La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Categoría: artículos

PODER

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Lentamente, cuando el desplazamiento de lo que representa nuestra relación,
pasa del ser amado hacia el placer que nos entrega, es cuando la atención se
centra en uno mismo y comienzan los juegos del poder.

 

Fatigan razones para enamorarse, de eso no se trata las historias de poder. Se trata de cómo se transforma una vida en pareja hacia una disputa de poder. Comencemos por enamorarse y estar juntos como primer hito de nuestra historia. Vivir juntos, y con esto, las urgencias de un divorcio y de un trabajo en el extranjero ya estaban controladas. Ella ya estaba tranquila y protegida. A partir de ahí todo iba a ser conyugal. Todo iba a ser diferente y no lo sabíamos. Pequeñas circunstancias adversas ya nos acompañaban: trabajar en casa, poco espacio, Micaela en el colegio y mi inexperiencia. Nos estábamos conociendo en estas circunstancias. Estábamos ya en el camino. No fueron tiempos difíciles, todo lo contrario, recuerdo con mucha felicidad y cariño esas tardes con caminatas al cerro, bajando y subiendo en bicicleta, las fiestitas con “la culpa es de colón”. Fui feliz. Trabajaba en casa, no tenía que levantarme temprano. Lo mejor de nosotros estaban en esos meses en que caminábamos sin conocernos bien y sin conocer bien el camino. Eso es un poco ser feliz: no conocer los peligros. Pequeñas indecisiones y frustraciones estaban apareciendo sin darnos cuenta. Rutina, una caja pequeña, trabajos nada promisorios, y una apuesta por la pasión que parecía perder color a la vista de las obligaciones. Su divorcio aún estaba fresco. Había insolencia, culpas y fricciones. Y nos contemplábamos felices. Todo iba a pasar. Pero lo que ocurría era que la vida real estaba exigiéndonos y nosotros no. Ya habíamos cumplido la construcción, ahora estábamos en la realización y pasa lo que suele pasar en esta etapa, inconscientemente nos abocamos al placer que nuestro amor nos entregaba. Ya no era la promesa de estar juntos, sino la felicidad de vivir juntos. Aquí el foco se traslada hacia nosotros mismos, se sacan las cuentas de la dicha y comienza una sutil disputa de poder. Las parejas llegan a esta etapa después de cumplir sus promesas, el tiempo puede variar, pero inexorablemente se llega, es cuando te sientas sobre lo realizado y donde algunos sueños personales irrealizados se van a dormir. Pasamos del deseo a la factura de la dicha. Aquí vienen las obligaciones, las rutinas, las urgencias, los modus operandi de la intimidad y el teatro de las inseguridades. Salen las ramificaciones del carácter y sus frustraciones. Estas cosas no suelen aparecer en el tiempo de las promesas. En lo conyugal, la expectativa comienza a cobrar con una tenue lucha por mantener los dominios. Es natural tener la expectativa de lo prometido. Se empieza a hablar de ciertas cosas. De la necesidad de espacios, de amigos, de las cuentas, del cómo vamos. Es el yo que empieza a demandar. Y pasamos del sueño de ser felices a los hilos de las exigencias ¿en qué momento nos olvidamos de nuestras promesas? ¿Cuándo dejamos de ser felices? ¿sabíamos acaso como ser felices ahora?. Los celos son los naipes de la inseguridad. Y había inseguridad en las circunstancias. Yo pagaba todas las cuentas y eso la dejaba insegura. Hay personas que buscan seguridad en el otro, pero ella es mucho más inteligente y se daba cuenta que la única seguridad está en ella misma. Era así y me llenaba de orgullo. Pero me estaba cansando de ese círculo vicioso inseguridad celos. Meses antes había renunciado a su trabajo, tal vez irresponsablemente.

Yo ya había vivido con mi ex esposa pero esto era diferente, en aquel entonces no me frustraba. Ahora la amaba y me frustraba. Y me frustraba más porque la amaba. Sabía por mis sueños de soñador que me adhiero a la libertad. La libertad de combinar nuestros tiempos, de revisar a los amigos, de conversar, reír, ser yo mismo. Y todo esto no parecía combinar con mis días de esos meses. No era infeliz. Pero había perímetros de mi ser que tenía que atender. El virus de la duda parecía instalarse. Y es ahí cuando los mecanismos de sobrevivencia activan ciertas alarmas. Cuando la desventaja obliga a ejercer dominio. Y ese dominio es directamente proporcional a la irrealización. Pero la realidad es mucho más compleja e interesante. Una lucha de dominios por atesorar a lo que nos aferramos en el camino, a lo que creímos de nuestro amor. Es el insistir y persistir en la lucha más bella que se emprende en la vida: el proyecto de vida juntos. Ya no nos contemplábamos. Y cuando el lienzo del destino empieza a perder color nos aferramos a lo único seguro: tener el control de algo. No importa que es lo que se controle.

El secreto es volver a contemplarse y despertar a los sueños que mandamos a dormir. Volver a nuestra vida irrealizada porque siempre hay sueños que se desplazan cuando nos enamoramos. Y yo olvide mis propósitos cuando me enamore de ella porque ella se convirtió en lo más importante para mí. Era tiempo de centrarnos en nosotros. Pero no lo hicimos. Solo cambiamos de escenario. Me mude. Y luego ella se mudó conmigo y comenzamos otra etapa. Nos obviamos y pensamos que todo pasaría. Y si no sacamos joyas de nuestro caos los comienzos no tendrán nada nuevo.

Los juegos de poder son nuestras ramificaciones que van hacia nuestras insuficiencias. El mío era tratar de ser libre. Mi historia era de no serlo. Necesitaba canalizar mi energía creativa en algo más que critica ingeniosa a la sociedad y dejarme de esas tonterías libertarias. El de ella era el control que emana de su inseguridad. En esta danza importa mucho mirarse a los ojos y pensarse. Y es lo difícil porque en general las obligaciones empujan a acostumbrarse. Esto ya es un terreno mental, ponderamos, calculamos lo vivido y aceptamos. Los ciclos de la vida son ciclos, altos y bajos y circulares. En esta etapa, y en perspectiva, la hubiera sacado a bailar y mirándola decirle que tenemos que vivir los sueños de cada uno juntos. Seguir soñándonos porque el destino es el camino. Volver a las promesas que nos trajeron aquí haciendo otras promesas. El amor en el tiempo siempre es una promesa. Siempre vamos a querer bailar nuevas canciones porque siempre estamos en movimiento. Siempre renovar el playlist.

¿Terapia? No me di cuenta que en pareja todo es de a dos. Me equivoqué y ella no señalo mi error. Pensé que sus juegos de poder era el único problema. Yo también tenía problemas que me hacían irritable. Una pelea por cualquier cosa es solo el efecto de algo subyacente.

Y sólo nos dimos las espaldas. Y seguíamos juntos con una esperanza muda. Pero soy un idealista de raíz y creo que el corazón está por encima de sus circunstancias. Puede que tenga tantos errores como virtudes pero lo importante es que estoy consciente de ello. En las promesas nos volvemos a contemplar.

Terminamos. Me fui de casa. Alquile otro departamento. Después de un mes nos vimos y le dije que se mudara conmigo. Aceptó. Nos hicimos promesas. Fui feliz de tenerla a mi lado y comenzamos otra vez. Nuestro amor era intenso aún. Era buena leña que daba buen calor aún. Pero no usamos el buen tiempo para el mal tiempo. No lo suficiente. Nos prometíamos enmendarnos pero no teníamos el aprendizaje para llevarlo a cabo. Tuve que irme a trabajar a Chile por un tiempo y volvía la última semana de cada mes. Sobrevivimos a eso. Casi fui padre y eso me hizo muy feliz. Volvieron las inseguridades a distancia y mis aires de libertad. Volvieron los mismos juegos de poder y creíamos que lo estábamos manejando. Pero no lo estábamos manejando. Suelo conversar y traer los problemas a la mesa. Pero no conectaba con ella porque no me miraba a mí mismo. No me daba cuenta de que hay algo más que tener la razón. Y es lo más importante. Darse cuenta de algo es mejor que tener la razón. Darse cuenta de algo es tener la claridad de que nuestros problemas tienen un sentido. Y era ahí donde debíamos apuntar. Encontrarle un sentido a las cosas es mucho mejor que barajar las culpas. Ahora lo sé. Pero una vida en pareja no es el mejor lugar para pensar las cosas. No es terreno neutral.

Quiero interpelar a los juegos de poder y volver a reírnos en cualquier lugar y de cualquier cosa como en los tiempos de las promesas. Volver a sernos. A mirarnos a los ojos como antes. Ser los mismos desde nuestra nueva perspectiva.

FELICIDAD

Una teoría

Primero, distinguirla claramente de cualquier estado de bienestar o satisfacción, resultado de un espíritu que se ocupa en lo exterior, de voluntades que operan en forma centrífuga. El individuo, ya sea empresario, activista, o caudillo, concentra toda su actividad mental en un constante anhelo hacia lo exterior. Por el contrario, el hallazgo intimo es el resultado de una voluntad centrípeta, una volcadura espiritual hacia lo interior. La primera riqueza interior es el instrospecto que la albergará: el alma, aparato nervioso del espíritu. Una vez aclarada esta distinción, se debe procurar una vida feliz a partir de una búsqueda inteligente del placer (Epicuro), eludiendo relativamente al dolor sin caer en el vicio de no vivir (M. Fernández), y es en este camino donde el espíritu debe hacer del Arte y la Ciencia su mas noble alimento.

Huelga decir el fracaso de encarar tal desafío en búsquedas exteriores. Fama, éxito, reconocimiento, prosperidad suelen anticipar célebres suicidios.

Ciertamente este estado espiritual no es plebeyo. Sólo los perros mueven la cola.

 

GOBIERNO DEL AMOR

I

Como cualquiera de las pocas cosas que importan en la vida, el amor romántico, azar de la felicidad, ha de merecer una teoría de su cuidado; sin embargo, la naturaleza de los hechos comunes es tal, que poco se sabe de los asuntos de importancia, y poco se sabrá.

Desde la atención que va la pasión, y de ésta a la voluntad, los seres poco entienden lo que viven. Vivir y sentir no es entender. Ser feliz es ignorar, y el olvido una vigencia. En lo común, la inmediatez de lo sensible superpone, cuando no a oculta, a la razón. No me ocupa dirimir sobre las operaciones sentimentales, que es propósito del arte y la expresión artesanal, sino presentar algunos trazos de la inteligencia al cuidado del sentimiento romántico, tan susceptible y particular, frente a otros sentimientos, que erróneamente calificamos como amor. La palabra amor no es más que un comodín de muchos sentimientos de diferente naturaleza e intensidad.

La pasión es absoluta, une y entrega, la razón es relativa, asocia y pondera.

El ímpetu pasional se opone al proceso lógico, cuando no lo subordina; sin embargo, esta tendencia es sólo cultural, y por tanto ajena y débil para razonadores y seres de espíritu. El propósito de amar, si es que existe tal propósito, es establecer una precisa combinación de razón y pasión, un equilibrio sumamente inestable, y de ahí su cuidado, que entregue al espíritu, la dicha y el placer de brillar en la existencia y en el tiempo, y de establecer un ritmo natural en la orientación de las voluntades. Ambas, razón y pasión, se garantizan circularmente: el erotismo, o la poesía del acto amoroso, no es más que el delicioso fruto de una fértil imaginación; y la civilización, un breve ejemplo de complejos procesos donde los hombres de ciencia se apasionan por sus creencias.

Por ser complementarias y opuestas, mente y corazón se interiorizan en los amantes. La intensidad en la entrega y la sorpresa, leña de toda pasión, contrasta en el tiempo con la mesura y clarividencia, que ordena, lo que en desorden amamos. Como piedras preciosas que el artesano colecta y transforma en ornamento. La rutina es sólo la frontera que atenta a la incertidumbre, en un desplazamiento que va desde la magia a lo predecible, de la pasión a la razón. Fluctuaciones que una mente sensible debe encargarse de Misteriorizar.

Estipular las razones de amar es un error del bienestar. La inteligencia debe ocuparse de educar a la voluntad, y no de mapas o recetas.

Una equilibrada secuencia de eventos, donde la inteligencia de los amantes, entone, como parte de una disonancia y una armonía, su danza alrededor de su otro centro, en atracción y repulsión, como las fuerzas que mantienen al universo en movimiento; una comunión intima entre las medidas justas y la entrega, entre el cuidado y la usurpación, entre la fantasía y la sexualidad primate, entre la sorpresa y la seguridad, y entre todas las indefiniciones y sus opuestos que vivimos sin entender, en fin, un intento estético de volver, a través de la creatividad, a la emoción pura y dirigida.
No hay reglas por que no hay una teoría, como en todo lo humano, pero si pensamientos profundos y postulados estéticos. Macedonio Fernández sostenía que el placer insípido es el resultado de la satisfacción inmediata del deseo. Tal vez aquí el grial del amor romántico: su grandeza y su caída: la desazón de la satisfacción segura. La seguridad, tan ansiada al amar, conspira en su contra: es el objeto que al aparecer elimina el deseo que se le atribuye. El placer necesita de cierta angustia, y es proporcional a la misma. A la dicha se llega por el camino de la desdicha.

II

Busquemos la felicidad y no el bienestar.

La comodidad es un estado del alma externo, relacionado a la satisfacción humana de ciertas necesidades que la vida material demanda, y es lo que queda cuando se olvida que la sustancia de la vida sólo son ficciones: que un buen numero de recuerdos, tormentos, anhelos y proyectos nos levantan de la cama, y que frente a realidad ficticia, la única, el bienestar no puede intervenir. Huelga describir la calamidad de enfrentarse a la ficción de vivir por el lado del bienestar. Todo bienestar es hacia afuera, centrífugo. Sólo los conocedores de su propia ficción saben que la felicidad es interior, centrípeta, y que se llega por un estado de ensimismamiento que, por medio de la libertad intima, y los estados de excitación espiritual, se cultiva de un modo mas o menos ordenado.

No cometamos el error del conocimiento, y la aplicación de modelos a un teoría inexistente de la vida, saber es perder el encanto de la aparición, de la epifanía; el conocimiento debe perpetuarse en una reinvención de ciertos modos de pensar y de actuar, como el hecho de escoger un nuevo vino, y de mirar a tu mujer y decirle que la belleza no tiene que ver con el conocimiento. La ignorancia y la inteligencia son las mejores amigas del amor, síganlas a pesar de la vida material.

Existe en materia romántica un abuso del bienestar, y es lo mejor que pueden conseguir la mayoría de seres ajenos a si mismos.

III

La vida es un proceso involuntario lleno de decisiones.

La vida en general, por ser involuntaria, ofrece menos que escoger que cualquier otra cosa; azar que se esmera especialmente en materia romántica, y que, por ser inesperado, como la vida, y ajeno a la pulsión voluntaria, merece cierto rigor en el pensamiento, y cuidado en el ejercicio. Abandonarnos fall in love, es el buen camino que propone este genero literario, pero es insuficiente, si se conoce que el terreno afectivo, intenso e infinito, es limitado. Nada más desmotivador para la poesía que el conseguir lo que deseamos. Nada más estéril, que la pereza espiritual de la comodidad. Gastemos el tiempo, que por lo demás, de todas formas transcurre, en una adecuada política de mínimos y de riesgos que sólo lo impredecible otorga, y que sólo la literatura, como representación estética del pensamiento, puede crear, sobre las piedras preciosas de la pasión.

Por lo demás no hay camino, ni receta, ni certeza; y es así que es bello e inútil, como todo lo humano.

No tengo culpa
Vivo y siento
Y todo se lo lleva el tiempo
Respiro sentimientos
Pierdo el recuerdo
Soy el tiempo.

IV

Ritmo Natural

La metáfora visual de Barthes (Cómo vivir juntos, Roland Barthes p. 52) es perfecta: una madre y un niño camina en la acera, la madre tiene el poder y conserva el ritmo, el niño debe apresurar el paso, su andar es débil y acelerado, sometido a la dependencia maternal, mal vive su viaje.

Sintonizar dos fluentes de voluntades mas o menos libres implica que los amantes se propongan, ante todo, ser fieles a si mismos, y esto, desde el nacimiento de la pasión, ya puede ser ambicioso, pues la presentación del amante suele ser su propia propaganda. El relacionamiento, aunque no quiera, comporta una ética de la distancia, es decir, una visión autentica del ritmo natural del amante. Toda gravitación no puede ser absoluta, como las fuerzas que gobiernan el universo. Para cada fuerza de atracción debe existir una política del escrúpulo, un reparo que nos desvíe del camino de la seguridad y el confort.

El ritmo natural de la vida es como el estilo natural de la escritura, se obtiene después de un riguroso ejercicio de limpieza y síntesis. Los hombres aprenden el rigor de las disciplinas estéticas para poder crear la dramatización, y lo que hacen es volver al drama irresoluto que viven los hombres que viven, el cual es tal vez, su propio drama. Sólo finge quien sabe.

El tiempo es el amante de los amantes, la caricia de la dicha en los días que serán los días; y con esto no estoy diciendo más que todo es movimiento; inútil es poseer lo que esta en movimiento, como inútil y bella es la tristeza de volver a la infancia perdida. La atención debe concentrarse en la perturbación de la voluntad, que es el punto exacto donde los amantes llegan al equilibrio del no querer nada, esta vacancia de la voluntad debe ser perturbada por otro deseo, por una reserva útil fruto de la riqueza interior. Ante la perturbación, el amante quiere volver a experimentar la energía, y opta por el estado de vacancia sin ausencia, sin dolor. Necesitamos, los amantes, percibir los signos de las primeras perturbaciones al ritmo natural de ser fiel a si mismo, esto me lleva a la aporía inicial: ¿existe en el amante la posibilidad de poder llegar a su ritmo natural? No veo la posibilidad de ni si quiera llegar a ciertos rasgos de autenticidad en estas enajenaciones de conglomerados. Se debe entender la cesación del deseo no como un abandono de la voluntad, sino como el final de una práctica de vida, un luto sin drama, pues la devoción ha cesado sin que el amante se haya ido.

Hay que sacar al fantasma de uno mismo siempre que se asoma, nuestra naturaleza dual define dos estados que los griegos conocían muy bien: dypsychia, estado de disociación en incongruencia, el alma dividida en dos, indecisión, hepsychia, estado integro y congruencia con uno mismo, carencia de responsabilidades. La dualidad intima es la razón de todo conflicto interior. Seamos un poco griegos con nuestro fantasma, él es lo que queda de todo lo que no podemos ser.
Sin embargo -siempre hay un sin embargo- “No cualquiera es capaz de enamorarse, ni de cualquiera se enamora el capaz” (Obras Completas IV, Ortega y Gasset p. 391).

V

Desmontar el afecto contrario al sentimiento

Para Breton, el amor, especialmente el intenso, y el mal denominado, “amor loco”, suele empañarse por circunstancias ajenas al mismo; esta falacia, tan real, es la que debe desmontarse por medio de la inteligencia. Los estados anímicos y mentales son transitorios, como todo estado, y propician estas verdaderas pesadillas amorosas; hay que desovillar, separar, desasociar estas apariciones emocionales. Sólo la confesión interior y objetiva trae la claridad que despierta las miradas. Para él, los amantes son víctimas de poderes oscuros que desaparecen a la luz de la inteligencia.

El amante, que por su naturaleza emocional, está mas propicio a la exacerbación afectiva, tanto en el deseo, como en la repulsión, debe desconfiar de cualquier impulso. Todo impulso propende al error. Toda exacerbación es falsa, y es sólo un reflejo involuntario a las pequeñas manifestaciones del sentido trágico, y mas trágico aún, de la vida moderna.

Por lo demás, acabando con esta emanación de ideas, cumplo con mi deber de enunciar algunas ideas para los seres libres de espíritu, y me declaro adepto de lo que Octavio Paz y Ortega y Gasset declaran como el sentimiento estético de la vida frente el sentido trágico de la vida: la “cultura del amor”. “Cojamos lo que podamos porque igual perderemos” Boris Yellnikoff. (Whatever it Works, Woody Allen).

RECUERDO DE UN FUTURO

La estela de tu pasado aparece
En el sueño consciente
e inacabado
Donde ya no eres ayer.

Aparece el cifrado
La infinitesimal signa de lo que viviste
(Y no viviste)
De no recordar tu futuro
Cuando ya no eres el mismo
Cuando tienes una segunda oportunidad.

Un vago y firme sentimiento
De que alguien sin ser otro
había estado.

Recuerdo un futuro cuando todo se repite.

SOMBRAS INTERIORES

Respiro del misterio de vivir,
Y me imagina el misterio del pensar,
Y me queda grande todo misterio.

La sed de sentir sintiendo más de lo que vivo.

Cae la altura del misterio,
Dibujando sombras,
Sobre el interior de mis verdades.

Todo es algo más, es diferente o no es nada.

Sombras interiores,
Como las mentiras de las ventanas cerradas,
Y las flores oscuras.

Como las venas abiertas de la poesía,
Y la sangre oscura de la libertad.

La oscuridad detrás de todo pensamiento,
La oscuridad de una luz que lo cubre todo.

Y en el medio día del alma,
La eterna sombra me abandona.

IDEAS ESTETICAS

HUMOR Y POESIA

Tanto el humor como la poesía, son el resultado de una selecta combinación de significancias figuradas por el clima de su época, por el peso espiritual de su historia, o por el color semántico de sus elementos. Ambas trascienden el lenguaje pero provocan efectos diferentes.
En el humor, el efecto es una fina distorsión de lo esencial hacia lo absurdo, se invierte el espíritu del asunto y surge la novedad ridícula. La yuxtaposición de sus elementos, tanto más inteligente ha sido la combinación, revela el destino torpe en el que todos los afanes humanos suelen caer. El humor no escatima ninguna disciplina y su éxito se garantiza en la más pura credibilidad del ridículo, tanto más fina minuciosa y absurda sea la distorsión, mejor el humorista.
En la poesía el efecto es el asombro de una hermosa verdad. La combinación espiritual de sus elementos engendra un significado superior invisible al rudimentario lenguaje que empleamos.

LA BELLEZA DEL PENSAR

 Quien no entiende, no puede entender, no hay nada que explicar. 

Alberto Caeiro

Como toda estética, se trata de desovillar desde un principio cada latido emocional. Es imprescindible que el pensamiento sea emocional, diseccionar minuciosamente cualquier absorción sentimental, para luego, elevar aquel nodo nervioso indivisible y poético, que a fuerza de inteligencia, se convierta en el placer de una verdad contraria y real.

Toda ansia creadora comporta una tristeza, una decepción y un embalse que el instinto sensible, debidamente formado, sospecha hacia una realidad estética. Tal vez el nervio artístico no lo adivine, pero siente a lo que quiere llegar, tal vez tenga la verdad dibujada en el alma, algo borrosa, pero el objeto ha de inmaterializarse a fuerza de inteligencia, que es el único ojo transformador de la realidad.

Textos de belleza intensa, que explorando nodos estéticos y espirituales, abren imaginarias puertas hacia insospechadas realidades. El espíritu de sus creadores recorrió la circunferencia de la especulación, regresaron de lo simple a lo simple (en un nivel superior) comportado la espiral que es el cauce de todo conocimiento. La estética del pensar está inmersa en la vida de sus líneas. La idea literaria, como artefacto propio y sagrado que el poeta utiliza,  llega a la exactitud en el concepto de un propósito humano y vencido, y está viva en sus textos.

Figuración, fabula, color, lirismo connota al alma. Transformación, técnica, intelecto, inteligencia, ironía y peso metafórico, es incumbencia del espíritu, es la inteligencia de la voluntad. La obra de arte es el artefacto escindido de sus dos estadios anteriores, es la universalización de las dos energías que lo copulan (alma y espíritu), esta existencia vedada e insospechada, es la materialización de una gran verdad, el efecto que este asombro debate al lector no es un cosquilleo en el alma, es el placer que alimenta directamente y por asombro al espíritu.

REQUIEM POR PESSOAS

Y en el filo del abismo de donde todo viene, el 30 de noviembre del 1935, a los 47 años, se oye un clamor interno:

No sé lo que traerá el mañana

El hombre que indagó al infinito en sueños se acerca a su principio. Todos acuden del mundo de los otros. Alvaro Campos, Alberto Caeiro (rubio y de ojos azules como los sentimientos que nunca tendrá), el inmortal Bernardo Soares (con el tedio de ser inmortal y no esperar nada) y el anónimo Barón de Teive. Cada dramática existencia celebra la resurrección del  nacimiento de su padre. En el nombre del más alto grado estético de existir, el del creador de vida, se congregaron sus hijos, las  sensibilidades de su abstracción dramática, que  inmortalizaron, por nacer muertos,  las ideas más bellas del mundo.

Los funerales del Santo Padre se entregaban a la inacción de la voluntad. Y a la santa liturgia del recibimiento en la luz de las tinieblas: el verdadero reconocimiento en muerte.

En su lecho de nacimiento comparecieron los dramas de una vida que siempre fue póstuma.  Y de un lúcido insomnio que es la vida, y de quién despierta, apenas para morir.

ENTRE ASCETISMO Y PLACER

En la libertad de la renuncia, si es que en algo se puede ser libre, el común del imaginario cae en una falacia hasta cierto punto verdadera. Hay valía en la renuncia del placer corpóreo para la disciplina del espíritu, pues la voluntad de la inteligencia aunada al espíritu de ansia, siempre ha de cuestionar cualquier necesidad social.

Pero no hay renuncia sin un comercio del placer, así, para la lujuria, implica su frugalidad, para el que todo parece tener, todo merece dejar, para el devoto de la estética vanguardista, la virtud de la modestia, para el análisis complejo, su disección filosófica. La educación espiritual ha de limitarse al fino trazo entre usufructo y la renuncia, pues sólo ahí el espíritu ha de ejercer la fuerza de su voluntad.

La naturaleza superior de las cosas ha dispuesto que el mayor placer haya de venir después del mayor poder.

Postular en la ociosidad del dogma, que una castración de la voluntad hacia todo objeto de placer disciplina al espíritu, no sólo es falaz, sino peligroso para el seguidor limitado, pues no solo atenta contra la pureza, sino que trastorna la educación espiritual. No sólo habría que concebir una renuncia a la medida de cada psicología del deseo, sino asimilar también, la incómoda verdad, de que no es posible renunciar a lo que no se desea.

La indiferencia filosófica es tal, que pensando que renunciar al placer evasivo de los otros, serán mas ellos mismos y menos su otredad a la que desdeñan autoerigiéndose por sobre sus defectos.

No conozco mayor renuncia que la abdicación a hacer el bien.

COMENSALES

Dos hombres sensibles y cultos disentían amistosamente. Debatían acerca de sus suertes y de la suerte de un país. Proponían que el entusiasmo y las diferencias sólo han obrado desgracias.

Un atento hombre gentil, tal vez entusiasta y ofuscado por el entendido,  se acerca y les inquiere una alternativa.  En la vida no somos más que comensales y jamás recetarios le responden. Recuerde también que es lunes, y que sólo los hombres libres frecuentan el bar un día como hoy. Sea usted un comensal libre, le finalizan.

El Vacío de la Humildad

Sostengo inciertamente que sobre nosotros, pesa un atavismo de amor propio injustificado. Parece que en el común de las consciencias no caben ciertos calificativos coloquiales; y sucede, creo, que en un grupo eventual y más o menos disímil, hay un código (implícito) que más o menos traduzco así: “Se puede calificar a cualquiera, juzgar a cualquiera (ausente) y justificar cualquier hecho con inimaginables razones, pero jamás, jamás, establecer métricas a la ilustración, cultura, intelección y preferencias. De hacerlo, cae un mal sabor, futuras  antipatías, y huellas de mala educación”.

Lo curioso es que estas mismas métricas impías son las primeras luces que resaltan cuando ellos o ellas íntimamente, convienen sus pareceres. Se acepta toda vulgaridad de juicio, siempre y cuando no sobrepase la intimidad o el nivel de ego que colocamos en nuestras preferencias. Las loas son bienvenidas. Puede uno ufanarse de su recetario de logros peregrinos, sus venturas y azares y, hasta cierto límite, gozar de una conveniente admiración, pero atravesado el límite, e iniciada la valorización argumental, peca de pedante. Sépase que este límite rara vez  es atravesado por intelectos mas o menos cultos, pero que de ser el caso, volvemos a las antipatías y al mal sabor que deja la métrica argumentada en primera persona.

No es el caso de sentarse a cenar con sus verdades, tampoco de subrayar lo vulgar, el caso es que tal vacio educativo ha sido colocado debajo de algunas infranqueables máximas en aras del respeto cultural y del entretenimiento. Vacio educativo que bosquejaría bien la humildad y la curiosidad de aventurarse a reelegir estéticas y reacomodarse culturalmente.

Siempre he de sugerir toda valorización estética libre y directa, y hasta revolucionaria, en una atmósfera de humildad ecuménica, humildad que se adquiere a partir de cierto pasado, y se opta como disciplina superior del alma, y que hábilmente desmitificaría las infranqueables tribunas del arte popular y la opinión ilustrada.