Mi pedal izquierdo


Una_crónica al lado del camino, por Luis Daniel
Otra vez el maldito ruido en el pedal izquierdo. Maldito porque empieza justo en las malditas subidas.
Pruebas varias posiciones, ni tan adentro que la punta del zapato toque el fondo de la puntera del pedal, ni para el lado izquierdo como torciendo un poco y sacando el talón, y también como viendo que es lo que provoca ese leve roce de cuero tan molesto. Pero tu atención no es buena, especialmente cuando la ruta debora tu psicología.
Y ese olor tan especial.
Ciertos espacios de la carretera se convertían en un cementerio silvestre. Y eso le hacía pensar en las fronteras de la civilización, y como esos espacios se convierten en una naturaleza muerta de monocultivos. Lo mismo que la vegetación que rodea una fábrica. “Que diferente era pedalear por la selva peruana” pensaba. “Que vida. Toda la vida cantaba a mi paso. Y aquí solo monocultivos de soja y alimento de ganado. Muerte y monotonía” pensaba lamentándose.
“La bicicleta es el vehículo ideal. Ideal y real. Símbolo de la independencia itinerante. No dependo mas que mis generosos carbohidratos.” Pensaba auto-afirmándose. Podía trasladarse libremente a cualquier hora y hacia donde quisiera. Pero el tiempo, el único sabio y cruel era el que decidía las coordenadas. Escogió la bicicleta quizás por una combinación de aventura, romanticismo, autoafirmación, anhelo de reconocimiento, y por supuesto, porque era ecológico. Pero no era el popular fanático verde, no creía mucho en la ecología de moda, la bicicleta es y ha sido el tranporte legítimo del hombre desde mucho antes que el hombre quiera re-conetarse con la naturaleza.
“¿Reconetarse ? ¿Cuando hemos estados conectados a la Naturaleza?”. Renegaba cuando algo le recordaba la ecología como marca registrada.
“Si la apreciamos precisamente porque venimos de la cuidad”. Concluía.
La bicicleta también era la verdadera relación hombre-distancia, y junto con ella venía una serie de obligaciones que se habían perdido, y que debían recueperarse a como de lugar.
“Estamos pariendo a una generación cosificada. El arte moderno. Si. Cada vez mas superficial. Las grandes ciudades están cosificando al alma humana. Almas des-habitadas. Nos estamos domesticando, volviéndonos cachorros de alfombra.” Seguía pedaleando.
Pues ahora estas en líos, estas en cosa de hombres, el cansancio general te agobia. El viento en contra esta frenando tus cansadas ganas de avanzar.
“Esto es peor que las subidas, por lo menos las subidas acaban”-renegaba mentalmente.
“Otra vez el maldito pedal izquierdo, puta madre , me pica todo el torso, calor de mierda; Viento de mierda, te apareces como blindaje de mis sueños. Mierda”. Vocifera agitadamente y acentuando la r porque para eso es la palabra mierda.
“Así no se puede. Dormiré”. Se echó en la banca de la primera parada que encontró. Ahora su pesadilla se convertía en un breve y dulce sueño, pues el viento era ahora suave brisa que acariciaba su improvisado lecho. Un trozo de magia para el día.
“Ese viento que me frenaba ahora me acaricia lado del camino”.