La Reconstrucción Final del Mundo

Justo antes de morir, que es cuando se comprende todo, es cuando se regresa al principio.

Mes: agosto, 2013

ANGUSTIA

De esta angustia que es el tiempo vano en el que se exprime la existencia, con el espíritu a través del alma y  el alma a través del espíritu. El existir en otro peso existencial.

Se exprime, sin importar lo que se exprime.

Me invade el ansia de la videncia atemporal que obra sobre lo inanimado de la vida. Hay misterio en lo cotidiano, en ese papel olvidado que soporta el destino emocional de un hombre. En las llaves muertas de un hogar a donde no se vuelve más. En aquella foto que el tiempo la aleja.

La angustia de un transeúnte que algún día cruzará hacia el lado metafísico de la calle, más antes que después de su muerte.

Hay misterio en la hoja en blanco del poeta, en las infinitas hojas en blanco de los poetas muertos. Y en la idea estética de lo que no existió, no pudo existir, no pudo siquiera imaginarse existir.

¡Ah el arte! Que si fuese, habría sido.

Espero al destino o lo que fuere, con la inercia de las manos en los bolsillos de la desesperanza.

¡Ah el arte! Que compensa una ruptura que nunca existió con la naturaleza.
¡Ah el arte! La sempiterna naturaleza de lo otro.

¡Ah y aquel vendedor de zapatos!
Que rumia su existencia en la figuración de su vivir.

Me invoco en él.

Pero si fuera él, lo que nunca sucederá, no sería, él que siempre seré.
¿Para qué rebelarse de uno mismo?

¡Ah, ser aquel vendedor de zapatos!
Y no sería aquel desconocido que indaga sobre lo desconocido.
Dos desconocidos separados por una vaga intensidad de la consciencia.

Ya hay suficientes emociones vencidas en cada par de zapatos viejos, en el lado oscuro de la cama donde se abandonan los sueños.

REQUIEM POR PESSOAS

Y en el filo del abismo de donde todo viene, el 30 de noviembre del 1935, a los 47 años, se oye un clamor interno:

No sé lo que traerá el mañana

El hombre que indagó al infinito en sueños se acerca a su principio. Todos acuden del mundo de los otros. Alvaro Campos, Alberto Caeiro (rubio y de ojos azules como los sentimientos que nunca tendrá), el inmortal Bernardo Soares (con el tedio de ser inmortal y no esperar nada) y el anónimo Barón de Teive. Cada dramática existencia celebra la resurrección del  nacimiento de su padre. En el nombre del más alto grado estético de existir, el del creador de vida, se congregaron sus hijos, las  sensibilidades de su abstracción dramática, que  inmortalizaron, por nacer muertos,  las ideas más bellas del mundo.

Los funerales del Santo Padre se entregaban a la inacción de la voluntad. Y a la santa liturgia del recibimiento en la luz de las tinieblas: el verdadero reconocimiento en muerte.

En su lecho de nacimiento comparecieron los dramas de una vida que siempre fue póstuma.  Y de un lúcido insomnio que es la vida, y de quién despierta, apenas para morir.

MUJER

Sólo un hombre concibe a una mujer
Y así comienza un poema de mujer,
por un hombre.

Y es también que en cada perfección, veo rastros del mágico autor de mi observancia,
otro hombre.
Y es así que te indago, creación de un hombre con pudor.
Y que apunto, en tu vientre fecundo
El rostro soluble de un dios del deseo.
Que te hizo semejante a todas.

Y es que en mi perfección imperfecta te busco sólo en una.
Y te veo fecunda de mi espíritu.

¡Oh dios silencioso que labrabas en el hombre, todos los hombres, el deseo simiente de su piel!
Y de su finitud inrazonada.
¡Oh mujer de inocencia imposible, de belleza que gravita en tu corona, el gran peso de tu dicha!

PEQUEÑA CIRCULARIDAD DEL ESPIRITU HUMANO

Al maestro Caeiro, por su naturaleza.

¡Oh pequeño hombre que todo lo vez futuro!
Que te anticipas en tu indagación.
y vives siempre atrás,
y en guardia.
Que te defines en tu libido
, y siempre al por menor.
Qué siempre el mañana y la postrimería,
¿Acaso ignoras que sólo eres pasado?
 
¡Oh pequeño hombre! ¿Quién te entiende?
Que huyes del campo para amar a la naturaleza
Que abrazas el progreso para tu pobre jardín,
Que cierras la ventana y te inmortalizas en aquel cuadro,
Que duermes bajo un techo para imaginar estrellas.
 
¡Oh pequeño hombre! ¿Quién te entiende?
¿Ser esclavo para ansiar tu libertad?
¿Para fotografiarte libre?
 
He aquí la naturaleza de tu desafío,
De no desafiar tu naturaleza.
 
¿Quién te entiende?

 

COLOQUIO OBSCURO AL DESTINO DE UNA MUJER o ESTETICA DE LA FECUNDIDAD

 

-Pero, al final ¿Quién es usted? ¿Por qué va disfrazado así?

-Contestaré con una sola respuesta a sus dos preguntas: no voy disfrazado.

 

LA HORA DEL DIABLO, FERNANDO PESSOA

  

-Dime hija mía, me dicen que amas, ¿de quién te has enamorado? ¿Del hombre o del artista?

-Del artista, un artista siempre ilumina, en cierta forma. Pero no amaría al artista que no fuera hombre.

-Tampoco amarías al hombre que no fuera el artista. ¡Aquel corrupto y sensible que usurpó tu atención! Y dime, por el bien de todos ¿Por qué no sigues tu camino hacia ningún lugar?

-Tiendo a sentirme atraída hacia las criaturas elegantes, hacia cierta belleza elemental en el pensar, que aunque la estimo desahuciada, merece, si es que alguien puede merecer algo.

-Me sorprende tu inteligencia, que aunque eres femenina y bella, se supone que no deberías… ¡Mujer solitaria condenada al vacio de la angustia! Tienes eso que constituye el intento máximo de la evolución, la sed de vida más allá de la vida ¿Quieres asomarte por los intersticios de lo cotidiano para encontrar maravillas? Encontrarás sólo vacios y obscuridades, ¡Y esa es la vida! Eres hermosa y fecunda ante la perplejidad, las de tu estirpe siempre han quedado solas, han envejecido en la noche de la vida buscando sensibilidad y espíritu en los hombres. A estos hombres yo los inspiro, son queridas sensibilidades mías, no pueden vivir porque yo los vivo. Descree de ellos a menos que …

– Amo al hombre Padre.

-El hombre es estúpido y cree que el artista lo es todo, y he ahí su estupidez. Ignora a su antojo que su acción, y no su pensamiento lo hace, como si supiera que a diferencia del pensamiento, toda acción está condenada a su circunstancia, y al fracaso. Es bella la constitución del artista, su alma, esa piel del espíritu, y su espíritu, esa imaginaria razón de su dios. Te dejará porque su naturaleza es bastarda y tú eres hábitat.

-¿Qué he de hacer padre?

-El camino de tu fecundidad es la estética superior de los sentimientos, has de formar inteligencias y corazones para el oprobio de tu decadente sociedad, ustedes, y son muy pocas y estratégicas, están pariendo una inteligencia que se regenera ¡Oh mujer necesaria! Tu talento es la manifestación más sublime de la mayor inteligencia que he conocido, el intento supremo, yo mismo soy ajeno a este supremo misterio. Yo que desfiguro toda moral te exhorto: tu dicha es la perspicacia hacia la hermosura íntima de los hombres, y esta hermosura, como toda estética superior, es triste. Tu vientre ha de fecundar la simiente de lo superior.

-¿Es éste acaso el camino de la historia? Aparecían mis antepasados, en sueños vencidos, mujeres de mirada oculta y sensual, en cuyos impulsos obraba una trágica adherencia. Valles femeninos que alimentaban el principio espiritual varonil ¿Acaso mi destino es fecundar el progreso espiritual?

-Has acertado hija mía, esa excelsa verdad es el camino. En tu ventura gozarás de un sentimiento que ha estado reservado para muy pocos, la más elevada significancia de eso que allá abajo denotan con la palabra amor. Vivirás en instantes intensidad y  placer de años. Tendrás dicha y riqueza en tu espíritu, brillarás para el atento espíritu varonil. Desdeña siempre al que no quiera más gloria que el fracaso de su gloria, ama la sed de grandeza y la belleza del pensar.

-Es maravilloso padre.

-No lo es hija mía. Pero tu belleza, y déjame clamar que eres bella, es el aliciente del encanto oculto alrededor del cual giramos todos los espíritus de la criaturas vivientes. La luz de todas las criaturas obscuras. Toda esa eterna contradicción es espiral hija mía. Un discípulo mío llamado Voltaire declaró que el verdadero cauce espiritual es circular, pero es una eterna espiral el cauce de todo conocimiento. Y tú, que sacrificas belleza para engendrar vida mas allá de la vida,  sabrás que todo es para lo venidero, que tus hijos calibrarán la decadencia de tu pueblo, y serán el alimento espiritual para la humanidad que pueda valorarlo. Todo talento superior es para la posteridad, y tu hija mía, serás el seno que ha de cuidar a estas egregias criaturas.

-Amo el arte padre, qué es lo único incorrupto de todo lo que conozco.

-El arte es la copulación del alma y espíritu hija mía. El espíritu te fecundará como al Cristo, y lo protegerás de ese vicio humano de desdichar a sus genios.

-Me siento triste ¿Seré triste?

-No serás triste como los demás, de una tristeza vacía. Te consolará saber que no hay mucho amor a tu alrededor, sólo un culto al placer al que los seres se entregan y se engañan con esa palabra. El pobre ser amado, inocente por lo demás, será abandonado cuando deje de ser placentero para su amante. No se ama por lo que se es, sino por lo que se siente, ¡y esto hija mía, es lo incognoscible!  Ni siquiera acarician la intensidad del placer estético, aquel asombro de una terrible y hermosa verdad. Pocas consciencias han sentido el verdadero asombro y entrega al que cantan los poetas. Y tú lo vivirás, sentirás la pasión, el asombro, la entrega y el abandono antes de que se corrompa. Serás de una tristeza superior como es la naturaleza de la sabiduría, serás el vino y la piel de mi discípulo Khayyam.

– Siento que este sueño no lo he de tener nunca más Padre.

-Yo no soy tu padre hija mía, soy un ángel caído, antiguos griegos me llamaban Demónico. Yo no te volveré a hablar hija mía porque no necesito de ninguna devoción, yo tengo el latido de todos los poetas.

 

ESTETICA DEL AMOR

Nunca amamos a nadie, amamos solamente la idea que nos hacemos de alguien, nos amamos a nosotros mismos por medio del otro. En el amor sexual, o cualquier tipo de amor, buscamos el placer propio que nos da el estar con otro.

FERNANDO PESSOA

Imagino con inteligencia los tres niveles de ese hecho estético que constituye  la unión de dos seres humanos: sexo, amor e intelecto. Imagino también  en ese inflexivo ordenamiento de la vida, un reflejo de los tres planos que constituyen al ser: cuerpo, alma y espíritu.  Todo caos, cuando no sufrimiento, es la infructífera intención de esperarlo  todo de un mismo ser  y al mismo tiempo. Tal es la naturaleza de los relacionamientos, cuando no un reflejo de nuestra naturaleza, que aquel inquieto y agobiado espíritu, con suerte, se limitará a equilibrarse entre lo sexual y afectivo, sacrificando su espíritu intelectual, para una solitaria vida interior.

Para el ser culto y sensible la plenitud que trastoca  a la felicidad vive en el equilibrio racional de estos tres planos.

Dejando al plano sexual como un simple funcionamiento sensorial merecedor de otro tipo de análisis, el afectivo consiste en el común imaginario que toda la literatura se ha propuesto glorificar. El complejo fenómeno del apasionamiento se parece a la cristalización de un inculcado imaginario interior y de aquella memoria afectiva que es el alma. Ortega y Gasset postulaba que la pasión es un defecto del alma, por la cadena de sucesos infaustos que se auto flagela cuando no es correspondida.

El alma, al estar entre el cuerpo y espíritu, es femenina y platónica, es sensibilidad pura y pasiva, atormentada por el embrujo sensorial del cuerpo se fortalece o es débil, es intuición, emoción y subjetividad. El espíritu es varonil, masculino, actúa y es fuerza, mas conectado al intelecto y a las razones puras, es místico y  la relación más elevada con el todo, es la excelsis del ser que puede ser débil o indómito, es metafísico y aristotélico. 

El arte lo es todo, razón y emoción.

El amor intelectual como instancia superior del relacionamiento es el más alto y sublime sentimiento que se puede vivir, y no es de extrañar que sólo una élite espiritual llegue a vivir esta maravillosa manifestación humana. El amor por la virtud, por lo bello, lo místico, por la belleza en el razonamiento y la estética son las atribuciones de este varonil sentimiento que los griegos evocaron en  el amor al conocimiento. Cuando este sentimiento nace hacia un ser, se produce independientemente del sexo, una atemporalidad en la unión; uniones estas que se declaran libres y jamás circunstanciales. Este razonamiento parece coincidir con la idealización causante de lo afectivo, un amor idealizado no necesita una manifestación intelectual, no hay conversaciones, ni alegres controversias, se asemeja más a un estado de estupidez y de anodadamiento en que la contemplación y el silencio lo llenan todo.

La disfuncionalidad del común de las relaciones, puede ilustrarse como una búsqueda  en una pirámide imaginaria que comienza,  por la fijación física de cánones socio-culturales en la inmensa masa de posibles compañeros sexuales. Escoger o ser escogido, y subir al siguiente nivel es sólo inercia, aquí conspiran pareceres, intimidades, carencias  y contemplaciones.

Nace la pasión  y acaece el hecho estético.

En este estadio el alma es el centro de todo. El propósito de esta especulación es comparar este suceso a la estética que embalsa al artista, hecho que para él es sólo el comienzo, pues ante esta pulsión íntima y suprema el artista, si es verdadero, agotará el desarrollo de todo su talento y todos sus filtros intelectuales para elevarla  hacia una estética superior; para él, la sensibilidad obcecada no puede quedarse ahí,  es imperante que la realización se produzca a nivel intelectual, sea cual fuere la disciplina artística, el intelecto no descansará hasta producir ese milagro estético que eleva su propia condición. Cuando obra la estética superior, se reproduce un indefinido dialogo que eleva al alma que la contempla. Esta reproducción es el misterio indefinido de la creación estética.

En el amor, la realización afectiva ha de ser sólo el inicio de la plenitud espiritual.

Regresando a la pirámide, y después del ya reducido grupo de compañeros afectivos, está el sublime y más ínfimo aún grupo de compañeros intelectuales, a estos les está designado el amor más puro, gozarán del triunvirato sexual-afectivo-intelectual, pero además descansaran sus años en el amor libre, el amor inmaculado que no reconoce compromisos, posesiones ni intereses afectivos. Más allá del deseo afectivo, los amantes se realizaran en la creatividad  de sus intelectos, en la mutua admiración y en la evolución consciente y artística. Asimismo y sutilmente, desaparece el derecho toda exclusividad, ya que la elevación del hecho estético puede ajena a cualquier interés afectivo. Esta es la punta de la pirámide, y el paralogismo cultural que envuelve al amor romántico consiste en la infinitésima probabilidad de encontrar al bien amado apuntando desde una abundante masa sexual.

Además de tal sincera equivocación, lo infructuoso del hecho cultural, como casi todo en el amor, es el reducido campo de acción que la sociedad les atribuye a los amantes, la monogamia y la comprobación  no menos sabia de que la poesía siempre le ha cantado a los amantes y jamás  a los casados, conspira contra de la realización intelectual de aquellos. Pareciera que el embrujo y la tormenta claudican en la posesión dejando al los amantes inconclusos.

De cualquier forma, todo despropósito sentimental podrá llevarse en relativa paz en la medida de que el alma consiga razonar y cristalizar su estado.

El día que tú te cases he de ir a verte a la iglesia

para que en tu sacramento haya alguien que te quiera

Así Fernando Pessoa sentencia el desplacer de su autentico amor, sublimando a su alma en fina ironía circunstancial.

Lo que se le atribuye a la novedosa inteligencia emocional no es sino el espíritu que mediante el intelecto varonil obra  sobre el afecto femenil.

DEL NO PRINCIPIO (O INTENTO ETERNO)

La vida acecha en lo propicio
Perturba el equilibrio.

La vida,
pretérita a la condición
se impone a lo eterno,
lucha contra el tiempo
contra la muerte
una lucha perdida.

El tiempo,
Conspira con la muerte
acaricia la vida.

La muerte despidiéndose,
pretérita a la vida
Dueña de todo.

La muerte es el equilibrio,
y causa de lo que todo regresa.

IDEAS ESTETICAS

En el ejercicio de la ciencia poética, como en toda disciplina humana, existen observancias que connotan su intensidad. La videncia se inicia en el ojo musical cuya incumbencia es la prosodia y la metáfora. Hay  música y luz en lo ordinario. Exultación del alma en paisaje. Más allá de esta figuración, que no es más que el embrión del artefacto poético, hay un ojo transformador, él que comprende que no hay azar y que este es el supremo azar, él que eleva a la razón a latitudes imaginarias, el ojo intelectual que penetra al alma, la poesía pensada, la inteligencia de la emociones, el misterio de la contradicción que eleva la expresión por encima de sus términos. Hasta aquí el arte en generalidad pero no en virtud. Más allá, en la nada donde se oculta todo, está el magisterio del ojo creador, él que sopla una verdad suprema a la que solo se pueden llegarse por analogías, el ojo que ilumina y ciega y que sólo en instantes alcanza a su dios. La pleamar de la consciencia que ahoga al poeta. Esta lección universal, escindida ya del artefacto poético, me embarga en una soledad obscura cuando me despoja de todo lo humano.

¡Oh pasado doloroso que me sigues como sombras en mi oscuridad!

¡Oh infancia de mi alma en que mi única sombra caía sobre mi cuerpo!

¡Oh sombras y espejos que lo transfiguran todo!

SOBRE EL AMOR, ENTRE FALACIA Y REALIDAD

Para Silvia, La Cordobesa

Siguiendo a la equivocación de Stendhal, que sobre el amor argumentó una cristalización, argumento la posibilidad real –y falaz- de caer en esta maravillosa estrechez en un instante cualquiera.

Me dejo llevar por la falacia y reúno sin querer las piedras que cristalizarán la fenomenología de mi pasión: soledad, cierta decepción, entusiasmo de vida, y finas y minuciosas predilecciones que serán calibradas por lo sucedáneo de cualquier intercambio de pareceres. Una alegre empatización de las coincidencias fijará el cruce de las primeras miradas del alma. La inteligencia y sus pliegues sentimentales son el camino más intenso y corto. Embebido y estrecho, cristalizo a la mujer en proporción a mi insuficiencia. Este es el resultado falaz de una construcción psicológica que pretende ser luz, pero que no es más que color que sin ensombrecer, usurpa mi atención.

Me robaron y con mis propios argumentos.

Esta maravillosa proyección psicológica, que se asienta en la insuficiencia del instinto, y que en el caso de las mujeres, sobre un primitivo aculturamiento que lo inhibe, da nombre propio al pretérito ser ansiado. Pasamos del ser a un ser, -y de éste a todos los seres-  ponderando la vulgaridad de la poligamia masculina, porque lo falaz de la poligamia, es que ésta y la monogamia, son los efectos de distintas emanaciones sensuales del ser. En tanto que la poligamia se ejerce desde el instinto, hay una tendencia a la monogamia en la erotización, y una monogamia propiamente dicha en la espiritualidad.

He aquí el nudo que indesata la falacia y la realidad del fenómeno. De un lado está el fluente cristalino por el que nos dejamos llevar, y del otro lado los escollos, cuando no obtusos meandros que desafiaran todo comercio sentimental que empieza a exigir más y más de uno mismo.

¡Ah la vida útil del apasionamiento! Depender de los mismos elementos psíquicos que la parieron: asombro y entrega; ¿Y habráse visto acaso poeta que no le cante a los amantes? ¿Qué poeta le canta acaso a la adherencia, el respeto, la obligación?.

ENTRE ASCETISMO Y PLACER

En la libertad de la renuncia, si es que en algo se puede ser libre, el común del imaginario cae en una falacia hasta cierto punto verdadera. Hay valía en la renuncia del placer corpóreo para la disciplina del espíritu, pues la voluntad de la inteligencia aunada al espíritu de ansia, siempre ha de cuestionar cualquier necesidad social.

Pero no hay renuncia sin un comercio del placer, así, para la lujuria, implica su frugalidad, para el que todo parece tener, todo merece dejar, para el devoto de la estética vanguardista, la virtud de la modestia, para el análisis complejo, su disección filosófica. La educación espiritual ha de limitarse al fino trazo entre usufructo y la renuncia, pues sólo ahí el espíritu ha de ejercer la fuerza de su voluntad.

La naturaleza superior de las cosas ha dispuesto que el mayor placer haya de venir después del mayor poder.

Postular en la ociosidad del dogma, que una castración de la voluntad hacia todo objeto de placer disciplina al espíritu, no sólo es falaz, sino peligroso para el seguidor limitado, pues no solo atenta contra la pureza, sino que trastorna la educación espiritual. No sólo habría que concebir una renuncia a la medida de cada psicología del deseo, sino asimilar también, la incómoda verdad, de que no es posible renunciar a lo que no se desea.

La indiferencia filosófica es tal, que pensando que renunciar al placer evasivo de los otros, serán mas ellos mismos y menos su otredad a la que desdeñan autoerigiéndose por sobre sus defectos.

No conozco mayor renuncia que la abdicación a hacer el bien.