La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: cielo prometido

PODER

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Lentamente, cuando el desplazamiento de lo que representa nuestra relación,
pasa del ser amado hacia el placer que nos entrega, es cuando la atención se
centra en uno mismo y comienzan los juegos del poder.

 

Fatigan razones para enamorarse, de eso no se trata las historias de poder. Se trata de cómo se transforma una vida en pareja hacia una disputa de poder. Comencemos por enamorarse y estar juntos como primer hito de nuestra historia. Vivir juntos, y con esto, las urgencias de un divorcio y de un trabajo en el extranjero ya estaban controladas. Ella ya estaba tranquila y protegida. A partir de ahí todo iba a ser conyugal. Todo iba a ser diferente y no lo sabíamos. Pequeñas circunstancias adversas ya nos acompañaban: trabajar en casa, poco espacio, Micaela en el colegio y mi inexperiencia. Nos estábamos conociendo en estas circunstancias. Estábamos ya en el camino. No fueron tiempos difíciles, todo lo contrario, recuerdo con mucha felicidad y cariño esas tardes con caminatas al cerro, bajando y subiendo en bicicleta, las fiestitas con “la culpa es de colón”. Fui feliz. Trabajaba en casa, no tenía que levantarme temprano. Lo mejor de nosotros estaban en esos meses en que caminábamos sin conocernos bien y sin conocer bien el camino. Eso es un poco ser feliz: no conocer los peligros. Pequeñas indecisiones y frustraciones estaban apareciendo sin darnos cuenta. Rutina, una caja pequeña, trabajos nada promisorios, y una apuesta por la pasión que parecía perder color a la vista de las obligaciones. Su divorcio aún estaba fresco. Había insolencia, culpas y fricciones. Y nos contemplábamos felices. Todo iba a pasar. Pero lo que ocurría era que la vida real estaba exigiéndonos y nosotros no. Ya habíamos cumplido la construcción, ahora estábamos en la realización y pasa lo que suele pasar en esta etapa, inconscientemente nos abocamos al placer que nuestro amor nos entregaba. Ya no era la promesa de estar juntos, sino la felicidad de vivir juntos. Aquí el foco se traslada hacia nosotros mismos, se sacan las cuentas de la dicha y comienza una sutil disputa de poder. Las parejas llegan a esta etapa después de cumplir sus promesas, el tiempo puede variar, pero inexorablemente se llega, es cuando te sientas sobre lo realizado y donde algunos sueños personales irrealizados se van a dormir. Pasamos del deseo a la factura de la dicha. Aquí vienen las obligaciones, las rutinas, las urgencias, los modus operandi de la intimidad y el teatro de las inseguridades. Salen las ramificaciones del carácter y sus frustraciones. Estas cosas no suelen aparecer en el tiempo de las promesas. En lo conyugal, la expectativa comienza a cobrar con una tenue lucha por mantener los dominios. Es natural tener la expectativa de lo prometido. Se empieza a hablar de ciertas cosas. De la necesidad de espacios, de amigos, de las cuentas, del cómo vamos. Es el yo que empieza a demandar. Y pasamos del sueño de ser felices a los hilos de las exigencias ¿en qué momento nos olvidamos de nuestras promesas? ¿Cuándo dejamos de ser felices? ¿sabíamos acaso como ser felices ahora?. Los celos son los naipes de la inseguridad. Y había inseguridad en las circunstancias. Yo pagaba todas las cuentas y eso la dejaba insegura. Hay personas que buscan seguridad en el otro, pero ella es mucho más inteligente y se daba cuenta que la única seguridad está en ella misma. Era así y me llenaba de orgullo. Pero me estaba cansando de ese círculo vicioso inseguridad celos. Meses antes había renunciado a su trabajo, tal vez irresponsablemente.

Yo ya había vivido con mi ex esposa pero esto era diferente, en aquel entonces no me frustraba. Ahora la amaba y me frustraba. Y me frustraba más porque la amaba. Sabía por mis sueños de soñador que me adhiero a la libertad. La libertad de combinar nuestros tiempos, de revisar a los amigos, de conversar, reír, ser yo mismo. Y todo esto no parecía combinar con mis días de esos meses. No era infeliz. Pero había perímetros de mi ser que tenía que atender. El virus de la duda parecía instalarse. Y es ahí cuando los mecanismos de sobrevivencia activan ciertas alarmas. Cuando la desventaja obliga a ejercer dominio. Y ese dominio es directamente proporcional a la irrealización. Pero la realidad es mucho más compleja e interesante. Una lucha de dominios por atesorar a lo que nos aferramos en el camino, a lo que creímos de nuestro amor. Es el insistir y persistir en la lucha más bella que se emprende en la vida: el proyecto de vida juntos. Ya no nos contemplábamos. Y cuando el lienzo del destino empieza a perder color nos aferramos a lo único seguro: tener el control de algo. No importa que es lo que se controle.

El secreto es volver a contemplarse y despertar a los sueños que mandamos a dormir. Volver a nuestra vida irrealizada porque siempre hay sueños que se desplazan cuando nos enamoramos. Y yo olvide mis propósitos cuando me enamore de ella porque ella se convirtió en lo más importante para mí. Era tiempo de centrarnos en nosotros. Pero no lo hicimos. Solo cambiamos de escenario. Me mude. Y luego ella se mudó conmigo y comenzamos otra etapa. Nos obviamos y pensamos que todo pasaría. Y si no sacamos joyas de nuestro caos los comienzos no tendrán nada nuevo.

Los juegos de poder son nuestras ramificaciones que van hacia nuestras insuficiencias. El mío era tratar de ser libre. Mi historia era de no serlo. Necesitaba canalizar mi energía creativa en algo más que critica ingeniosa a la sociedad y dejarme de esas tonterías libertarias. El de ella era el control que emana de su inseguridad. En esta danza importa mucho mirarse a los ojos y pensarse. Y es lo difícil porque en general las obligaciones empujan a acostumbrarse. Esto ya es un terreno mental, ponderamos, calculamos lo vivido y aceptamos. Los ciclos de la vida son ciclos, altos y bajos y circulares. En esta etapa, y en perspectiva, la hubiera sacado a bailar y mirándola decirle que tenemos que vivir los sueños de cada uno juntos. Seguir soñándonos porque el destino es el camino. Volver a las promesas que nos trajeron aquí haciendo otras promesas. El amor en el tiempo siempre es una promesa. Siempre vamos a querer bailar nuevas canciones porque siempre estamos en movimiento. Siempre renovar el playlist.

¿Terapia? No me di cuenta que en pareja todo es de a dos. Me equivoqué y ella no señalo mi error. Pensé que sus juegos de poder era el único problema. Yo también tenía problemas que me hacían irritable. Una pelea por cualquier cosa es solo el efecto de algo subyacente.

Y sólo nos dimos las espaldas. Y seguíamos juntos con una esperanza muda. Pero soy un idealista de raíz y creo que el corazón está por encima de sus circunstancias. Puede que tenga tantos errores como virtudes pero lo importante es que estoy consciente de ello. En las promesas nos volvemos a contemplar.

Terminamos. Me fui de casa. Alquile otro departamento. Después de un mes nos vimos y le dije que se mudara conmigo. Aceptó. Nos hicimos promesas. Fui feliz de tenerla a mi lado y comenzamos otra vez. Nuestro amor era intenso aún. Era buena leña que daba buen calor aún. Pero no usamos el buen tiempo para el mal tiempo. No lo suficiente. Nos prometíamos enmendarnos pero no teníamos el aprendizaje para llevarlo a cabo. Tuve que irme a trabajar a Chile por un tiempo y volvía la última semana de cada mes. Sobrevivimos a eso. Casi fui padre y eso me hizo muy feliz. Volvieron las inseguridades a distancia y mis aires de libertad. Volvieron los mismos juegos de poder y creíamos que lo estábamos manejando. Pero no lo estábamos manejando. Suelo conversar y traer los problemas a la mesa. Pero no conectaba con ella porque no me miraba a mí mismo. No me daba cuenta de que hay algo más que tener la razón. Y es lo más importante. Darse cuenta de algo es mejor que tener la razón. Darse cuenta de algo es tener la claridad de que nuestros problemas tienen un sentido. Y era ahí donde debíamos apuntar. Encontrarle un sentido a las cosas es mucho mejor que barajar las culpas. Ahora lo sé. Pero una vida en pareja no es el mejor lugar para pensar las cosas. No es terreno neutral.

Quiero interpelar a los juegos de poder y volver a reírnos en cualquier lugar y de cualquier cosa como en los tiempos de las promesas. Volver a sernos. A mirarnos a los ojos como antes. Ser los mismos desde nuestra nueva perspectiva.

La Sombra de tu Mirada

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EL CAOS

Sombra, confusión, caos, oscuridad. Después de 3 años era eso lo que había. Una procastinación inconsciente nos trajo a esto. Todo esto puede resumirse, en perspectiva, a no hacerse las preguntas incómodas a tiempo, a no ver más allá del día siguiente. El orden y el caos está en toda nuestra vida, el orden es lo que podemos decidir, el caos es la vida imperfecta que atenta contra todo orden. Ambos, jing-jang nos rigen. Un pie en el orden y otro en el caos dicta la enseñanza oriental. Este último verano fue el último. Lo sentía llegar, y lo comprobé cuando fui a verla y sentí la sombra de su mirada.

El resto fue el lento trayecto de la incertidumbre hacia la certeza de que lo que sea que hubiera habido entre nosotros en los últimos meses había llegado a su fin. Y con eso, como es característico en mí, comenzó un lento desgaste pensando. Me derroté. Con eso cayeron otras sombras. Las sombras propias de mis omisiones. Pensaba demasiado. Cavilaba cada frase que intercambiamos y las desglosaba para sacarle algún posible significado que me indicara la naturaleza de todo esto. Pensar en esta etapa hace mucho daño. Mucho más daño que lo sentimental. Es que esto no era sólo desamor, esto era el comienzo de una serie de planes omisos que se convierten en fracasos: en lo personal no tenía una familia aun, lo sentimental era obvio, en lo laboral me estaba reinventándome tan lentamente que nadie lo notaba. Mi triada vital estaba en 0. Y a mis cuarenta pocos. Mal. Tomó algunas semanas procesar y volverse a levantar. Pensar y repensar. En la vida aparecen hechos que aunque aparentando ser aislados y sin importancia son el comienzo del dragón que se va gestando en cada uno. Ese dragón que crece cada vez que dices que no existe. Mi dragón era grande. Su nombre era Peterson y me decía –te lo dije. Los dragones secuestran princesas.

El caso es que me empujaron al caos y tenía que poner orden ahí ¿Qué estaría pensando ella? ¿Cómo cambió? ¿Qué parte de ella aun no conocía y se había revelado así? La amaba con la intensidad del primer día lo cual ya es decir, porque nos habíamos enamorado con mucho miedo de esa intensidad. Recuerdo que me dijo hace 4 años –esto hasta me da miedo. Cuando nos veíamos nos solía dar esa incomodidad que nace en plexo solar, donde el amor y el desamor se manifiesta. De todas nuestras discusiones y separaciones esta era especial ¿Qué había pasado que no podíamos manejarlo? Todo había pasado. Todo. Y ahí delante de nosotros, en cada vez que nos veíamos y no hablábamos. Cuando no hablas pasan cosas. En cada vez que pensaba que el cariño regresaba y lo podía todo, ahí estaba pasando algo. En cada vez que pensaba que hablando podíamos solucionarlo todo. Esto es más complicado. Ya lo alcanzo a ver y lo resumo así:

cuando cada uno no ha tomado las riendas de su vida, cuando no ha planteado los cambios, la vida toca la puerta, y no abrirle es lo peor que se puede hacer. Lo que está ocurriendo es que lo desconocido atenta sobre nuestro relativo orden. Y el dragón de lo desconocido empieza crecer

Era demasiado tarde para cualquier tipo de rescate, de cambios, de promesas. Sólo la muerte y algunas miradas no tienen solución. Ella lo sabía. O quizá no lo sabía de esa forma. Lo que sabía era que lo nuestro no andaba bien y esto lo convertía en la última de sus prioridades. Y por simple limitación de espacio, tenía que atender cosas más importantes que una nula promesa romántica muy venida a menos. No sé porque los hombres somos un poco más torpes en todo esto. Nos desvivimos por alguien cuando toda nuestra cocina existencial puede estar hecha un desorden. Pero no esperaba nada menos de ella. Siempre fue perspicaz, pudiera brotar con algún que otro comentario tímido acerca de una cosa y tenía mucho sentido. Estaba muy enamorado de ella y ella no. Siempre me atrajeron las mujeres luchadoras, independientes, difíciles de derrotar. Una madre es muy poderosa a la hora de enfrentar la vida. Quizá esto del orden y el caos apenas la tocó. Me confeso su situación y sus urgencias y de todo lo que había dejado de hacer al respecto. Y que tenía que tomar cuenta sola de eso. Era muy simple desde su perspectiva: lo que no aporta se desplaza. Nosotros los escritores complicamos todo, y de toda esa complicación sacamos algunas cosas bellas. Pero igual complicamos. Somos las mujeres del pensamiento.

Mi caos me dejó desnudo. Con mis dudas y con mis posibilidades. Y mi alma por los suelos. Se sufre más desde tu zona de confort. Ya estaba acá. No había punto de retorno. Todo era desde aquí en delante ¿Qué era lo que quedaba en pie? ¿Cómo había pasado?

LAS PREGUNTAS INCOMODAS

Hacerse las preguntas incómodas. Si, esa lección la sabía muy bien ahora, no hay duda de ello ¿Qué era lo que sentía? ¿Qué cambios debía plantarme en serio? Me había fortalecido en persistir en lo que quería trabajar. Una especie de alimento psicológico para insistir y esperar. Insistiendo y esperando en su justa medida puede lograr todo. Esto era lo fácil. Yo quería tener algún tipo de estrategia sutil para recuperarla, para mostrarle el mundo que le mostré alguna vez y que se enamorara de nuestras posibilidades. Pero ya no era la misma y esa carta ya la había jugado. Tenía esa sombra del tiempo en su mirada. Estaba madurando. Sabía que nuestros recuerdos felices están por ahí, escondidos, en mi caso están presentes todo el tiempo, en cada cosa, cada nota musical, cada color de mi cabeza ¿Qué había en su cabeza? ¿Qué pregunta más difícil? No podía haber una estrategia por ahora. Estoy ante el amor de mi vida (de lo que fue mi vida hasta ahora), ¿Hay estrategias para absolutos?

Intentaré responderme:
¿Qué es lo que me aferró a ella? Antes: la certeza de una vida normal y con significado junto a sus valores. Ah, pero tenía aún nudos que resolver: ¿cuál era significado? ¿Cómo pedía significado sin propósito? Me enamore de la forma en que ella se enamoró de mí. De su mirada, de lo que ella quería para su vida. Así comenzó y ahora ya nada es razonable. La belleza, la atracción, la pasión no operan desde la lógica. Nos mudamos dos veces, nos separamos más de dos veces, nos desgastamos, nos dábamos la espalda. Nada puedo rescatar de este año. Pero si de los 3 primeros. Quise casarme con ella. Ah, pero esta maldita alma de artista me hacía un rebelde sin causa. Volvía con ella porque detrás de cada discordia tenía la idea de que todo pasaría, que nos transformaríamos, de que nada permanece. Pero no, hay cosas que permanecen, son los asuntos que no atiendes, y regresan más fuertes con el tiempo. Veía en ella a una mujer con los exactos valores espirituales que yo quería para mi vida, pero la desgasté fijándome en lo que no quería de ella. Eso me estiraba pero yo siempre volvía. Ah, pero su belleza, esa si era la soñada para mí, su piel, su cabellos, su rostro, lo más irracional es lo más poderoso. Los hombres somos así ¿Qué razones hay cuando las sábanas están vacías? Hasta la vida más estúpida adquiere cierta luz cuando encuentra el amor. Y yo no estaba lejos de esa estupidez, aun no tenía un propósito. Yo era todo conjetura, todo podía ser era algo más, todo podía ser bello visto desde cierta manera, coronaba mis ambigüedades con peculiares pensamientos elevados. Me estaba convirtiendo en una mala superstición de mí mismo. También volvía a ella porque al verla, y al tener un buen momento, me quedaba neutral. El problema era que no iba ni para adelante ni para atrás. Cuando empecé a darme cuenta de esto ya era demasiado tarde.

Pero ¿Por qué me estaba aferrando a una mujer que tenía una cultura diferente a la mía? Y con cultura quiero decir pensamientos, actitud, experiencias. Debe ser por ese defecto heredado de Groucho: -jamás entraría a un lugar que acepten gente como yo. Esta tontería significa que no soportamos nuestros defectos. Y es lo más sensato, quien quiere estar con alguien que le recuerda a uno mismo. Veía en ella una pasión por las cosas simples. De los domingos por la tarde, de repasarnos leyendo, viendo TV, conversando, paseando, viajando, observando. Nosotros podíamos hacer una fiesta en cualquier lugar. Y esto que soñaba con ella ya se había alejado hace mucho tiempo de nosotros. Éramos enfermos de rutina. Este es el lento desgaste que mata. Si es que tengo algo de suerte en esta vida no llegamos a lo peor, a la decepción mutua. Aun conservamos ese aprecio, cariño y admiración, solo que nuestras circunstancias personales nos desgastaron. Normalmente las parejas no se separan por estas razones, a veces ni siquiera sienten la latencia de estas dudas. Pero nosotros siempre conversábamos de cosas así, del destino, del significado, del espíritu que le ponemos a las cosas. Ella sabía muy bien que no se puede trabajar en una relación y al mismo tiempo tomar determinaciones de vida. Yo ya lo sé. Primero tiende tu cama. Si quieren más explicación, todo esté en este poema:

LA ROSA BLINDADA

La belleza es la callada voz de una verdad.

Cuando los ojos entristecen
Sin más razón que una gran verdad
Un jardín interior
Como un pasado sentimental
Revisa sus flores.

Aparece,
Como aparecen cuando florecen
Sentimientos de una belleza
En recuerdos que no hay.

Una rosa
Viva como el principio de todo
Sola como la filosofía
Se hace real.

Blindada por los sentimientos
Que el papel moja en palabras
Callada de sentir
Protegida
Pétalos en la noche.

Miro que la amo
En nuestra soledad juntos
El íntimo secreto
De lo que no vivimos
Para vivir.

¿Cómo construir con lo que aún queda en pie? Comienza con la vida misma como puente hacia las cosas y las personas que le dan sentido.

LA VIDA COMO PUENTE

Aún tenemos esa admiración mutua. El amor muere cuando el aprecio hacia lo que representa muere. Esto es un tema de espíritu más que de afecto. Aquí está la conexión espíritu-alma. En este sentido soy bastante griego: separo cosas. Nos mató la cirrosis de la evasión. La reconstrucción de nuestras vidas no debe soltar la mano de nuestros recuerdos caminando en el jardín secreto de lo que supimos ser. No veo otro camino. Es una fe que no actúa, que confía en su pasado. No es tiempo de nutrir. Es tiempo de soñar un pasado.

El amor sufre cuando los involucrados no se realizan.

¿Será cierto eso de quedarse hasta el final? No lo sé. El folklor romántico latinoamericano es bastante piadoso en eso. Ni siquiera es cursi en un sentido estético. Tiene que ver mucho con la pobreza material. Yo soy más de corazones valientes. Se me dibuja la idea erigir la vida que siempre quise y que el resto de las cosas que quiero, en el camino, se va transformando hacia lo que deseo profundamente. Una de las aporías más comunes es el no pensar que entre el inicio y final de algo hay una transformación. Al obtener algo ya no se es él que lo quiso. Esta transformación no es voluntaria y no vale preocuparse. El destino es el camino dice oriente. Pero estas certezas como contradicen al corazón. Contradicen a la telenovela mexicana de la dicha y el llanto. El amor en los tiempos de escasez. Es lo que siento pero no es lo que quiero ser.
Como quisiera una especie de concentración monótona para llegar a la excelencia en algo y que ese tipo de atención me aísle de todo sub-contacto con esta herida de mi ser y que consciente e inconsciente la atraiga hacia las circunstancias de lo mejor de nuestras vidas y sentarnos en el tiempo para reírnos en la dicha de amarnos nuevamente.

No atraer, inspirar. Nuestra re-invención ya está en curso. Ya tenemos momentum. Vencimos sin que nos venciera la inercia que nos iba a llevar al punto final de nuestra historia. Ahora hay que construir, hay que asentar cambios. Insistir y esperar. Pero como quisiera haber tenido a Peterson un par de meses antes. En fin. Es sólo un punto y aparte.

Sentirla distante y lejana y al mismo tiempo ser consciente de que el mejor camino nunca es el fácil es mi condición ahora. Soy esa lucha de los semi-dioses. Como quisiera fatigar las posibilidades pero sé que ese desespero es cuando menos egoísta.
Vivir solo es lo que siempre quise y nunca perseguí. Es que así soy yo, estoy lleno de sub-identidades contradictorias que se enredan más cuando empiezo a pensar. Soy un desastre de la indecisión. Bueno ahora viviré solo, construiré mi templo, mi jardín secreto, mi parte del aire. Soy de los que de vez en cuando hacen muy mal las cosas. Cuando le propuse mudarnos hubiéramos fracasado. Gracias a ella no nos tiramos los platos de la decepción. Todo puede ser siempre peor. Me quedo con lo bueno: fuimos felices.

La mejor estrategia es la inconsciente, la que opera en subterfugiamente en nuestras decisiones. La que mientras estas construyendo tu vida influye en tu alrededor. Lo inconsciente es la certeza de nuestros deseos más profundos. Lo superficial es mentira, es hoja de viento. La inspiración es cuando el inconsciente ve o escucha.

La vida es el único puente hacia lo que queremos.

ELLA

Todo esto comenzó en ella.

Últimamente, sentía que el tiempo que nos veíamos era ausente para ella, como si en ese tiempo, ella pensara en todo lo que necesita hacer, en todo el tiempo perdido, y las demandas de sus circunstancias, y ante esas certezas que se le dibujan en mayúscula, pensar en otras cosas, en las posibilidades de nosotros sea mezquino, egoísta y desmerecido. Sentía eso en ella. Uno podía ser todo menos egoísta ahora. Y hablo de ambos. Y todo esto reafirmaba su voluntad de estar sola y tranquila. Claro que conocía bien su determinación, y esto era lo menos que esperaba de ella. Yo, leal a mí mismo, para bien o para mal, respete su determinación y cualquier giro hacia mí era ser egoísta. Claramente ella no se había buscado esto pero no era inocente. Era ansiosa, callada, irritable, con frecuencia del mal humor, de poca paciencia, insolente y a veces grosera e irracional. Son esas cosas que uno se calla y que empiezan a irritar cuando el tiempo nos empieza a estirar. La vida estira relaciones, las arruga, las dobla, y más vale que los elásticos y resortes estén fuertes. Esto es algo que sólo entiende en perspectiva: La vida no te da a elegir ciertas circunstancias y más vale que el buen tiempo haya sido útil para el mal tiempo. Ella había estado mucho tiempo callada de sentir. Anótale un poco mi incomprensión a eso.

Recuerdo que un chiste malo podía molestarla. Pero no era el chiste malo lo que la molestaba. Era lo impertinente del chiste malo en lugar de un abrazo. Pero yo no era vidente. Y hay que ser un poco vidente para amar en el tiempo. Sépase muy bien que una relación duradera empieza a desarrollar sextos sentidos de varias formas. Sutilezas que resultan de un profundo conocimiento de las virtudes y defectos de ambos creando un nuevo conjunto de virtudes y defectos.

Ahora desprecio con cierto agrado la frase: -necesito mi espacio. Me recuerda a mi estupidez. La vida va a invadir tu espacio de múltiples formas y a menos que quieras vivir en una caja vas a tener que aprender a lidiar con varias influencias e intervenciones. Eso es relacionarse, involucrarse, mezclarse, combinarse. Esta es la lección que ella me dio.

Le atraía mi enfoque sutil y diferente de las cosas. Mi intención de escribir sobre las cosas que suceden y esa diletancia que expreso en varios tópicos. Pero era solo eso: intenciones. Las intenciones afuera no funcionan y estoy trabajando en eso.
La separación de su hija fue tan grave que pasó desapercibida. Estamos ante una historia de cosas graves que pasan desapercibidas. Las cosas graves dan señales, las vemos y escogemos lidiar o no lidiar. Los dragones nos traen oro. La luz que viene de la herida es arte. Sino creamos esa luz desde nuestro caos, nuestros comienzos no serán nada nuevo.

Ella está muy bien y así quiero verla siempre, iluminada. Cocina muy bien y sólo por placer. Para ella un elemento de cocina era una estética, no una utilidad.

Puso barreras y muchas, era la forma en que expresaba su insatisfacción personal, pero al mismo tiempo amaba y se exigía. Barreras como su tensión anímica, su rigidez, su silencio, su fragilidad anímica y sus celos. Estuvo mucho tiempo tensa entre amar y estar cerca de su hija. Lo vivía y quizá no lo sabía cómo para contármelo. La vida te empuja a moverte tarde o temprano cuando estas cosas se condensan. No necesitas saberlo. Vivir algo no implica saberlo. De hecho saberlo tampoco garantiza nada, igual se vive.

NOSOTROS

Lo único claro es que seguir juntos nos hubiera llevado a otra derrota. Nos aferramos y nada iba cambiar porque nosotros no estábamos cambiando. Los cambios necesitan de actitud, aprendizaje y tiempo. Sin saber el cómo no se llega muy lejos. El tiempo en la vida no se mide en meses o años, sino en recuerdos, vivencias y deseos y como estos van cambiando conforme la vida cambia. El tiempo del caos ya está pasando. El tiempo de ella está comenzando y se lleva mucha de mi impronta y eso me deja feliz. Es bello que te recuerden por la altura de tus ideas. Mi tiempo tiene otra velocidad, aún no la percibo, pero se está moviendo, al menos mentalmente. Pero no se trata de cambiar los pensamientos sino de sentir que esos pensamientos están haciendo efecto. El corazón es atemporal. Ahora no es posible hablar de un nosotros, sino de que ambos tiempos van a gestarse hacia sus propios centros. Nuestros tiempos se separan porque cuando estuvieron juntos no fue nuestro tiempo. Todo está cambiando, por un lado el tiempo que tiende a esclarecerlo todo y en la otra línea, los sentimientos y sus incertidumbres, dos líneas paralelas que sortea nuestra bella contradicción romántica. Fuimos. En el fondo aun queremos seguir siendo, y por eso hacemos cosas todo el tiempo. Pero no es posible sin respetar todos los capítulos. Si es que hay más temporadas será porque hicimos algunas cosas bien, si no, es porque el tiempo nos ve en caminos diferentes. Es como cuando una serie no logra continuar. La gente no ve suficiente belleza en la historia. Somos así. Vibramos con cada historia de amantes imperfectos y frágiles que se enfrentan a sus insuficiencias y aun sabiendo que tienen todo a perder apuestan por el amor. Y esa es lo que ama la gente, y la gente somos nosotros dos, y eso sólo se cristalizara con el tiempo. Sospecho, por la consecución de lo pasado, que no habrá más temporadas.

FIN

Esta bastante claro ahora y ella se dio cuenta primero. Este era el amor al que uno se aferra y que nos hace madurar. Había cosas indisolubles entre nosotros, y aunque pudiéramos cambiar en el tiempo, hay cambios que deben suceder solos. Quizá lo que nos unía era demasiado irracional. Lo bello del amor es su toque irracional. No estoy de acuerdo con nuestras diferencias, todas ellas se pueden repensar, pero a todos sus reclamos, y a todas nuestras virtudes nos estaba faltando una cosa, lo más importante, eso que tuvimos al comienzo, la certeza de habernos encontrado para estar juntos como un absoluto. Ya no es así. Lo perdimos. Estamos así debido a ciertas razones. A esos silencios que dicen más de lo que callan, a esas irritancias, a las opiniones y las intolerancias de los espacios comunes y todo esto siempre es lo primero en aparecer, porque el corazón cae último. La mente se aclara con el tiempo, al corazón le toca un poco después.

Lo primero que se asomó entre nosotros y lo callamos fue un tipo de frustración individual, de significado. No se debe callar lo imposible. Se debe ventilarlo. Comenzar cierta iniciativa hacia él.

No es que nuestros tiempos no sean los mismos, no, ambos estamos en la época de vindicar nuestra vida, ambos queremos ser mejores y estamos evolucionando. Es sólo que no parece haber ya nada afuera. Lo perdimos. Lo perdimos tiempo atrás cuando dejamos de regar nuestras flores ciegos del desdén de nuestras apatías. Ahora esta es mi claridad: aferrarse es forzar, forzar trae fricción, la fricción nos frena.

¿Tiempo perdido? De ninguna manera. Aprendí sobre nuestra fragilidad, sobre las preguntas incomodas, sobre lo que vale en la vida.

Este fin no es típico. Carece de languideces humanas. Está más cerca de la imposibilidad tiempo-amor que nos hace vivir de lleno cada espacio tiempo de nuestra vida. Es esa fragilidad que nos da significado y ganas de seguir.

 

Nutrir

Cargamos con ideas de superficie
Que el deseo muere con la tenencia
Que la pasión es finita.

Todo eso es falso
Nadie posee más allá de sus ojos.

Lo natural es la inercia
El camino es el destino
La belleza está en la búsqueda
De aquella máquina del tiempo
Que es mi pasado y mi futuro.

Nutrir en cada vigencia
Nutrir en cada escapatoria
Nutrir en cada entrega.

LAUTARO FARCUZ

SOMBRAS AJENAS

Como parte de ti
Que yace debajo de las urgencias
Y de las obligaciones
Te sigo.

Como el ruido que empieza avisar
O las preguntas incómodas de la edad
Me acerco.

Soy la experiencia que nadie quiere tener
La oscuridad afuera de tu luz
La respuestas de tus otros yo’s.

Soy la factura del tiempo de las cosas que escondiste.
Y he venido a enseñarte que el sufrimiento no tiene explicación porque es natural
Una vida de significado es la única interrogante
Soy la sombra del vivir sólo el presente.

Ama y riega tus rosas
Nútrelas con el caos de tu esperanza
Porque el tiempo de las sombras llegará
Y sólo así,
No será más que una noche ajena y pasajera.

Hay mucha vida en abrir puertas a sombras ajenas
Como hay juventud en las preguntas que no tienen respuesta
Y como hay más días y noches después de la noche interior.

LAUTARO FARCUZ

Kilómetro 0

Cuando se regresa al principio
Que es cuando todo tiene sentido
Es cuando me repaso.
Y mi realidad, tu
Me explica sin hablar
el error racional de la conjetura.

No hay más razones
Que la gacela de aquél Ortega y Gasset
Y que mi significado no soy yo
que el amor es soñar que estás viviendo
Y que la foto que me inventa cada posibilidad
Es sólo entre tú y yo.

Vuelvo al kilómetro 0
Mi centro al que no pertenezco
Del que me perdí centrífugo
De la mañana soleada de tu piel.

LAUTARO FARCUZ

FELICIDAD

Una teoría

Primero, distinguirla claramente de cualquier estado de bienestar o satisfacción, resultado de un espíritu que se ocupa en lo exterior, de voluntades que operan en forma centrífuga. El individuo, ya sea empresario, activista, o caudillo, concentra toda su actividad mental en un constante anhelo hacia lo exterior. Por el contrario, el hallazgo intimo es el resultado de una voluntad centrípeta, una volcadura espiritual hacia lo interior. La primera riqueza interior es el instrospecto que la albergará: el alma, aparato nervioso del espíritu. Una vez aclarada esta distinción, se debe procurar una vida feliz a partir de una búsqueda inteligente del placer (Epicuro), eludiendo relativamente al dolor sin caer en el vicio de no vivir (M. Fernández), y es en este camino donde el espíritu debe hacer del Arte y la Ciencia su mas noble alimento.

Huelga decir el fracaso de encarar tal desafío en búsquedas exteriores. Fama, éxito, reconocimiento, prosperidad suelen anticipar célebres suicidios.

Ciertamente este estado espiritual no es plebeyo. Sólo los perros mueven la cola.

 

TEORÍA ESTÉTICA GENERAL DEL ARTE Y DEL AMOR

  

PROFESIÓN Y VOCACIÓN

  

GOBIERNO DEL AMOR

I

Como cualquiera de las pocas cosas que importan en la vida, el amor romántico, azar de la felicidad, ha de merecer una teoría de su cuidado; sin embargo, la naturaleza de los hechos comunes es tal, que poco se sabe de los asuntos de importancia, y poco se sabrá.

Desde la atención que va la pasión, y de ésta a la voluntad, los seres poco entienden lo que viven. Vivir y sentir no es entender. Ser feliz es ignorar, y el olvido una vigencia. En lo común, la inmediatez de lo sensible superpone, cuando no a oculta, a la razón. No me ocupa dirimir sobre las operaciones sentimentales, que es propósito del arte y la expresión artesanal, sino presentar algunos trazos de la inteligencia al cuidado del sentimiento romántico, tan susceptible y particular, frente a otros sentimientos, que erróneamente calificamos como amor. La palabra amor no es más que un comodín de muchos sentimientos de diferente naturaleza e intensidad.

La pasión es absoluta, une y entrega, la razón es relativa, asocia y pondera.

El ímpetu pasional se opone al proceso lógico, cuando no lo subordina; sin embargo, esta tendencia es sólo cultural, y por tanto ajena y débil para razonadores y seres de espíritu. El propósito de amar, si es que existe tal propósito, es establecer una precisa combinación de razón y pasión, un equilibrio sumamente inestable, y de ahí su cuidado, que entregue al espíritu, la dicha y el placer de brillar en la existencia y en el tiempo, y de establecer un ritmo natural en la orientación de las voluntades. Ambas, razón y pasión, se garantizan circularmente: el erotismo, o la poesía del acto amoroso, no es más que el delicioso fruto de una fértil imaginación; y la civilización, un breve ejemplo de complejos procesos donde los hombres de ciencia se apasionan por sus creencias.

Por ser complementarias y opuestas, mente y corazón se interiorizan en los amantes. La intensidad en la entrega y la sorpresa, leña de toda pasión, contrasta en el tiempo con la mesura y clarividencia, que ordena, lo que en desorden amamos. Como piedras preciosas que el artesano colecta y transforma en ornamento. La rutina es sólo la frontera que atenta a la incertidumbre, en un desplazamiento que va desde la magia a lo predecible, de la pasión a la razón. Fluctuaciones que una mente sensible debe encargarse de Misteriorizar.

Estipular las razones de amar es un error del bienestar. La inteligencia debe ocuparse de educar a la voluntad, y no de mapas o recetas.

Una equilibrada secuencia de eventos, donde la inteligencia de los amantes, entone, como parte de una disonancia y una armonía, su danza alrededor de su otro centro, en atracción y repulsión, como las fuerzas que mantienen al universo en movimiento; una comunión intima entre las medidas justas y la entrega, entre el cuidado y la usurpación, entre la fantasía y la sexualidad primate, entre la sorpresa y la seguridad, y entre todas las indefiniciones y sus opuestos que vivimos sin entender, en fin, un intento estético de volver, a través de la creatividad, a la emoción pura y dirigida.
No hay reglas por que no hay una teoría, como en todo lo humano, pero si pensamientos profundos y postulados estéticos. Macedonio Fernández sostenía que el placer insípido es el resultado de la satisfacción inmediata del deseo. Tal vez aquí el grial del amor romántico: su grandeza y su caída: la desazón de la satisfacción segura. La seguridad, tan ansiada al amar, conspira en su contra: es el objeto que al aparecer elimina el deseo que se le atribuye. El placer necesita de cierta angustia, y es proporcional a la misma. A la dicha se llega por el camino de la desdicha.

II

Busquemos la felicidad y no el bienestar.

La comodidad es un estado del alma externo, relacionado a la satisfacción humana de ciertas necesidades que la vida material demanda, y es lo que queda cuando se olvida que la sustancia de la vida sólo son ficciones: que un buen numero de recuerdos, tormentos, anhelos y proyectos nos levantan de la cama, y que frente a realidad ficticia, la única, el bienestar no puede intervenir. Huelga describir la calamidad de enfrentarse a la ficción de vivir por el lado del bienestar. Todo bienestar es hacia afuera, centrífugo. Sólo los conocedores de su propia ficción saben que la felicidad es interior, centrípeta, y que se llega por un estado de ensimismamiento que, por medio de la libertad intima, y los estados de excitación espiritual, se cultiva de un modo mas o menos ordenado.

No cometamos el error del conocimiento, y la aplicación de modelos a un teoría inexistente de la vida, saber es perder el encanto de la aparición, de la epifanía; el conocimiento debe perpetuarse en una reinvención de ciertos modos de pensar y de actuar, como el hecho de escoger un nuevo vino, y de mirar a tu mujer y decirle que la belleza no tiene que ver con el conocimiento. La ignorancia y la inteligencia son las mejores amigas del amor, síganlas a pesar de la vida material.

Existe en materia romántica un abuso del bienestar, y es lo mejor que pueden conseguir la mayoría de seres ajenos a si mismos.

III

La vida es un proceso involuntario lleno de decisiones.

La vida en general, por ser involuntaria, ofrece menos que escoger que cualquier otra cosa; azar que se esmera especialmente en materia romántica, y que, por ser inesperado, como la vida, y ajeno a la pulsión voluntaria, merece cierto rigor en el pensamiento, y cuidado en el ejercicio. Abandonarnos fall in love, es el buen camino que propone este genero literario, pero es insuficiente, si se conoce que el terreno afectivo, intenso e infinito, es limitado. Nada más desmotivador para la poesía que el conseguir lo que deseamos. Nada más estéril, que la pereza espiritual de la comodidad. Gastemos el tiempo, que por lo demás, de todas formas transcurre, en una adecuada política de mínimos y de riesgos que sólo lo impredecible otorga, y que sólo la literatura, como representación estética del pensamiento, puede crear, sobre las piedras preciosas de la pasión.

Por lo demás no hay camino, ni receta, ni certeza; y es así que es bello e inútil, como todo lo humano.

No tengo culpa
Vivo y siento
Y todo se lo lleva el tiempo
Respiro sentimientos
Pierdo el recuerdo
Soy el tiempo.

IV

Ritmo Natural

La metáfora visual de Barthes (Cómo vivir juntos, Roland Barthes p. 52) es perfecta: una madre y un niño camina en la acera, la madre tiene el poder y conserva el ritmo, el niño debe apresurar el paso, su andar es débil y acelerado, sometido a la dependencia maternal, mal vive su viaje.

Sintonizar dos fluentes de voluntades mas o menos libres implica que los amantes se propongan, ante todo, ser fieles a si mismos, y esto, desde el nacimiento de la pasión, ya puede ser ambicioso, pues la presentación del amante suele ser su propia propaganda. El relacionamiento, aunque no quiera, comporta una ética de la distancia, es decir, una visión autentica del ritmo natural del amante. Toda gravitación no puede ser absoluta, como las fuerzas que gobiernan el universo. Para cada fuerza de atracción debe existir una política del escrúpulo, un reparo que nos desvíe del camino de la seguridad y el confort.

El ritmo natural de la vida es como el estilo natural de la escritura, se obtiene después de un riguroso ejercicio de limpieza y síntesis. Los hombres aprenden el rigor de las disciplinas estéticas para poder crear la dramatización, y lo que hacen es volver al drama irresoluto que viven los hombres que viven, el cual es tal vez, su propio drama. Sólo finge quien sabe.

El tiempo es el amante de los amantes, la caricia de la dicha en los días que serán los días; y con esto no estoy diciendo más que todo es movimiento; inútil es poseer lo que esta en movimiento, como inútil y bella es la tristeza de volver a la infancia perdida. La atención debe concentrarse en la perturbación de la voluntad, que es el punto exacto donde los amantes llegan al equilibrio del no querer nada, esta vacancia de la voluntad debe ser perturbada por otro deseo, por una reserva útil fruto de la riqueza interior. Ante la perturbación, el amante quiere volver a experimentar la energía, y opta por el estado de vacancia sin ausencia, sin dolor. Necesitamos, los amantes, percibir los signos de las primeras perturbaciones al ritmo natural de ser fiel a si mismo, esto me lleva a la aporía inicial: ¿existe en el amante la posibilidad de poder llegar a su ritmo natural? No veo la posibilidad de ni si quiera llegar a ciertos rasgos de autenticidad en estas enajenaciones de conglomerados. Se debe entender la cesación del deseo no como un abandono de la voluntad, sino como el final de una práctica de vida, un luto sin drama, pues la devoción ha cesado sin que el amante se haya ido.

Hay que sacar al fantasma de uno mismo siempre que se asoma, nuestra naturaleza dual define dos estados que los griegos conocían muy bien: dypsychia, estado de disociación en incongruencia, el alma dividida en dos, indecisión, hepsychia, estado integro y congruencia con uno mismo, carencia de responsabilidades. La dualidad intima es la razón de todo conflicto interior. Seamos un poco griegos con nuestro fantasma, él es lo que queda de todo lo que no podemos ser.
Sin embargo -siempre hay un sin embargo- “No cualquiera es capaz de enamorarse, ni de cualquiera se enamora el capaz” (Obras Completas IV, Ortega y Gasset p. 391).

V

Desmontar el afecto contrario al sentimiento

Para Breton, el amor, especialmente el intenso, y el mal denominado, “amor loco”, suele empañarse por circunstancias ajenas al mismo; esta falacia, tan real, es la que debe desmontarse por medio de la inteligencia. Los estados anímicos y mentales son transitorios, como todo estado, y propician estas verdaderas pesadillas amorosas; hay que desovillar, separar, desasociar estas apariciones emocionales. Sólo la confesión interior y objetiva trae la claridad que despierta las miradas. Para él, los amantes son víctimas de poderes oscuros que desaparecen a la luz de la inteligencia.

El amante, que por su naturaleza emocional, está mas propicio a la exacerbación afectiva, tanto en el deseo, como en la repulsión, debe desconfiar de cualquier impulso. Todo impulso propende al error. Toda exacerbación es falsa, y es sólo un reflejo involuntario a las pequeñas manifestaciones del sentido trágico, y mas trágico aún, de la vida moderna.

Por lo demás, acabando con esta emanación de ideas, cumplo con mi deber de enunciar algunas ideas para los seres libres de espíritu, y me declaro adepto de lo que Octavio Paz y Ortega y Gasset declaran como el sentimiento estético de la vida frente el sentido trágico de la vida: la “cultura del amor”. “Cojamos lo que podamos porque igual perderemos” Boris Yellnikoff. (Whatever it Works, Woody Allen).

LA RECONSTRUCCION FINAL DEL MUNDO

I

Superando a la mitología moral, o a lo que bien llamaron religión, selectos hombres cavilaron un cielo en infinita reconciliación; un cielo de dicha eterna de justos e injustos, del beato y el inicuo.

Pactando la negación, camina la insensatez moral de un cielo cuya eterna dicha es contemplar la desdicha del pecador. Toda negación sostiene una gran verdad.

Todo un mundo cabe entre estas dos estampas, y una diligencia historiada los deriva hacia el único cielo.

¡Ah la insensatez de importarse por los otros!, como las desdichas de los injustos, como el origen de todo mal.

De un cielo superior
Donde justos e injustos,
En reconciliación y dicha,
Felicidad y culpa
Y eternidad finita.

De una insensatez moral
Y un paraíso cruel
Y el placer de contemplar
La desdicha del infiel.

Un mundo cabe,
Entre estos dos cielos,
Y su diligencia sabe
El destino fiel.

Tan original como el ser humano
Es el amor por los otros.
Preocupación misma
De su cielo infiel.

II

Nadie se ha contemplado a sí mismo si no fuera por el espejo y la fotografía, artefactos que atentan al tiempo.

La muerte, que es sólo dejar de ser visto, comporta una íntima indiferencia en todo aquel que no es otro, sino en aquel que nunca se ha visto.

III

Mi reino no es de este mundo, educo a la sonrisa y veo que, no seré feliz tan fácilmente, poeta infeliz y sin reino.

Una unción secreta me devela que el corazón debe ser pensado, y esas obras de arte que en algunas vidas se proclamaron dolor, son sólo imaginación insuficiente. Y que el fin, si hay algún fin, es el único órgano verbal espiritual insoluble e infinitesimal.

Todo esto está en mí. Todo lo que encontramos está ya en uno.

Es mi reino alado.

IV

La belleza es triste como el canto infante que nos abandona en el sueño. El corazón se abre, y el palpite vivo es mi pasado intocable y retráctil. Es la herida que el tiempo curó al nacer.  Lo más cercano fueron mis miradas tristes de niño inútil.

¡Oh universal tristeza! La de entender que entre el niño y el hombre el tiempo cava un abismo. La de la tradición muerta que es mi infancia.

V

En el sagrado laberinto de la existencia el alma ocupa su disuasión. Felices los que desconocen la incumbencia del laberinto, felices porque mueren felices. Desdichados los desesperados, que en sus eternas y finitas horas, mueren como todos. El laberinto desespera a sus hijos predilectos, comercia el talento con la angustia. Poetas y locos proclamaron las inexpugnables leyes del laberinto, crueles y bellas verdades fueron olvidadas.

Sensibles a la infamia, los unos se abandonaron a la convivencia con los felices (gentiles),  la naturaleza de sus diferencias pactó una convivencia a otro nivel. Profesaron un primitivo sacerdocio y el dogma de la aceptación. La historia les pertenecía.

Pero el laberinto pertenece a sus desesperados, porque en su pugna y en su conjetura se alimenta su misterio, jamás en su aceptación.

Unos pocos evolucionan el laberinto.

Y se revelaran los antiguos secretos de un tiempo remoto e inconcluso, para abrir la marcha triunfal del reino del espíritu, del tercer reino de la humanidad.