La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: crítica

The Affair

T2 ShowTime 2014

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¿Amar? ¿a la persona indicada? ¿y estar seguro? No es suficiente.

 Altos y bajos. Caminar sobre el agua. Somos más imperfectos de lo que parecemos. Sonreír con heridas. Somos felices por un momento y después nos vamos a casa. Algo así se me viene a la mente con The Affair.

Noah Solloway es el centro de estas historias, y es escritor, que es una forma de estar en el centro de otras historias también. La vicisitud de tener una vida y pensar en otra. Es un buen padre, algo impulsivo, pero siempre con la adherencia estética de la inoportuna búsqueda de algo más. Helen solo quiere un divorcio en paz y algo de independencia, y aparece en esa edad en la que nadie está contento con lo que se es, agreguémosle un poco de infidelidad. Allison está sola y esconde lo necesario para vivir, es de las que se enamoran de una representación, la vida real le tocara la puerta más tarde. Cole tiene una mirada distante, y es la distancia que tienes tomar cuando la vida te ha pateado desde tu historia de familiar. Aquí no hay víctimas ni victimarios porque las más pequeñas decisiones inoportunas no dejan ver, de forma alguna, la cartografía de lo que seremos. Somos más imperfectos de lo que parecemos. Creemos estar seguros de lo que queremos, pero en cada camino igual se vive, y entonces ya nada es suficiente, ya somos otros y nos equivocamos nuevamente. Pero respiramos aún. Y esto es bueno, porque siempre hay lugar para un comienzo. La literatura aparece en máximas instantáneas, pero también entre líneas, en la historia de esos años que nos llevan a lo que somos, y le dan sentido a todo. Pero hay que saber estar despiertos en esos años, mirarlos interiormente, que por lo demás suelen ser pocos en la vida. Somos el desenlace de unos pocos años de nuestra historia.

Lo que alimenta toda historia es el caos y las ganas de continuar. Hay puntos en los diálogos tan bien logrados que dejan en suspenso un equilibrio sutil, necesario y caótico listo para echar a perderlo todo o continuar construyéndose a sí mismo. Las desdichas son el resultado de cierta fascinación inconsciente por las malas decisiones. No es nada gratuito. Todos nosotros llegamos en la vida a tal punto en que podemos sacudirnos las culpas de todos, inclusive de la nuestra. Es la historia de Cole.

Ser un buen hombre o un gran hombre. Una infidelidad arruina un buen matrimonio pero se puede desdichar vidas enteras siendo fiel ¿Instinto de llegar a cotas de grandeza o matrimonios somníferos? Los escritores siempre pensamos en eso. No hay nada claro, lo que está afuera es siempre un poco más vívido. En estas historias una simple aventura trae más consecuencias que sus mundo interiores, como si allá afuera hubiera una danza de luces y sombras que tenemos que aprender a bailar, y en cada mirada, que siempre calla más de lo que dice, se armonizan las notas de lo que nos tocará bailar después. Las miradas, los silencios, las omisiones, las llamadas que no contestamos, ese trago de más, los recuerdos que vives después de 20 años, todo eso orquesta la danza de nuestras historias y alrededores. Es una danza que no se va a bailar sola. Bailar esta danza es caminar sobre el agua de otras historias, de los que fuimos y de los que seremos. El caos y el orden desde el cual salimos adelante.

Somos un poco la historia de otros, de los que dejamos atrás y de sus malas decisiones, y las que tomaremos cuando seamos una mala decisión de alguien mas. Pero siempre podemos sacrificar el ahora por un mejor después. Y lo sabemos, pero tenemos esa tendencia tan humana a tomar el camino más fácil, inclusive si lo fácil es no hacer nada.

Hay un efecto temporal bien logrado: termina en el comienzo de todo.

Divorce, 2017 HBO

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-Ya lo hice una vez y no funcionó.
-Y no piensas que las segundas veces son también importantes, por lo que aprendimos y porque ya no hay muchas reglas.

T3E02

Comienza como comienzan todas las separaciones: momentos de nulidad, conversaciones que empiezan a ensordecer, nada de qué hablar y esa picazón que irrita hasta enrojecer cuando dejas de soportar lo que antes callabas. Claro, hay un poco más en esta magnífica serie producida por Sarah Jessica Parker (2017 HBO). Un desgaste, una infidelidad como excusa, una brecha que aumenta y un matrimonio que se da las espaldas. Lo normal. Un círculo social que también esconde sus perlas. Un matrimonio (Tom y Dane) que vivía de sus mentiras, se creaban sus propios personajes y sus propias formas tan auténticamente artificiales, pero cuando las abandonaban, cuando ya nadie les ve, bebían y cocinaban compulsivamente para explosionar ante cualquier fricción. Sexo rápido, frustración y esa incertidumbre que empieza a la edad en que se han cumplido casi todos los roles sociales y se empieza a sospechar del divorcio como estafa de un nuevo comienzo. Si uno no cambia no hay cambios. Desde la temporada 2 empiezan a aparecer débiles signos de que a pesar de todo, y muy a pesar de todo, no se lo creen.  Altibajos laborales, relacionamientos apresurados, miradas que preguntan.

Ella, Francés, soñadora, o realista para ella misma, que es lo mismo, se desencanta de esa libertad que hace que las cosas que importen sean de usar y botar. Y va por ahí cuestionando desde su experiencia como giran las decisiones de los otros. No discute. Observa y se mete en problemas. El, Robert, simple, padre, empieza a darse cuenta de que lo que está comenzando no es un comienzo. Todo parece perfecto: casarse nuevamente, un bebe, y en medio año. Cuando es demasiado perfecto algo está mal. Los años te enseñan eso. Sospecha de esa dicha repentina, ya está en el camino de la duda. Y aparecen esas miradas entre ellos. Hay algo ahí, como hay algo que separa los puntos suspensivos de los finales, y que sólo las malas decisiones y los egos terminan por acabar lo que no ha acabado aún. Porque la vida se encarga de mostrar esas etiquetas del pasado. Ya nadie puede decir que  no lo sabía. En la vida lo sabemos, pero no encaramos. Preferimos no pensar. Las malas decisiones suelen facturarse en el ejercicio del siguiente período. Y de eso se trata esta historia. De que las dudas que nos van separando se van esclareciendo en el tiempo y que no vale la pena acelerar esos capítulos. Y que el corazón es atemporal y que esa es precisamente nuestra bella contradicción romántica: El Orden del Tiempo y el Caos del Corazón.

 

Seguiré hasta el final de la serie y los actualizo.