombras en mi oscuridad!

¡Oh infancia de mi alma en que mi única sombra caía sobre mi cuerpo!

¡Oh sombras y espejos que lo transfiguran todo!

SOBRE EL AMOR, ENTRE FALACIA Y REALIDAD

Para Silvia, La Cordobesa

Siguiendo a la equivocación de Stendhal, que sobre el amor argumentó una cristalización, argumento la posibilidad real –y falaz- de caer en esta maravillosa estrechez en un instante cualquiera.

Me dejo llevar por la falacia y reúno sin querer las piedras que cristalizarán la fenomenología de mi pasión: soledad, cierta decepción, entusiasmo de vida, y finas y minuciosas predilecciones que serán calibradas por lo sucedáneo de cualquier intercambio de pareceres. Una alegre empatización de las coincidencias fijará el cruce de las primeras miradas del alma. La inteligencia y sus pliegues sentimentales son el camino más intenso y corto. Embebido y estrecho, cristalizo a la mujer en proporción a mi insuficiencia. Este es el resultado falaz de una construcción psicológica que pretende ser luz, pero que no es más que color que sin ensombrecer, usurpa mi atención.

Me robaron y con mis propios argumentos.

Esta maravillosa proyección psicológica, que se asienta en la insuficiencia del instinto, y que en el caso de las mujeres, sobre un primitivo aculturamiento que lo inhibe, da nombre propio al pretérito ser ansiado. Pasamos del ser a un ser, -y de éste a todos los seres-  ponderando la vulgaridad de la poligamia masculina, porque lo falaz de la poligamia, es que ésta y la monogamia, son los efectos de distintas emanaciones sensuales del ser. En tanto que la poligamia se ejerce desde el instinto, hay una tendencia a la monogamia en la erotización, y una monogamia propiamente dicha en la espiritualidad.

He aquí el nudo que indesata la falacia y la realidad del fenómeno. De un lado está el fluente cristalino por el que nos dejamos llevar, y del otro lado los escollos, cuando no obtusos meandros que desafiaran todo comercio sentimental que empieza a exigir más y más de uno mismo.

¡Ah la vida útil del apasionamiento! Depender de los mismos elementos psíquicos que la parieron: asombro y entrega; ¿Y habráse visto acaso poeta que no le cante a los amantes? ¿Qué poeta le canta acaso a la adherencia, el respeto, la obligación?.

ENTRE ASCETISMO Y PLACER

En la libertad de la renuncia, si es que en algo se puede ser libre, el común del imaginario cae en una falacia hasta cierto punto verdadera. Hay valía en la renuncia del placer corpóreo para la disciplina del espíritu, pues la voluntad de la inteligencia aunada al espíritu de ansia, siempre ha de cuestionar cualquier necesidad social.

Pero no hay renuncia sin un comercio del placer, así, para la lujuria, implica su frugalidad, para el que todo parece tener, todo merece dejar, para el devoto de la estética vanguardista, la virtud de la modestia, para el análisis complejo, su disección filosófica. La educación espiritual ha de limitarse al fino trazo entre usufructo y la renuncia, pues sólo ahí el espíritu ha de ejercer la fuerza de su voluntad.

La naturaleza superior de las cosas ha dispuesto que el mayor placer haya de venir después del mayor poder.

Postular en la ociosidad del dogma, que una castración de la voluntad hacia todo objeto de placer disciplina al espíritu, no sólo es falaz, sino peligroso para el seguidor limitado, pues no solo atenta contra la pureza, sino que trastorna la educación espiritual. No sólo habría que concebir una renuncia a la medida de cada psicología del deseo, sino asimilar también, la incómoda verdad, de que no es posible renunciar a lo que no se desea.

La indiferencia filosófica es tal, que pensando que renunciar al placer evasivo de los otros, serán mas ellos mismos y menos su otredad a la que desdeñan autoerigiéndose por sobre sus defectos.

No conozco mayor renuncia que la abdicación a hacer el bien.

EL ENIGMA DE PEREC

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Postulo que George Perec prologa en su novela “La vida instrucciones de uso” (1978) un rompecabezas universal: un creador profeta de todos los movimientos, y un jugador que se debate en sus posibilidades. El problema es eterno, y por tanto filosófico; pero también es nuevo si se plantea al creador y al jugador como dos intuiciones –a diferentes niveles- que sólo obran ante una estética estimulante. El creador sólo como un conocedor pretérito y la estética como la figuración del rompecabezas. Ambos intuyen una lógica –tal vez emocional- que justifique su movimiento. El cuidado del creador se evidencia en la predilección, el análisis y el contrasentido final que atenta al movimiento. La seducción del enigma es el insospechado fracaso de cada hombre.

Aquella pieza, levemente simétrica, que se revela conforme en aquella explanada, termina en una perfección de afinidad opuesta, como rebelándose sobre lo frívolo.  

El enigma le inteligencia un obstáculo a la voluntad. La belleza de esta pericia es el tiempo y su riqueza combinatoria, sólo la imaginación de elevados hombres y de varias épocas podrá definir al enigma, acaso el mismo creador.

Un creador enciclopédico de la predilección humana, y el influjo de su creación es lo que prologaba Perec. Un rompecabezas no figurado, infinitamente asimétrico, circular en espíritu, es lo que prologo yo a mis líneas de vida, como una geometría antes de ser descubierta.

A Borges le perturbó el laberinto, a mí me sobrecogen las contradicciones circulares que sólo la poesía eleva como verdad.