La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Mes: noviembre, 2014

LA SENSIBILIDAD DE LAS BESTIAS

Sin duda, torear es dominar al animal, pero es también, y a la vez, una danza ante la muerte, se entiende, ante la propia muerte.

La Caza y los Toros, José Ortega y Gasset

 

Entre la ignorancia y la estupidez, cuya delgada frontera es sólo la voluntad de ignorar, me quedo con la inocencia de la primera, la inocente convicción de que todo es complejo e intrincado, y que mi limitado conocimiento, me puede liberar de la perversión del obrar justamente.

Un hombre que se sabe ignorante es un hombre justo.

Dentro de la fauna de la estupidez relevante, la que prescribe e influye sobre los demás, la intención anti taurina ha llamado especialmente mi atención; y no por su causa, que es noble y desinteresada, no. Lo que ha llamado mi atención es la estrechez intelectual con la que defienden sus intenciones, y no digo el insulto y la animadversión que buena falta les hace para enfrentarse al argumento y a la razón. Lo que subrayo, no sin cierto desconcierto, es el convencimiento tajante, de que para debatir u opinar sobre una práctica, mixtura de teatro y realidad, de figuración y plasticidad, es absolutamente innecesario comprenderla.

La estupidez es precisamente eso, la creencia sentimental de que es moral y legitimo no comprender, ni tener el menor reparo en hacerlo, al momento de opinar. Por no decir el peligro de legislar a partir de convicciones personales.

Fiel al lenguaje, el hombre pensante, desde siempre, en lo policial militar, pasando por lo político, lo científico y lo artístico, se ha ocupado de comprender aquello que despierta las razones de su obrar. La amputación espiritual anti taurina es tal, que me sugiere, que cualquier operación mental se ve inhibida, y en adelante disminuida, cuando está sometida a un efectivo adoctrinamiento visual y emocional. Un sistema de propaganda medieval que arrastra las profundas frustraciones sentimentales de seres que no comprenden lo que ven, simplificaciones emotivas, afrentas sensibles y comparaciones pueriles, como toda panfletaria que acaudilla a los peatones del tiempo libre para sus más emotivas causas. Los aficionados taurinos saben muy bien esto, que es inútil argumentar frente a la propaganda, porque para discutir se necesitan al menos dos seres racionales. Cualquier discusión es inútil, no hay forma de razonar ante la sensibilidad de las bestias. No hay razón que pueda valer cuando está en juego la idea de un mundo mejor, de una civilización que no necesita comprenderse ni tolerarse.

LA PERPLEJIDAD DE LA INSIGNIFICANCIA

El que no cree ni ama; sólo sabe

FERNANDO PESSOA, El Primer Fausto

 

Puesto que la inteligencia ya ha sentido su limitación, ante la maravilla, la belleza, la sentimentalidad y el miedo a la memoria; ya ha supuesto su insignificancia.

¿De donde viene la voluntad de las emociones?

La inteligencia puede menos que las emociones, los sentimientos y el sufrimiento porque no es posible dejar de respirar.

¿Es la emoción, o su consecuencia, el sentimiento, o su afán ulterior, el sufrimiento, la lectura más humana de este tránsito carnal?

El ser humano es irracional porque ante cada razonamiento le precede una convicción, una creencia, un instinto.

La inteligencia, que en sus límites, se declara insignificante ante el abismo de la memoria, de las pesadillas oscuras, compone apenas, en un pequeño número de hombres, un equilibrio, para erigirse, no sin miedo y tragedia, ante la misteriosa belleza de ella. La fecunda noche de todos los poetas, que en su seno, incuba el sueño infiel de una memoria de hechos inexistentes, y nos consuela con su sonrisa, porque nos ama y porque todo es falso, real y maravilloso. Porque todo eso no existe, no significa nada y es bello.

¡Oh Mujer que nos consuelas porque todo es falso inútil bello e incomprensible!

VOCACION

Quiere a tu vida
Separa tu vocación
Desea lo bello
Ama lo perfecto
No desees el amor
No desees la gloria,
Más que el absoluto.

Educa el sentimiento
Separa tu amor por lo otro
Separa tus amores
No hay gloria en el arte
Hay gloria en lo humano.

La necesidad material
La necesidad espiritual
Paralelas.
La dignidad y
La perfección
La virtud de la moderación.

CAMPONES

El hombre rústico, desde que nace, conoce las energías que operan en la naturaleza. Su crianza le inculca movimientos exteriores que el hombre urbano desconoce. Puede sentir en su cuerpo el desmán de cualquier decepción. Sabe, sin saber, cómo su humanidad recibe los años y la dicha. Contempla, porque esa es su comunión con lo real, todo lo que la civilización adultera. Sabe del efecto espiritual que es sentirse pequeño ante la inmensidad.

Por la naturaleza de su crianza, y naturaleza es la palabra, el hombre del campo, sabe, sin saber, las fuerzas que conforman el mundo. El utiliza en su figuración lo elementos que le trascienden para explicarse a sí mismo. No cree en la tristeza de una tarde, ni en la furia de un vendaval porque no humaniza a la naturaleza; sabe, sin saber, que su humanidad ya es natural. Profesa, sin profesar, la religión del espíritu de las cosas, en donde todo supera su definición, como multiplicados por sí mismos. Su metafísica es la traducción asociativa de su intervención. Sabe, sin saber, que jamás comprenderá lo otro, que sólo podrá señalarlo.

CLAMOR DE UN HOMBRE ADULTERADO

 

No cierres las ventanas que me dejan contemplar lo que no veo. Las ventanas que me cerraron al nacer, me las dibujaron con el destello de una infame y dulce figuración perdida.

Nací, sin querer, y ahora veo sin saber, como la triste figuración de mi conocimiento de la vida es leña hedionda que mal arde en la realidad. Regreso, después de haber estado ya en este principio, a ver qué triste es la inmensidad que no logra sobrecoger al ser adulterado en que me he visto. Los otros, que ignoran todo por no haber nacido en el acierto de su pasado, son el paisaje en el que estampo la maravilla de un mundo solitario e insospechado.