El imperio del gran mal entendido

Un_comentario, por Luis Daniel

A propósito del artículo http://prodavinci.com/2012/03/01/actualidad/el-gran-malentendido-por-fernando-mires/

Cuando entramos al mundo de las ideas y los conceptos, éstos, como un árbol o un ser humano, nunca flotan en los espacios en blanco, sino que se crearon, se asentaron, y se asientan en realidades históricas. Hablar de democracia y justicia social por separado me lleva a pensar que existe fines y medios, la democracia es el camino para la justicia social, sin embargo la realidad histórica aporta una variedad de matices y variables que como siempre, superan los conceptos. Dictaduras, derechos humanos, libertades, libre mercado, regulaciones, etc, hasta los mismos políticos desconocen ciertos campos de organización, pues son sólo seres humanos que aplican sus doctrinas para llegar a un fin que se supone común, en donde el ego, la necesidad caudillista y las carencias populares son las que definen la historia.

No es fácil hablar de formas, contenidos y organizaciones en sus expresiones más puras y desvincularlas de sus realidades, pero ante tal desafío, deberíamos hablar también de las actuales tendencias y porque no, hacer el ejercicio de extrapolarlas con el fin de prever ciertos problemas. Las democracias representativas, es decir las “clásicas”, nunca fueron perfectas y parecen empeorar. La concesión soberana del poder está cada vez mas supeditada al protagonismo social, empresarial y al poder financiero, esto es algo que se debería haber previsto, sin embargo no hay que ser ingenuos, no existe verdadero interés en que esto cambie.

No veo al capitalismo como sólo una organización económica, sino como una filosofía de una organización económica. Una filosofía que hace que todas mis -o las- decisiones giren en torno a la economía y la necesidad de lucro, y como toda filosofía o religión, no es fácil cambiarla. Pero al mismo tiempo, y a estas alturas, no podemos pensar que toda innovación, creación, producción, enseñanza o cultura tiene que tener fines de lucro y, ante la flagrante demanda de soluciones innovadoras, no podemos darnos el lujo de andar haciendo cálculos financieros para pensar que lo necesario es viable. Y es ahí donde debe cambiar la filosofía, pues el capitalismo supedita cualquier acto de transformación del mundo a los beneficios económicos. Pero si tal filosofía cambia, ya no seria pues capitalismo, tampoco seria socialismo, pues éste no es una organización económica, seria otro tipo organización, o tal vez sea la misma, bajo otra filosofía.

Si ponemos en un contexto histórico y latinoamericano al socialismo y al capitalismo como los dos bandos antagónicos propiamente dichos, tenemos tal vez el primer malentendido, ambos han luchado y luchan aún una batalla que no siempre es justa pero que en teoría no deberían luchar, pues estaríamos ante la lucha de una organización económica contra una política, teniendo pues la organización económica, todas las de ganar. Si la lucha existe, y esta no obedece a las categorías de sus protagonistas, tal vez el mal entendido está en la adherencia-fanatismo de cierto grupo político a su propia organización económica y en la ausencia de otras alternativas de organización económica para otras vías políticas. O tal vez el malentendido sea que el capitalismo no es sólo una organización económica, sino la deformación intencionada de una forma general de organización económica que debiera ser regulada como lo es el tránsito de las grandes ciudades. Regulación que en efecto, el socialismo hace cada vez que puede y que el capitalismo o mejor dicho sus beneficiarios directos, des-hacen cada vez que pueden.

En teoría, Latinoamérica es el mejor escenario en el que un acto opresivo no hace mas que acumular energía en el individuo oprimido, agravando el capitalismo mas esta situación, pues este, por su propia estructura, acaba colocando el capital en cada vez en menos individuos, aumentando pues, el numero de oprimidos. El capitalismo, en sus expresiones más salvajes, trasgrede la ley, genera mas ganancias de las que produce y además no sólo no las distribuye sino que las usa para esclavizar –y esta es la palabra- mas al hombre de la calle. Y hablo del hombre de la calle porque finalmente es él el propósito de nuestro pensamiento. No hacemos nada debatiendo y problematizando si esto no se traduce en bienestar para él. A veces subestimamos al ciudadano común en cuestiones de economía o justicia social, sin embargo él vive esa realidad y es para él que debemos pensar en éstos grandes malentendidos.

Y ya que estamos entre grandes malentendidos, pensar que debemos ser esclavos financieros del sistema es tal vez el primero de ellos. Pensar que el capitalismo no esta a nuestro servicio sino muy por el contrario podría ser otro pero, pensar en capitalismo y justicia social conviviendo no sería acaso el mayor mal entendido de todos ?.