La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: ensayo

EL PROVINCIANISMO

EL PROVINCIANISMO PORTUGUES

Por, FERNANDO PESSOA

Traducción de Luis Collazos

Si fuese preciso usar una sola palabra para definir el estado presente de la mentalidad portuguesa, la palabra seria provincianismo. Como todas las definiciones simples, esta, después de hecha, necesita una explicación muy compleja. Daré primero, la que se aplica, esto es, lo que se entiende por mentalidad de cualquier país, y por tanto de Portugal, y diré después, el modo que se aplica el provincianismo a esa mentalidad.

Por mentalidad de cualquier país se entiende, sin duda, a la mentalidad de las tres camadas, orgánicamente distintas, que constituyen su vida mental – la camada baja, que suelo llamar de pueblo; la camada media, a la que no suelo llamar de nada, excepto en este caso por engaño, de burguesía; y a la camada alta, que llamaré de élite.

Lo que caracteriza a la primera camada mental es, aquí y en toda parte, la incapacidad de reflexionar. El pueblo, sepa o no sepa leer, es incapaz de criticar lo que lee o le dicen. Sus ideas no son actos críticos, sino actos de fe o descreencia, lo que no implica, además, que estén erradas. Por naturaleza, el pueblo forma un bloque donde no hay mentalmente individuos, siendo el pensamiento sólo individual.

Lo que caracteriza a la segunda camada que no es burguesía es la capacidad de reflexionar sin ideas propias. De criticar con la ideas de otros. En la clase media mental, el individuo, que mentalmente ya existe, sabe escoger –por ideas y no por instinto- entre dos doctrinas que se le presenten; no sabe contraponer a ambas una tercera que le sea propia. Cuando aquí o allí, en este o aquel, hay opinión media entre dos doctrinas, eso no le representa un cuidado critico sino una hesitación mental.

Lo que caracteriza a la tercera camada, la élite, es, por contraste entre las otras dos, la capacidad de criticar con ideas propias. Importa que esas ideas propias puedan no ser fundamentales. El individuo de la élite, puede por ejemplo, aceptar enteramente una doctrina ajena; la acepta críticamente y cuando la defiende, la defiende con argumentos propios –los que lo llevaron a aceptarla- y no, como hará el mental de la clase media, con los argumentos originales de los creadores o expositores de esas doctrinas.

Esta división mental, que aunque coincida en parte con la división social –económica y otras-, no se ajusta exactamente. Aristocracia y dinero pueden pertenecer mentalmente al pueblo, operarios de las ciudades pertenecen a la clase media mental. Un hombre de genio y talento, aunque haya nacido en el campo, pertenece desde su nacimiento a la élite.

Por tanto, cuando digo la palabra provincianismo, defino sin otra condición, al estado mental presente del pueblo portugués, digo que esa palabra provincianismo, que más adelante definiré, define la mentalidad del pueblo portugués en todas las tres camadas que la componen. Basta probar el provincianismo de la élite para que el provincianismo mental de la nación quede probado.

Los hombres, desde que entre ellos se levantó la ilusión o realidad llamada civilización, pasaron a vivir, en relación a ella, de una de tres maneras, que definiré por símbolos, diciendo que viven como campesinos, como provincianos o como citadinos. No olvide que trato de estados mentales y no geográficos, y que, por tanto, el campesino y el provinciano puede haber vivido siempre en la cuidad, y que el citadino siempre en lo que es su natural destierro.

La civilización consiste simplemente en la sustitución de lo natural por lo artificial en el uso cotidiano de la vida. Todo cuanto constituye la civilización, por más natural que hoy parezca, son artificios. La artificialidad es de dos tipos. Aquella, acumulada a través de las eras y que teniéndola la nacer la encontramos natural y aquella que todos los días va transformando la primera. A esta segunda voy a llamarla progreso y decir que lo moderno viene de ella. El campesino, provinciano y citadino se diferencian entre sí por sus diferentes reacciones a esta segunda artificialidad.

El campesino, el hombre rustico siente violentamente la artificialidad del progreso; por eso se siente mal en él y con él, íntimamente lo detesta. Hasta de las conveniencias y las comodidades del progreso se siente constreñido, al punto de, a veces, y en desaprovecho propio, esquivarse de ellas. Es el hombre de los buenos tiempos, entendiéndose por eso los de su juventud, si ya es mayor, lo de la juventud de los abuelos si es adolecente.

En el lado opuesto, el citadino no siente la artificialidad del progreso. Para él es como si fuese natural. Se sirve de lo que es de él sin constreñimiento ni aprecio. Por eso no lo ama ni lo odia, le es indiferente. Vivió siempre física o mentalmente en las grandes ciudades; vio nacer, cambiar y pasar (real o idealmente) las modas y las novedades de las invenciones; son, pues, para él aspectos corrientes, y por eso incoloros, de una cosa continuamente ya sabida, como las personas con quien convivimos, aunque de día a día sean diversas, son todavía, para nosotros idealmente las mismas.

Situado mentalmente entre los dos, el provinciano siente, si, la artificialidad del progreso y por eso mismo la ama. Para su espíritu despierto, incompletamente despierto, lo artificial nuevo, que es el progreso, le atrae como novedad, más aun sentido como artificial. Y, porque es sentido como artificial es sentido como atractivo, y es por artificial que es amado. El amor a las grandes iudades, a las nuevas modas, a las últimas novedades es lo característico distintivo del provinciano.

Si de aquí se concluye que la gran mayoría de la humanidad civilizada está compuesta de provincianos, se ha concluido bien, porque así es. En las naciones civilizadas, la élite escapa, en gran parte, y por su misma naturaleza, al provincianismo. La tragedia mental de Portugal presente es que, como veremos, nuestra élite es estructuralmente provinciana.

No se establezca, pues sería un error por analogía o yuxtaposición, entre las dos clasificaciones hechas, de camadas y tipos mentales. La primera, de sociología estática, define los estados mentales en sí mismos; la segunda, de sociología dinámica, define los estados de adaptación mental al ambiente. Hay gente del pueblo mental que es citadina en sus relaciones con la civilización y hay gente de la mejor élite mental –hombres de genio y talento-, que es un campesino en sus relaciones.

Por las características indicadas del provinciano, inmediatamente se verifican que la mentalidad de él es perfectamente semejante a la de un niño. La reacción de un provinciano a sus artificialidades, que son las novedades sociales, es igual a las del niño a sus juguetes. Ambos las aman espontáneamente porque son artificiales.

Ahora, lo que distingue la mentalidad de un niño es, en la inteligencia, el espíritu de imitación; en la emoción, la vivacidad pobre; en la voluntad, la impulsividad descoordinada. Son estas, por tanto, las características que encontraremos en el provinciano; fruto en el niño de falta de desarrollo civilizacional, y así ambos efectos de la misma causa: falta de desarrollo. El niño es, como provinciano, un espíritu despierto, pero incompletamente despierto.

Son estas características las que distinguirán al provinciano del rural y del citadino. En el hombre rural, semejante al animal, la imitación existe, pero en la superficie y no como en el infante o en el provinciano, que viene del fondo del alma; la emoción es pobre, aunque es vivaz, es concentrada y no dispersa; la voluntad, si de hecho es impulsiva, tiene, con todo, la coordinación cerrada del instinto, que substituye en la práctica, salvo en materia compleja, a la coordinación abierta de la razón. En el individuo citadino, semejante al hombre adulto, no hay imitación, pero si aprovechamiento de los ejemplos ajenos, y es a eso que se llama, en la práctica, experiencia, en la teoría, cultura; la emoción, aun cuando no es vivaz, es con todo rica, porque es compleja, y es compleja porque ser complejo quien la experimenta; la voluntad, hija de la inteligencia y no del impulso, es coordinada, tanto que aun cuando parezca desfallecer, fallece coordinadamente, en propósitos frustrados pero idealmente sistematizados (propósitos estéticos).

Recorramos, mirando sin anteojos de cualquier grado o color, el paisaje que nos presentan las producciones e improducciones de nuestra élite. Verificaremos en ella, aquellas características distintivas del provinciano.

Comencemos por no dejar de ver que la élite se compone de dos camadas: los hombres de inteligencia, que la forman en su mayoría, y hombres de genio y talento, que forman en su minoría la élite de la élite, por así decir. A los primeros exigimos espíritu crítico, a los segundos originalidad, que es, en cierto modo, un espíritu crítico involuntario. Hagamos, pues, incidir el análisis que nos propusimos hacer, primero sobre la pequeña élite de la élite, que son los hombres de genio y talento.

Tenemos, es cierto, algunos escritores e artistas que son hombres de talento; si alguno de ellos es un hombre de genio, no lo sabemos, ni importa para el caso. En ellos, evidentemente, no se puede revelar en absoluto el espíritu de imitación, pues eso implicaría la ausencia de originalidad y la ausencia de talento. Ellos, nuestros escritores y artistas son, originales por vez primera, lo cual es inevitable. Después de esto no evolucionan, no crecen; fijados en el primer momento, viven parásitos de sí mismos, plagiándose indefinidamente. A tal punto es así, que no hay, por ejemplo, poeta de nuestro presente – de los célebres por lo menos- que no quede completamente leído cuando esté completamente leído, en que la parte no sea igual al todo. Y si en uno u otro se nota, cierta altura, lo que parece ser una modificación de su manera, el análisis revelará que la modificación fue regresiva: el poeta o perdió la originalidad y esa fue su diferencia, o decidió comenzar a imitar a otros por la impotencia de progresar interiormente, o resolvió, por cansancio, amarrarse a la carroza de una doctrina externa, como el catolicismo o el internacionalismo. Describo abstractamente los casos concretos y no necesito explicar porque no junto a cada ejemplo el individuo que me lo provee.

El mismo provincianismo se percibe en la esfera de la emoción. La pobreza, la monotonía de las emociones de nuestros hombres de talento literario y artístico, salta al corazón y aflige la inteligencia. Emoción viva, si, como era de esperarse, pero siempre la misma, simple, sin el auxilio crítico de la inteligencia o de la cultura. La ironía emocional, la sutileza pasional, o la contradicción del sentimiento, no las encontraras en ninguno de nuestros poetas emotivos, que son casi todos. Escriben, en materia de lo que sienten, como escribiría el padre Adán, si hubiese dado a la humanidad, además del mal ejemplo ya sabido, otro peor , el de escribir.

La demostración queda completa cuando conducimos el análisis a la región de la voluntad. Nuestros escritores e artistas son incapaces de meditar una obra antes de hacerla, desconocen lo que es la coordinación, por la voluntad intelectual, de los elementos proveídos por la emoción, no saben lo que es la disposición de materias, ignoran que un poema, por ejemplo, no es más que una carne de emoción cubriendo un esqueleto de raciocinio. Ninguna capacidad de atención e concentración, ninguna potencia de esfuerzo meditado, ninguna facultad de inhibición. Escriben al sabor de la inspiración, que no es más que un impulso complejo del subconsciente que cumple siempre sometiendo, por una aplicación centrípeta de la voluntad, la transmutación alquímica de la consciencia. Producen como Dios les sirve, y Dios queda mal servido. No sé de poeta portugués de hoy que sea, constructivamente de confianza para algo más que un soneto.

Hechos estos reparos analíticos en cuanto al estado mental de nuestros hombres de talento, es inútil extender este breve estudio para el resto. Si la élite de la élite es así, como no ser así el resto. Hay pues, un elemento común en la camada mental superior que hermana a las dos, y hermanados define: la ausencia de ideas generales, y por lo tanto, del espíritu crítico y filosófico que viene de tenerlas. Nuestra élite política no tiene ideas excepto sobre política, y las que tiene sobre política son plagiadas servilmente del extranjero –aceptadas, no porque sean buenas, sino porque son francesa o italianas, o rusas. Nuestra élite literaria es aún peor, ni sobre literatura tiene ideas. Seria trágico, a fuerza de ser cómico también, el resultado de una investigación sobre por ejemplo, las ideas de nuestros poetas celebres.

Portugal entre Passado e Futuro

 

Cultura y Desarrollo

Una crítica_educativa, por  Luis Daniel 

Solía decir Armando Robles Godoy (1) que la educación no es cultura. Tenía razón, los perros pueden ser educados y el servilismo también. Educación no es sinónimo de cultura, y sólo la cultura desarrolla al ser humano.

La educación es un producto de la cultura, pero ésta va mas allá de la educación, la cultura esla manifestación de todo el compendio creativo de un grupo humano, tanto material (arte, agricultura, ciencia, etc.) como inmaterial (ideas y conceptos abstractos, mitos, organizaciones, etc). Todo lo que no es naturaleza es “culturaleza”, decía también el maestro Robles Godoy.

Todo acto de creación es ante todo una transformación del espacio-mundo. Crear algo es transformar la realidad, es ejercer la facultad histórica de ser humano como ser inacabado (2). El ser humano ejerce su capacidad transformadora por medio de la creación y este es su principal acto cultural. Dicho de otro modo : La cultura se convierte en el acto de transformación por excelencia del ser humano.

A partir de esta visión transformadora y revolucionaria de la cultura nacen muchas cuestiones a criticar. Ocupémonos aquí de la relación educativa : la gran mayoría de instituciones educativas nos venden el “slogan” barato de que educarse es adaptarse al mundo, el éxito es adaptarse y/o prepararse a un mundo cada vez mas cambiante. Vemos que hasta el mismo pensamiento dominante educacional es consciente de que el mundo está en entera transformación, y sin embargo no son conscientes de que el ser humano no se desarrolla adaptándose. No son conscientes que enseñar a obedecer y a adaptarse es ir en contra de la propia cultura y contra toda coherencia. No son conscientes que el adaptarse elimina no sólo la coherencia sino que dificulta toda posibilidad colectiva de construir su propia identidad. No saben que adaptarse no es desarrollarse. No saben que adaptarse es inhibir cualquier facultad de transformación.

El problema es que estas instituciones no son bancarias, ni comerciales, son educativas.

Al adaptarse nos mecanizamos, nos alienamos, nos convertimos en seres culturalmente inanimados.

La respuesta a esta diametral ignorancia está en algunas viejas ideas monetaristas : el capitalismo o darwinismo social pregona la supervivencia del que se adapta al mercado, no del ser humano mas íntegro y con valores, sino del mas fuerte, el mas preparado, el mas adaptado. Los seres humanos que se desgastan en esta difícil carrera pierden desapercibidamente su capacidad de desarrollarse (3). Están en la búsqueda inerte de adaptarse a su medio o “morir”.

Adaptarse o transformar

El proceso de transformación como una relación continua de acción – reflexión, materia – pensamiento y viceversa forma una visión críticade la realidad que no sólo permite adaptarse, sino que además, generar un proceso de cambio individual y colectivo. Hasta aquí, una pequeña introducción a la dialéctica marxista, sin embargo regresemos al tema educativo.

Formar seres humanos que no sólo se adapten al mundo, sino que ejerzan sus facultades culturales en la transformación de su propio escenario de vida es imperante en un proceso de desarrollo. La transformación trae libertad, creatividad y actitud en contraposición con la adaptación que trae control, mecanicismo y alienación.

No podremos desarrollarnos hasta que no tengamos una educación transformadora, dialógica y problematizadora; Freiriana si nominamos la doctrina; porque está formará seres humanos nuevos, críticos de su realidad y dispuestos culturalmente a transformarla. Este proceso es lo que Paulo Freire llamó la “liberación del oprimido”, un oprimido al que se le mostró que su propia lucha por adaptarse era precisamente su des-humanización, es decir, su animalización darwinista por sobrevivir.

Debemos criticar el “sloganismo” de la adaptación servilista educacional concentrada principalmente en las carreras superiores y técnicas, y exigir una educación real a escala humana, no sólo porque aquella imposibilita todo desarrollo, sino porque en lo profundo del ser nos animaliza. La carrera por adaptarse inhibe nuestras facultades más humanas como pensar, entender, participar, colaborar, sentir afecto, etc. .

Es virtud de los animales adaptarse, de los hombres transformar.

Las mentes del sub-desarrollo

Una persona adaptada -al sub-desarrollo- no cuenta con claros elementos de juicio, esta todo el tiempo proclive a la engañosa “doxa” de los profesionales de la opinión, es incapaz de cohesionar las experiencias propias y ajenas para formarse una interpretación de algún acontecimiento. Sufren alteraciones en su percepción y no son capaces de enfocar su atención y concentrarse en algo sin experimentar dispersión. Son inmediatos, accidentales, prácticos y simplistas, y no pueden diferenciar los asuntos de verdadera relevancia. No pueden llegar a relacionar muchas cosas y a menudo son inconsecuentes y sufren alteraciones emotivas poco profundas. Los adaptados siempre necesitaran que alguien piense por ellos.

Estas carencias propias del sub-desarrollo no son producto de diferencias cuantitativas en educación y circunstancias, sino de diferencias altamente cualitativas.

(1)Armando Robles Godoy. Nueva York, 1923 – Lima, 2010. Escritor, cineasta y pensador peruano.

(2)Paulo Freire, “La pedagogia del oprimido”, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1987

(3)Basándonos en las necesidades a escala humana de Manfred Max Neef, es posible que el ser humano experimente un desarrollo a partir de su crecimiento económico adaptativo, pero llegado un momento no podrá desarrollarse mas sin sacrificar su crecimiento económico, el cual difícilmente sacrificará, y tal estancamiento sumado a la desigualdad generada -puesto que partimos de una adaptación educativa comprada, la cual por supuesto no pueden pagar todos- se convierte en un decrecimiento de la calidad de vida, entiéndase violencia a partir de la desigualdad, inhibición de las facultades artísticas y creativas, banalización de los sentimientos, vida moderna y stress versus salud.

Al margen hay sitio

Una reflexión_cultural, por Luis Daniel 

Esa zona bastante grande de la sociedad, que nunca he sabido por qué se denomina “margen”, cuando en verdad ocupa casi toda la página

Ernesto Sábato – Heterodoxia (1953)
No es ningún secreto que lo que llamamos marginal ocupa realmente casi toda la página. Es ahí donde ocurre casi todo. En un sentido general, la burguesía medianamente acomodada nunca ha sabido representar la cultura de ningún país; particularmente habrá aburguesados de cajón y guitarra, habrá también estudiosos de musicología y gastronomía, habrá de todo, desde grandes hacendados criadores de caballos de paso hasta productores de pisco, sin embargo, lo que sucede es que este sector acomodado, dueño de cierta cultura típica, son los que realmente deberían ser marginales. Lo típico, lo escencial, lo que nunca pasa de moda está siempre en los sectores mas humildes del pueblo y esta es siempre mayoría.

¿Cuántos hemos comido gato ya ?.

Si revisamos lo que sucede en la sierra esta exhortación se hace aún mas obvia. El Perú vende turísticamente un patrimonio cultural forjado a partir de la vida de pueblos que consideramos marginales. Esto no es justo porque los marginalizamos internamente, pero hacia afuera los mostramos como la escencia de lo nuestro. Para nosotros ellos son ignorantes, indígenas y cuidadanos de segunda clase -¿Alan Garcia dixit ?.

La gastronomía y la cumbia pasaron de ser atributos meramente marginales a ser populares y aún mas, pasaron a ser consumidos por sectores acomodados. ¿Moda, cirncunstancias o identidad ?. Es probable que tal hábito social haya comenzado como casi todo : moda, sin embargo hay cierta identidad que se esta asentando. Lo hipócrita es que antes daba verguenza si te habías comido un cebiche en el mercado, ahora, si esta bueno, no importa si te lo comes agachadito.

Entonces, ¿en donde quedó el burgués, el profesional?. ¿Cuál debería ser su papel en esta ecuación cultural ?. Para comenzar, la clase media -impulsora del pueblo- debería crear el espacio para el consumo real de nuestra propia cultura. Siendo este sector culturalmente marginal pero con mayor capacidad de consumo podría crear reglas para un espacio mas popular, por ejemplo :

Me gustaría irme a Larcomar y tomarme el mismo pisco que en el Queirolo, y al mismo precio.

La difusión tambien es importante, una familia acomodada de San Isidro bien puede confundirse con su similar social de São Paulo, ambas culturalmente huérfanas adoptan fácilmente toda clase de influencias foráneas. Pero si en cambio, la nuestra cultiva su identidad y viaja -pues su acceso es mayor- mejoraría enormemente la deteriorada imagen exterior de nuestro país. No digo que esto no suecede, pero no es habitual.

Hasta aquí esta claro, lo inmaterial, la cultura, la tradición de nuestro pueblo esta en los sectores humildes, viene y se forja en los sectores mal llamados marginales. Pero ¿que pasa cuando estos sectores se somenten a literatura barata, contenido basura, consumo y creación de necesidades visuales sin importancia?. Sucede que cuando este tipo de información es mayor que la educativa la expresión artística se degrada y surgen expresiones de contenido y estética pobre, que son aceptadas y consumidas porque son populares, pero de contenido decadente.

¿Qué han hecho nuestros ministerios de la cultura del hombre medio ?. Casi nada. Esto esta pasando por ejemplo con nuestra música regional, y esto no es un atributo propio del Perú, pasa en muchos otros lugares también.

Tampoco quiero decir que toda mezcla, evolución o tendencia degrade siempre la raíz, no es lo mismo por ejemplo la cumbia actual, la cumbia villera o el pagode, que Novalima, The Gotan Project o Bossacucanova. Estas tres últimas nacen de la sensibilidad estética de lo tradicional con nuevo aires; aquí el papel del artista fue esencial porque abrió puertas que antes estaban cerradas a lo popular.

El artista, venga del sector que venga es un ser esteticamente sensible y esa sensibilidad lo guía por los insospechados caminos de su arte en busca de su propia raíz. Raíz que como toda, está siempre enterrada. Huye de lo vulgar y lo superficial como de la peste, busca sonidos nuevos, si son vírgenes mejor. Tiene en claro que lo popular es decadente, revisa el pasado en busca de algo estéticamente auténtico. Tiene la misión de orientar por el mejor camino este manantial que llamamos cultura popular.

Los sectores “ex-marginales” no sólo son los protagonistas del acontecer de un país sino que por último, son el dolor de cabeza de sus gobiernos. Por eso, comencemos la inclusión y dejemos de lado la palabra “marginal” y todos sus derivados. Donde haya algo marginal incluyámoslo que “Al fondo hay sitio”. Porque de lo contrario, si lo nuestro es marginar, y como van las cosas, nosotros seremos los marginales (habla Ollanta, habla Keiko). O lo que es peor, nos quedaremos sin identidad.

 

 

Sin la muerte no hay arte

Armando y su hija Marcela


Una reflexión a_propósito de Armando, por Luis Daniel

Para comenzar, no creo que Armando esté descansando en paz. Le obsesionaba su muerte. No la muerte, sino su muerte. Agnóstico, espiritual, exégeta, artista, sostenía que ese constructo católico-cristiano llamado cielo no obedecía a ninguna acepción de vida tal como la conocemos, sino que muy por el contrario, en el cielo, estás ante otra cosa. En mi opinión estaríamos ante un fenómeno estupefaciente, una alucinación, un lugar en que la ausencia de la muerte se aparta de todo lo humanamente bello. Una epifanía alucinógena. Un teatro sin drama al cual nos presentaremos sin saber para qué. La muerte como principio y final, es pues la causa de todo el drama humano, de su efemeridad, de su angustia existencial y de todo su arte. El hombre – y la mujer obviamente- con todos los asuntos resueltos, jamás denunciaría al alma, jamás le gritaría al Dios.

El pobre hombre -y esta vez sólo él- indeciso entre la virtud y el placer creó sistemas antropo-centristas, dogmas y por supuesto, religiones, olvidando la propia contemplación de la muerte. Ante ese vacío y, como saliendo del paso, creó los cielos y los infiernos. El arte nacía como un lenguaje propio entre la ilimitada consciencia y la inminente muerte, la imaginación eterna y el fin del mundo de cada ser humano.

El arte compilaba todo el saber humano integrando la razón y  la técnica, con la metafísica y la angustia del alma. Ideal desarrollo para espíritus superiores y sedientos.

Ante la contemplación de su propia muerte el artista se realizaba en su propio conflicto.

-Dios soy yo. Y más que eso, Dios no puede cambiar de religión, yo sí. Dios no puede suicidarse, yo sí.- Acuciantes palabras de Armando.

Al otro lado del mundo y en el siglo VIII y IX Han Yu (1) propugnaba que el silencio, el sosiego, el estado natural las cosas era interrumpido, tanto en la naturaleza, como en los hombres. De esta forma, si el hombre habla es porque no puede contenerse, si se emociona canta, si sufre se lamenta. Todo lo que expresa es una ruptura de su equilibrio.

Agregando, todo el arte no es mas que la expresión que rompe el equilibrio del hombre, de su estado natural, su silencio, su sosiego, su contemplación. La gran “Perturbación”, al mismo tiempo escoje a los hombres mas sensibles para expresarse, nace la poesía como una suave brisa, o el lamento como un trueno de indignación, tanto así como el cielo o el mar nos ensañan con sus perturbaciones.

Pasado el temporal, el hombre calla, no porque no tenga nada que decir, sino porque no sabe como decirlo. Calla, pero el pensamiento nunca calla. Porque el verdadero silencio, esa nada -que no es lo mismo que nada que decir-, es anterior al silencio, es el verdadero estado de sosiego al cual debemos volver.

(1) Chuang Tzu – Octavio Paz. Biblioteca de Ensayo Ciruela May. 1998.