The Affair

por Luis Daniel

T2 ShowTime 2014

theaffair

¿Amar? ¿a la persona indicada? ¿y estar seguro? No es suficiente.

 Altos y bajos. Caminar sobre el agua. Somos más imperfectos de lo que parecemos. Sonreír con heridas. Somos felices por un momento y después nos vamos a casa. Algo así se me viene a la mente con The Affair.

Noah Solloway es el centro de estas historias, y es escritor, que es una forma de estar en el centro de otras historias también. La vicisitud de tener una vida y pensar en otra. Es un buen padre, algo impulsivo, pero siempre con la adherencia estética de la inoportuna búsqueda de algo más. Helen solo quiere un divorcio en paz y algo de independencia, y aparece en esa edad en la que nadie está contento con lo que se es, agreguémosle un poco de infidelidad. Allison está sola y esconde lo necesario para vivir, es de las que se enamoran de una representación, la vida real le tocara la puerta más tarde. Cole tiene una mirada distante, y es la distancia que tienes tomar cuando la vida te ha pateado desde tu historia de familiar. Aquí no hay víctimas ni victimarios porque las más pequeñas decisiones inoportunas no dejan ver, de forma alguna, la cartografía de lo que seremos. Somos más imperfectos de lo que parecemos. Creemos estar seguros de lo que queremos, pero en cada camino igual se vive, y entonces ya nada es suficiente, ya somos otros y nos equivocamos nuevamente. Pero respiramos aún. Y esto es bueno, porque siempre hay lugar para un comienzo. La literatura aparece en máximas instantáneas, pero también entre líneas, en la historia de esos años que nos llevan a lo que somos, y le dan sentido a todo. Pero hay que saber estar despiertos en esos años, mirarlos interiormente, que por lo demás suelen ser pocos en la vida. Somos el desenlace de unos pocos años de nuestra historia.

Lo que alimenta toda historia es el caos y las ganas de continuar. Hay puntos en los diálogos tan bien logrados que dejan en suspenso un equilibrio sutil, necesario y caótico listo para echar a perderlo todo o continuar construyéndose a sí mismo. Las desdichas son el resultado de cierta fascinación inconsciente por las malas decisiones. No es nada gratuito. Todos nosotros llegamos en la vida a tal punto en que podemos sacudirnos las culpas de todos, inclusive de la nuestra. Es la historia de Cole.

Ser un buen hombre o un gran hombre. Una infidelidad arruina un buen matrimonio pero se puede desdichar vidas enteras siendo fiel ¿Instinto de llegar a cotas de grandeza o matrimonios somníferos? Los escritores siempre pensamos en eso. No hay nada claro, lo que está afuera es siempre un poco más vívido. En estas historias una simple aventura trae más consecuencias que sus mundo interiores, como si allá afuera hubiera una danza de luces y sombras que tenemos que aprender a bailar, y en cada mirada, que siempre calla más de lo que dice, se armonizan las notas de lo que nos tocará bailar después. Las miradas, los silencios, las omisiones, las llamadas que no contestamos, ese trago de más, los recuerdos que vives después de 20 años, todo eso orquesta la danza de nuestras historias y alrededores. Es una danza que no se va a bailar sola. Bailar esta danza es caminar sobre el agua de otras historias, de los que fuimos y de los que seremos. El caos y el orden desde el cual salimos adelante.

Somos un poco la historia de otros, de los que dejamos atrás y de sus malas decisiones, y las que tomaremos cuando seamos una mala decisión de alguien mas. Pero siempre podemos sacrificar el ahora por un mejor después. Y lo sabemos, pero tenemos esa tendencia tan humana a tomar el camino más fácil, inclusive si lo fácil es no hacer nada.

Hay un efecto temporal bien logrado: termina en el comienzo de todo.