La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Mes: febrero, 2016

TEORÍA ESTÉTICA GENERAL DEL ARTE Y DEL AMOR

  

PROFESIÓN Y VOCACIÓN

  

GOBIERNO DEL AMOR

I

Como cualquiera de las pocas cosas que importan en la vida, el amor romántico, azar de la felicidad, ha de merecer una teoría de su cuidado; sin embargo, la naturaleza de los hechos comunes es tal, que poco se sabe de los asuntos de importancia, y poco se sabrá.

Desde la atención que va la pasión, y de ésta a la voluntad, los seres poco entienden lo que viven. Vivir y sentir no es entender. Ser feliz es ignorar, y el olvido una vigencia. En lo común, la inmediatez de lo sensible superpone, cuando no a oculta, a la razón. No me ocupa dirimir sobre las operaciones sentimentales, que es propósito del arte y la expresión artesanal, sino presentar algunos trazos de la inteligencia al cuidado del sentimiento romántico, tan susceptible y particular, frente a otros sentimientos, que erróneamente calificamos como amor. La palabra amor no es más que un comodín de muchos sentimientos de diferente naturaleza e intensidad.

La pasión es absoluta, une y entrega, la razón es relativa, asocia y pondera.

El ímpetu pasional se opone al proceso lógico, cuando no lo subordina; sin embargo, esta tendencia es sólo cultural, y por tanto ajena y débil para razonadores y seres de espíritu. El propósito de amar, si es que existe tal propósito, es establecer una precisa combinación de razón y pasión, un equilibrio sumamente inestable, y de ahí su cuidado, que entregue al espíritu, la dicha y el placer de brillar en la existencia y en el tiempo, y de establecer un ritmo natural en la orientación de las voluntades. Ambas, razón y pasión, se garantizan circularmente: el erotismo, o la poesía del acto amoroso, no es más que el delicioso fruto de una fértil imaginación; y la civilización, un breve ejemplo de complejos procesos donde los hombres de ciencia se apasionan por sus creencias.

Por ser complementarias y opuestas, mente y corazón se interiorizan en los amantes. La intensidad en la entrega y la sorpresa, leña de toda pasión, contrasta en el tiempo con la mesura y clarividencia, que ordena, lo que en desorden amamos. Como piedras preciosas que el artesano colecta y transforma en ornamento. La rutina es sólo la frontera que atenta a la incertidumbre, en un desplazamiento que va desde la magia a lo predecible, de la pasión a la razón. Fluctuaciones que una mente sensible debe encargarse de Misteriorizar.

Estipular las razones de amar es un error del bienestar. La inteligencia debe ocuparse de educar a la voluntad, y no de mapas o recetas.

Una equilibrada secuencia de eventos, donde la inteligencia de los amantes, entone, como parte de una disonancia y una armonía, su danza alrededor de su otro centro, en atracción y repulsión, como las fuerzas que mantienen al universo en movimiento; una comunión intima entre las medidas justas y la entrega, entre el cuidado y la usurpación, entre la fantasía y la sexualidad primate, entre la sorpresa y la seguridad, y entre todas las indefiniciones y sus opuestos que vivimos sin entender, en fin, un intento estético de volver, a través de la creatividad, a la emoción pura y dirigida.
No hay reglas por que no hay una teoría, como en todo lo humano, pero si pensamientos profundos y postulados estéticos. Macedonio Fernández sostenía que el placer insípido es el resultado de la satisfacción inmediata del deseo. Tal vez aquí el grial del amor romántico: su grandeza y su caída: la desazón de la satisfacción segura. La seguridad, tan ansiada al amar, conspira en su contra: es el objeto que al aparecer elimina el deseo que se le atribuye. El placer necesita de cierta angustia, y es proporcional a la misma. A la dicha se llega por el camino de la desdicha.

II

Busquemos la felicidad y no el bienestar.

La comodidad es un estado del alma externo, relacionado a la satisfacción humana de ciertas necesidades que la vida material demanda, y es lo que queda cuando se olvida que la sustancia de la vida sólo son ficciones: que un buen numero de recuerdos, tormentos, anhelos y proyectos nos levantan de la cama, y que frente a realidad ficticia, la única, el bienestar no puede intervenir. Huelga describir la calamidad de enfrentarse a la ficción de vivir por el lado del bienestar. Todo bienestar es hacia afuera, centrífugo. Sólo los conocedores de su propia ficción saben que la felicidad es interior, centrípeta, y que se llega por un estado de ensimismamiento que, por medio de la libertad intima, y los estados de excitación espiritual, se cultiva de un modo mas o menos ordenado.

No cometamos el error del conocimiento, y la aplicación de modelos a un teoría inexistente de la vida, saber es perder el encanto de la aparición, de la epifanía; el conocimiento debe perpetuarse en una reinvención de ciertos modos de pensar y de actuar, como el hecho de escoger un nuevo vino, y de mirar a tu mujer y decirle que la belleza no tiene que ver con el conocimiento. La ignorancia y la inteligencia son las mejores amigas del amor, síganlas a pesar de la vida material.

Existe en materia romántica un abuso del bienestar, y es lo mejor que pueden conseguir la mayoría de seres ajenos a si mismos.

III

La vida es un proceso involuntario lleno de decisiones.

La vida en general, por ser involuntaria, ofrece menos que escoger que cualquier otra cosa; azar que se esmera especialmente en materia romántica, y que, por ser inesperado, como la vida, y ajeno a la pulsión voluntaria, merece cierto rigor en el pensamiento, y cuidado en el ejercicio. Abandonarnos fall in love, es el buen camino que propone este genero literario, pero es insuficiente, si se conoce que el terreno afectivo, intenso e infinito, es limitado. Nada más desmotivador para la poesía que el conseguir lo que deseamos. Nada más estéril, que la pereza espiritual de la comodidad. Gastemos el tiempo, que por lo demás, de todas formas transcurre, en una adecuada política de mínimos y de riesgos que sólo lo impredecible otorga, y que sólo la literatura, como representación estética del pensamiento, puede crear, sobre las piedras preciosas de la pasión.

Por lo demás no hay camino, ni receta, ni certeza; y es así que es bello e inútil, como todo lo humano.

No tengo culpa
Vivo y siento
Y todo se lo lleva el tiempo
Respiro sentimientos
Pierdo el recuerdo
Soy el tiempo.

IV

Ritmo Natural

La metáfora visual de Barthes (Cómo vivir juntos, Roland Barthes p. 52) es perfecta: una madre y un niño camina en la acera, la madre tiene el poder y conserva el ritmo, el niño debe apresurar el paso, su andar es débil y acelerado, sometido a la dependencia maternal, mal vive su viaje.

Sintonizar dos fluentes de voluntades mas o menos libres implica que los amantes se propongan, ante todo, ser fieles a si mismos, y esto, desde el nacimiento de la pasión, ya puede ser ambicioso, pues la presentación del amante suele ser su propia propaganda. El relacionamiento, aunque no quiera, comporta una ética de la distancia, es decir, una visión autentica del ritmo natural del amante. Toda gravitación no puede ser absoluta, como las fuerzas que gobiernan el universo. Para cada fuerza de atracción debe existir una política del escrúpulo, un reparo que nos desvíe del camino de la seguridad y el confort.

El ritmo natural de la vida es como el estilo natural de la escritura, se obtiene después de un riguroso ejercicio de limpieza y síntesis. Los hombres aprenden el rigor de las disciplinas estéticas para poder crear la dramatización, y lo que hacen es volver al drama irresoluto que viven los hombres que viven, el cual es tal vez, su propio drama. Sólo finge quien sabe.

El tiempo es el amante de los amantes, la caricia de la dicha en los días que serán los días; y con esto no estoy diciendo más que todo es movimiento; inútil es poseer lo que esta en movimiento, como inútil y bella es la tristeza de volver a la infancia perdida. La atención debe concentrarse en la perturbación de la voluntad, que es el punto exacto donde los amantes llegan al equilibrio del no querer nada, esta vacancia de la voluntad debe ser perturbada por otro deseo, por una reserva útil fruto de la riqueza interior. Ante la perturbación, el amante quiere volver a experimentar la energía, y opta por el estado de vacancia sin ausencia, sin dolor. Necesitamos, los amantes, percibir los signos de las primeras perturbaciones al ritmo natural de ser fiel a si mismo, esto me lleva a la aporía inicial: ¿existe en el amante la posibilidad de poder llegar a su ritmo natural? No veo la posibilidad de ni si quiera llegar a ciertos rasgos de autenticidad en estas enajenaciones de conglomerados. Se debe entender la cesación del deseo no como un abandono de la voluntad, sino como el final de una práctica de vida, un luto sin drama, pues la devoción ha cesado sin que el amante se haya ido.

Hay que sacar al fantasma de uno mismo siempre que se asoma, nuestra naturaleza dual define dos estados que los griegos conocían muy bien: dypsychia, estado de disociación en incongruencia, el alma dividida en dos, indecisión, hepsychia, estado integro y congruencia con uno mismo, carencia de responsabilidades. La dualidad intima es la razón de todo conflicto interior. Seamos un poco griegos con nuestro fantasma, él es lo que queda de todo lo que no podemos ser.
Sin embargo -siempre hay un sin embargo- “No cualquiera es capaz de enamorarse, ni de cualquiera se enamora el capaz” (Obras Completas IV, Ortega y Gasset p. 391).

V

Desmontar el afecto contrario al sentimiento

Para Breton, el amor, especialmente el intenso, y el mal denominado, “amor loco”, suele empañarse por circunstancias ajenas al mismo; esta falacia, tan real, es la que debe desmontarse por medio de la inteligencia. Los estados anímicos y mentales son transitorios, como todo estado, y propician estas verdaderas pesadillas amorosas; hay que desovillar, separar, desasociar estas apariciones emocionales. Sólo la confesión interior y objetiva trae la claridad que despierta las miradas. Para él, los amantes son víctimas de poderes oscuros que desaparecen a la luz de la inteligencia.

El amante, que por su naturaleza emocional, está mas propicio a la exacerbación afectiva, tanto en el deseo, como en la repulsión, debe desconfiar de cualquier impulso. Todo impulso propende al error. Toda exacerbación es falsa, y es sólo un reflejo involuntario a las pequeñas manifestaciones del sentido trágico, y mas trágico aún, de la vida moderna.

Por lo demás, acabando con esta emanación de ideas, cumplo con mi deber de enunciar algunas ideas para los seres libres de espíritu, y me declaro adepto de lo que Octavio Paz y Ortega y Gasset declaran como el sentimiento estético de la vida frente el sentido trágico de la vida: la “cultura del amor”. “Cojamos lo que podamos porque igual perderemos” Boris Yellnikoff. (Whatever it Works, Woody Allen).